Las migrañas afectan a millones de personas en todo el mundo y se mantienen como una de las causas más frecuentes de discapacidad.
Aunque el abordaje farmacológico sigue siendo central, la evidencia científica ha reforzado el papel del ejercicio físico como una herramienta complementaria para reducir la frecuencia e intensidad de los episodios.
De acuerdo con Miriam Garrigós, profesora de Anatomía e investigadora del Departamento de Ciencias Biomédicas de la Universidad CEU Cardenal Herrera, actividades aeróbicas como correr, nadar o montar en bicicleta se han asociado desde hace años con mejoras en pacientes con migraña.
Una revisión científica publicada en 2019 en The Journal of Headache and Pain respalda esta afirmación y sugiere que se evidencian efectos comparables a los de algunos tratamientos farmacológicos preventivos de uso común.
¿Por qué el ejercicio ayuda a aliviar la migraña?
Los beneficios del ejercicio no responden a un solo mecanismo. La evidencia apunta a una combinación de factores: mejora del sistema cardiovascular, regulación de los procesos inflamatorios, liberación de endorfinas —neurotransmisores asociados a la disminución del dolor y al bienestar— y reducción del estrés.
En las mujeres, los cambios hormonales también pueden incidir. Foto:iStock
Además, la actividad física contribuye a mejorar el sueño y el estado de ánimo, dos variables estrechamente relacionadas con la aparición y la intensidad de las crisis migrañosas.
Esto resulta especialmente relevante, ya que muchas personas con migraña también conviven con ansiedad, depresión y fatiga.
El entrenamiento de fuerza, una línea prometedora
Aunque ha sido menos investigado que el ejercicio aeróbico, el entrenamiento de fuerza comienza a mostrar resultados incluso más prometedores en algunos estudios recientes.
Actividades como levantar pesas o realizar ejercicios de resistencia se han vinculado con una reducción de la carga global de la migraña y con una mejora en el desempeño de las tareas de la vida diaria.
Estos ejercicios deben estar supervisados por un profesional. Foto:iStock
Este tipo de entrenamiento podría actuar sobre factores musculares que influyen en el dolor de cabeza, como la tensión en la zona cervical, la debilidad postural o los desequilibrios musculares que favorecen la aparición de crisis, aspectos que suelen pasar desapercibidos en el tratamiento convencional.
Accesibilidad y adaptación a cada paciente
Uno de los puntos más destacados, según ‘The Conversation’, es que el ejercicio puede adaptarse a distintos niveles de condición física.
Caminar a buen ritmo, nadar o realizar rutinas suaves de fuerza pueden ofrecer beneficios similares a entrenamientos más intensos si se practican con regularidad.
No obstante, los especialistas advierten que iniciar de forma brusca o con ejercicios muy exigentes puede empeorar los síntomas en algunas personas, especialmente si entrenan en momentos de estrés elevado o fatiga extrema.
MARIANA SIERRA ESCOBAR
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL
EL TIEMPO
*Contenido escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgado a medios de comunicación. Contó con revisión y edición de la periodista.

















