La cantidad y fuerza del semen expulsado durante el orgasmo puede variar mucho entre hombres y a lo largo de la vida. Un análisis de Good Health by Hims explica cuándo esta “eyaculación débil” es un fenómeno normal y en qué casos puede ser señal de otros problemas de salud.
En primer lugar, los especialistas recuerdan que la eyaculación débil no es un diagnóstico médico en sí mismo, sino una percepción subjetiva: algunos hombres sienten que expulsan menos semen o con menos fuerza que antes, aunque sigan dentro de los rangos considerados normales. De hecho, el volumen de semen puede cambiar de un día a otro y suele disminuir de forma gradual a partir de los 30 años.
Entre los síntomas que suelen describirse están una menor cantidad de semen, una expulsión con menos presión (en chorros más cortos o en goteo) y, en ocasiones, más dificultad para llegar al orgasmo. Estos cambios pueden presentarse solos o acompañados de otros trastornos, como orgasmos menos placenteros o anorgasmia, es decir, imposibilidad de alcanzar el clímax.
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Incluso se han descrito casos de anorgasmia tras infecciones recientes por COVID-19. Foto:Istock
La edad es uno de los factores más claros. Las investigaciones señalan que los hombres producen su mayor volumen de semen en la treintena, y que a partir de ahí la producción empieza a reducirse de manera natural. Esa caída paulatina puede traducirse en menor cantidad y en una sensación de eyaculación menos potente, sin que necesariamente exista una enfermedad detrás.
Sin embargo, los hábitos diarios y el estado general de salud también influyen. El tabaquismo, por ejemplo, se ha relacionado con un menor volumen de semen, mientras que el sueño insuficiente, el estrés crónico, una dieta poco equilibrada o el consumo excesivo de alcohol pueden deteriorar el funcionamiento sexual en conjunto. Incluso se han descrito casos de anorgasmia tras infecciones recientes por COVID-19, lo que muestra la sensibilidad del sistema sexual a la salud global.
Puede asociarse incluso la aparición de trastornos como la eyaculación retrógrada. Foto:Istock
Determinadas enfermedades de la próstata y cirugías en la región pélvica representan otra causa posible. Intervenciones dirigidas a tratar la hiperplasia benigna de próstata o problemas vesicales pueden alterar los nervios y músculos implicados en la expulsión del semen, dificultando una eyaculación normal. En algunos hombres, el resultado es una eyaculación muy débil o incluso la aparición de trastornos como la eyaculación retrógrada.
La eyaculación retrógrada se produce cuando el semen, en vez de salir por la uretra, se dirige hacia la vejiga. Este fenómeno puede estar vinculado a cirugías previas, diabetes o efectos secundarios de ciertos medicamentos para la próstata, la hipertensión o algunos trastornos mentales. En estos casos, el problema suele ser principalmente físico y requiere valoración médica específica para identificar la causa y definir el abordaje.
Se considera que un hombre expulsa normalmente entre 1,25 y 5 mililitros de semen. Foto:Istock
Los factores psicológicos también desempeñan un papel importante. Según el texto, muchas disfunciones sexuales tienen un componente emocional: la ansiedad de desempeño, la depresión, la falta de confianza o una baja atracción hacia la pareja pueden interferir con la excitación y el orgasmo. Esto no solo puede hacer más difícil eyacular, sino que puede hacer que el clímax se perciba como menos intenso, alimentando el círculo de preocupación y malestar.
Cuando la percepción de eyaculación débil se combina con un descenso objetivo del volumen de semen, los expertos hablan de “reducción percibida del volumen eyaculado” (PEVR). Se considera que un hombre expulsa normalmente entre 1,25 y 5 mililitros de semen por eyaculación; por debajo de 2 ml de forma constante se habla de hipospermia. Si alguien nota cambios bruscos y persistentes en estas cifras, se recomienda consultar con un urólogo para descartar problemas testiculares, efectos de medicamentos, diabetes u otras patologías.
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A menudo, se trata de una variación normal ligada a la edad o al estilo de vida. Foto:Istock
En cuanto a las opciones de tratamiento, muchas veces basta con modificaciones del estilo de vida: hacer ejercicio regular, dormir lo suficiente, cuidar la alimentación y dejar de fumar puede mejorar tanto la función sexual como la salud general.
En otros casos se proponen ejercicios de fortalecimiento del suelo pélvico, terapias psicológicas como la cognitivo-conductual y, cuando procede, ajustes de medicación o el uso de fármacos para tratar disfunciones asociadas, siempre bajo supervisión profesional.
Por último, los especialistas insisten en que, aunque hablar de eyaculación débil pueda resultar incómodo, es clave compartir la preocupación con un profesional de salud. A menudo, se trata de una variación normal ligada a la edad o al estilo de vida; pero en otros casos puede ser la pista de que existe otra condición médica que conviene diagnosticar y tratar a tiempo con su especialista de confianza. Este tipo de consulta permite aclarar dudas, reducir la ansiedad y, cuando es necesario, acceder a tratamientos que mejoren la vida sexual y el bienestar general.
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Jaider Felipe Vargas Morales
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL
















