Durante años, Paris Hilton fue presentada como el símbolo superficial de su tiempo: la heredera, la it girl, el rostro omnipresente del amarillismo y las revistas del corazón de los 2000. Pero mucho antes de que existiera el lenguaje con el que hoy entendemos la fama –mucho antes de que habláramos de influencers, creadores de contenido o personal branding–, Paris Hilton ya estaba construyendo un modelo que el mundo tardaría años en nombrar.
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Mientras la cultura popular se entretenía caricaturizándola y los medios se dedicaban a destruirla, ella entendía algo esencial: que la visibilidad era poder, que la identidad podía convertirse en narrativa y que una imagen, bien manejada, podía transformarse en una plataforma global.
En una época sin redes sociales, sin métricas y sin manuales, Hilton fue pionera de una economía creativa que hoy mueve miles de millones y sostiene las carreras de muchas personas en todo el mundo.
Adelantarse a su tiempo tuvo un costo. Para los 2000, la industria del entretenimiento convirtió la exposición y la crueldad hacia mujeres jóvenes en espectáculo. La humillación pública era normalizada, celebrada y, por supuesto, monetizada. Y Paris Hilton fue una de sus figuras más visibles, pero también una de las más incomprendidas. Su historia fue contada por otros, distorsionada, reducida, simplificada hasta borrar a la persona detrás del personaje.
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Con el documental Infinite Icon, Hilton da un paso más en un proceso consciente de recuperar su voz. Ella misma lo define como la tercera parte de una trilogía personal que comenzó con el documental This Is Paris (2020) y continuó con sus memorias publicadas en 2023. Este nuevo proyecto audiovisual no busca limpiar una imagen ni reescribir el pasado: busca algo un poco más complejo y quizás más honesto. Mirar de frente, comprender y apropiarse de una historia que por demasiado tiempo no le perteneció públicamente.
“Abusaron de mí, me estrangularon, me golpearon y me agarraron agresivamente”, dijo en sus memorias Foto:You Tube Originals
Infinite Icon no es solo un ejercicio de memoria; es una declaración de legado. La de una mujer que entiende hoy, con claridad y sin necesidad de pedir permiso, el lugar que ocupa en la cultura pop, el impacto de sus decisiones y el peso de haber sido pionera en un terreno que entonces no tenía nombre.
Desde la vulnerabilidad, pero también desde la autoridad que da la experiencia, Hilton se muestra como una figura que ya no necesita demostrar nada, sino simplemente contar su historia en sus propios términos. En esta conversación, la empresaria habla del dolor, del cambio –aún incompleto– en la forma en que la sociedad mira y trata a las mujeres, del valor de la autenticidad en una era saturada de exposición y de la lección más profunda que le dejó su vida: la vergüenza nunca pertenece a quien sobrevive, sino a quien hiere.
La vergüenza nunca pertenece a quien sobrevive, sino a quien hiere
Paris HiltonEmpresaria y socialité.
El documental abre la puerta a una versión mucho más vulnerable y honesta de usted. ¿Cuál fue el punto de quiebre que le hizo decidir que quería recuperar su narrativa?
Todo empezó realmente con mi primer documental, This Is Paris, que lancé hace cinco años, y luego con mis memorias. Siento que esto es una trilogía, y que esta película es la tercera parte. Durante mucho tiempo, mi vida fue contada por otros, y no tenían idea de cuál era la historia real. Con Infinite Icon pude mirar hacia atrás, reflexionar sobre todo lo que pasó y todo lo que crecí… También aprendí muchísimo sobre mí misma. Hoy siento que estoy lista para contar mi historia. Estoy muy orgullosa de la mujer que soy y de todo lo que atravesé y soporté. Por eso me emociona tanto mostrarlo a través de esta película.
Hilton posa junto al director del documental, Bruce Robertson. Foto:Nino Muñoz
¿Cuál diría usted que fue el aspecto más desafiante de crear este documental?
Siempre es difícil revivir partes dolorosas del pasado, recordar cosas que otras personas hicieron para lastimarte y tener que hablar de eso. Pero también es muy importante hacerlo y compartirlo. Desde que salieron mi documental y mi libro, miles de personas –sobrevivientes, mujeres, personas que pasaron por experiencias similares– se acercaron a mí. Escuchar cuánto les ayudó mi testimonio es profundamente sanador. Poder usar mi voz para que otros se sientan vistos y para ayudar a sanar es algo extremadamente empoderador.
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Desde su perspectiva, ¿es más fácil o más difícil ser mujer hoy?
Definitivamente es más fácil. En los 2000, los medios fueron extremadamente crueles conmigo y con muchas otras mujeres jóvenes. Era muy duro vivir bajo un juicio constante, ser malinterpretada, ver cómo inventaban mentiras sobre mí. Muchas de las cosas que pasaron en esa época hoy no serían aceptadas. En ese entonces parecía que abusar verbalmente de las mujeres jóvenes era casi una forma de entretenimiento. Fue muy difícil atravesar eso. Aunque ha habido cambios, aún queda trabajo por hacer. Su influencia marcó a toda una generación en la forma de entender la celebridad y la marca personal.
Mirando hacia atrás, ¿qué cree que la gente no entendió de usted al comienzo?
Creo que fui una adelantada a mi tiempo. Hice cosas antes que otros, tomé riesgos, seguí mi intuición. En ese momento ni siquiera existía la palabra influencer. No había un término para eso. Entonces decían: “Es famosa por ser famosa”. No entendían lo que estaba pasando. Hoy vemos que esto se convirtió en una industria de miles de millones de dólares, con más de 60 millones de personas en el mundo que se consideran creadores de contenido o influenciadores. Me enorgullece haber ayudado a abrir ese camino, a crear un carril que hoy permite que muchas personas sigan sus sueños, construyan sus propias marcas y se representen a sí mismas.
Paris Hilton Foto:Daniela Cóndor / EFE
Usted fue una de las primeras en abrazar lo que hoy llamamos la economía de creadores. ¿Cuál creé que es la próxima frontera de la cultura digital y cómo le gustaría influir en ella?
Hoy hay infinitas posibilidades con la tecnología y me entusiasma mucho poder llevar eso al siguiente nivel. Pero actualmente lo más importante para los influenciadores es usar sus plataformas para hacer del mundo un lugar mejor. Hay muchas cosas oscuras pasando, y necesitamos más personas que difundan amor, luz y energía positiva. Ojalá pueda influir a otros creadores para que hagan eso. Al final, quienes perduran son las personas auténticas, vulnerables, amables, bellas por dentro. Eso es lo que realmente importa.
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¿Cuál es la lección más poderosa que le ha dejado su vida?
Con el documental quiero transmitir el mensaje de que no deberíamos cargar con vergüenza por algo que alguien más nos hizo. La vergüenza le pertenece a quien lastima. Espero que contando mi historia, otras personas se sientan seguras de contar la suya. El mundo sería un lugar mejor si más personas se animaran a hacerlo y si quienes dañan a otros fueran realmente responsabilizados.
Cuando escuché The Life of a Showgirl, de Taylor Swift, pensé inmediatamente en Britney Spears y en usted. ¿Sintió algo parecido cuando la escuchó?
Sí. Con Britney podemos identificarnos mucho porque la forma en que nos trataron en los 2000 fue cruel e injusta, pero también nos hizo muy fuertes.
La cantante renunció a sus presentaciones en vivo hasta que se suspenda el control de su padre. Foto:AFP
Mirando hacia atrás, ¿hay algo que haría de una forma diferente?
Creo que me habría dicho que no dejara entrar esa energía. Al fin y al cabo, no significa nada. Son personas que no te conocen y que solo intentan destruirte. Me habría dicho que no las escuchara, que no dejara que me rompieran el corazón como lo hicieron. Pero hoy puedo ver que todo eso me hizo fuerte. Pasé por el infierno y volví, y sé que puedo superar cualquier cosa.
Úrsula Levy
Para EL TIEMPO
X: @Uschilevy
















