Durante décadas, la imagen de las vacas como animales poco inteligentes ha formado parte del imaginario popular. En 1982, esa idea quedó inmortalizada en una viñeta de The Far Side, en la que una vaca aparece rodeada de supuestas “herramientas” tan absurdas como inútiles. Más de cuarenta años después, una vaca real llamada Veronika obliga a replantear ese supuesto. Un estudio publicado en la revista Current Biology describe por primera vez un caso documentado de uso de herramientas en ganado bovino y sostiene que las capacidades cognitivas de estos animales han sido subestimadas.
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El trabajo presenta a Veronika, una vaca de raza Pardo Suizo que no fue criada para carne ni leche, sino mantenida como animal de compañía en Austria. Según los investigadores, su comportamiento cumple con la definición científica de uso de herramientas y va más allá, al tratarse de un uso flexible y con múltiples propósitos.
“Los hallazgos ponen de relieve cómo las suposiciones sobre la inteligencia del ganado pueden reflejar vacíos de observación más que límites cognitivos reales”, afirma Alice Auersperg, bióloga cognitiva de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena y coautora del estudio.
De una observación casual a la investigación científica
Veronika vive desde hace años con Witgar Wiegele, un agricultor orgánico y panadero que la considera parte de su familia. Fue él quien, hace más de una década, notó un comportamiento inusual: la vaca tomaba palos con la boca y los usaba para rascarse. Lo que comenzó como una observación cotidiana llamó la atención científica cuando el comportamiento fue grabado en video y compartido con Auersperg.
Veronika rascándose mientras tiene dos palos en la boca. Foto:Antonio J. Osuna Mascaró
“Cuando vi las imágenes, quedó claro de inmediato que no era algo accidental”, recuerda la investigadora. “Era un ejemplo significativo de uso de herramientas en una especie que rara vez se considera desde una perspectiva cognitiva”.
Auersperg y su colega Antonio Osuna-Mascaró viajaron para conocer a Veronika y diseñar pruebas sistemáticas. En una serie de ensayos controlados, colocaron en el suelo un cepillo de terraza con orientaciones aleatorias y registraron qué extremo elegía la vaca y qué parte de su cuerpo intentaba rascar.
Los resultados mostraron que las elecciones de Veronika eran consistentes y funcionales. No se trataba de movimientos al azar, sino de decisiones ajustadas al objetivo que buscaba.
Uso flexible y con múltiples propósitos
“Demostramos que una vaca puede participar en un uso de herramientas genuinamente flexible”, explica Osuna-Mascaró. “Veronika no solo usa un objeto para rascarse: utiliza distintas partes de la misma herramienta para distintos fines y aplica técnicas diferentes según la función y la región del cuerpo”.
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El estudio detalla que la vaca prefiere el extremo con cerdas del cepillo para rascar zonas amplias y firmes, como el lomo. En cambio, cuando apunta a regiones más sensibles de la parte baja del cuerpo, opta por el extremo liso del palo. También ajusta la forma de manipular la herramienta: los movimientos para el lomo son amplios y enérgicos, mientras que para las zonas sensibles son lentos, cuidadosos y altamente controlados.
Veronika apuntando hacia atrás mientras descansa. Foto:Antonio J. Osuna Mascaró
Los investigadores subrayan que el uso de herramientas implica manipular un objeto externo para alcanzar un objetivo mediante medios mecánicos. En este caso, el comportamiento de Veronika no solo cumple esa definición, sino que constituye un ejemplo de uso multipropósito, algo extremadamente raro fuera de los humanos y documentado de forma convincente, hasta ahora, solo en chimpancés.
“Como usa la herramienta sobre su propio cuerpo, se trata de una forma egocéntrica de uso de herramientas, generalmente considerada menos compleja”, señala Osuna-Mascaró. “Aun así, enfrenta claras limitaciones físicas, porque debe manipular los objetos con la boca. Lo llamativo es cómo compensa esas limitaciones, anticipando el resultado de sus acciones y ajustando el agarre y los movimientos”.
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El estudio concluye que se trata del primer caso documentado de uso de herramientas en ganado bovino y del primer ejemplo de uso flexible y multipropósito en esta especie. Los autores también sugieren que las condiciones de vida de Veronika —su larga longevidad, el contacto diario con humanos y un entorno físico rico— pudieron favorecer la exploración y la innovación.
“[Veronika] no fabricó herramientas como la vaca de la caricatura de Gary Larson, pero sí seleccionó, ajustó y utilizó una con notable destreza y flexibilidad”, escriben los investigadores. “Tal vez lo verdaderamente absurdo no sea imaginar una vaca que use herramientas, sino asumir que algo así nunca podría existir”.
REDACCIÓN CIENCIA

















