Masticar chicle puede aumentar la atención y reducir el estrés, un efecto modesto, pero constante que la ciencia ha observado durante años y que hoy vuelve a cobrar protagonismo. Aunque durante mucho tiempo se lo asoció solo con el aliento fresco, el chicle está siendo redescubierto como un pequeño aliado de la mente, justo cuando sus ventas atraviesan uno de sus peores momentos.
La idea no es nueva. A principios del siglo XX, William Wrigley Jr., creador de imperios como Juicy Fruit y Spearmint, ya defendía que el chicle tenía un efecto calmante. En plena Gran Depresión, mientras decenas de miles de empresas quebraban, su negocio seguía creciendo. “Supongo que la gente mastica más fuerte cuando está triste”, decía. En 1918, un anuncio de Wrigley prometía que el chicle “calma los nervios”, un mensaje más intuitivo que científico, pero sorprendentemente persistente.
chicle Foto:iStock
Hoy, esa estrategia de marketing regresa. En los últimos cinco años, el consumo de chicle ha caído con fuerza: durante la pandemia, las ventas en Estados Unidos se redujeron casi un tercio y algunas marcas clásicas, como Fruit Stripe, desaparecieron. Para frenar el declive, las empresas han dejado de vender el chicle como un producto para la boca y han empezado a presentarlo como un bálsamo mental. Los anuncios actuales invitan a “masticar” los problemas o prometen silenciar pensamientos intrusivos.
Detrás de estas afirmaciones hay investigaciones que, aunque no concluyentes en todos los aspectos, sí apuntan a efectos reales. Desde 2006, la Compañía Wrigley impulsó estudios a través del Instituto de Ciencias Wrigley, financiando investigaciones independientes publicadas en revistas científicas. Andrew Smith, psicólogo de la Universidad de Cardiff, estudió el chicle durante unos 15 años. Sus resultados, como los de otros investigadores, fueron mixtos.
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Los estudios no encontraron mejoras significativas en la memoria: quienes masticaban chicle no recordaban mejor listas de palabras ni historias. Sin embargo, sí mostraron un aumento constante de alrededor del 10% en el estado de alerta y la atención sostenida. Según Smith, masticar chicle puede ayudar a mantenerse despierto y concentrado durante tareas largas y aburridas.
Crystal Haskell-Ramsay, profesora de psicología biológica en la Universidad de Northumbria, coincide en que el chicle puede favorecer la concentración, aunque matiza que el efecto depende del punto de partida: si una persona ya está muy alerta, el beneficio puede ser mínimo.
La reducción del estrés es otro de los efectos más consistentes. En experimentos de laboratorio, personas que debían hacer presentaciones públicas o resolver exámenes de matemáticas mostraron menores niveles de estrés cuando masticaban chicle. En encuestas laborales, quienes lo masticaban reportaban menos estrés, y en 2022 se observó que mujeres que masticaron chicle antes de una cirugía electiva experimentaron menos ansiedad.
El chicle es un dulce no digerible hecho de elementos sintéticos. Foto:iStock
Aun así, el chicle no es una solución universal. No redujo la ansiedad en personas a punto de entrar a una cesárea ni ayudó a mantener la calma en participantes enfrentados a un crucigrama sin solución. En conjunto, como resume Smith, la goma de mascar parece ofrecer un leve aumento de alerta como efecto secundario a corto plazo.
El misterio persiste: el chicle no tiene valor nutricional y muchos siguen masticándolo incluso cuando el sabor desaparece. Más allá del gusto, parece haber algo en el simple movimiento de la mandíbula que resulta atractivo, una forma sencilla y accesible de influir, aunque sea un poco, en cómo nos sentimos.
Redacción Salud
















