Durante décadas, la imagen de los canguros gigantes del pasado estuvo marcada por una suposición aparentemente lógica: animales que superaban los 200 kilos difícilmente podían desplazarse saltando. Sin embargo, un nuevo estudio basado en fósiles y comparaciones anatómicas con especies actuales sugiere que esos gigantes prehistóricos no solo pudieron saltar, sino que estaban especialmente adaptados para hacerlo, aunque de una manera distinta a la de los canguros modernos.
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Hoy, el canguro rojo es el mayor animal saltador del planeta, con un peso cercano a los 90 kilos. Pero durante la Edad de Hielo, Australia albergó especies que duplicaban e incluso triplicaban ese tamaño, alcanzando hasta los 250 kilos. Durante años, los investigadores sostuvieron que estos animales habían abandonado el salto, ya que estudios previos indicaban que, por encima de los 150 kilos, la mecánica del movimiento lo hacía inviable. Aquellas conclusiones se basaban, en gran medida, en extrapolar las proporciones de los canguros actuales.
Más grandes, pero también distintos
Esa forma de escalar modelos modernos fue precisamente lo que llevó a un equipo de científicos de las universidades de Manchester, Bristol y Melbourne a replantear el problema. Al combinar mediciones de canguros vivos con evidencia directa obtenida de huesos fósiles, el nuevo estudio, publicado en la revista Scientific Reports, concluye que los canguros gigantes “podrían haber sido capaces de saltar”.
Reconstrucción del salto de Sthenurine. Foto:Megan Jones
La investigadora principal, Megan Jones, de la Universidad de Manchester, explicó que los enfoques anteriores pasaban por alto diferencias clave. “Las estimaciones previas se basaban simplemente en escalar canguros modernos, lo que puede hacer que se pierdan diferencias anatómicas cruciales”, señaló. Y añadió: “Nuestros hallazgos muestran que estos animales no eran solo versiones más grandes de los canguros actuales; estaban construidos de manera diferente, de formas que les ayudaban a manejar su enorme tamaño”.
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El análisis se centró en dos factores que podrían limitar el salto: la resistencia de los huesos del pie y la capacidad del tobillo para anclar los potentes tendones que impulsan cada rebote. Los fósiles revelan que los canguros gigantes tenían huesos del pie más cortos y gruesos, capaces de soportar fuerzas de aterrizaje elevadas, y talones lo suficientemente anchos como para sostener tendones mucho más gruesos que los de los canguros actuales.
Saltar no siempre significa viajar lejos
Eso no significa, sin embargo, que estos animales se desplazaran por el paisaje del mismo modo que los canguros rojos de hoy. Según los investigadores, los tendones más gruesos, aunque más seguros, almacenan menos energía elástica. “Los tendones más gruesos son más seguros, pero almacenan menos energía elástica”, explicó la doctora Katrina Jones, investigadora de la Royal Society en la Universidad de Bristol.
Hueso del talón de la especie de canguro gigante más grande, Procoptodon goliah. Foto:Please credit both Megan Jones and UCMP
Esta limitación probablemente hacía que los canguros gigantes fueran saltadores más lentos y menos eficientes en términos energéticos, mejor adaptados a movimientos cortos que a largas travesías. Aun así, como subraya el estudio, el salto no necesita ser extremadamente eficiente para resultar útil. Estos animales pudieron emplearlo para atravesar terrenos difíciles con rapidez o para escapar de situaciones de peligro.
El análisis fósil también mostró que no existía una única forma de moverse entre estas especies extintas. Algunos canguros gigantes habrían combinado el salto con otros tipos de locomoción, como caminar erguidos sobre dos patas o desplazarse en cuatro apoyos. Esto sugiere que el salto era solo una parte de un repertorio de movimientos más amplio.
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Esa diversidad no se limitaba al modo de desplazarse. Según Robert Nudds, profesor de Evolución, Infección y Genómica en la Universidad de Manchester, los resultados refuerzan la idea de una mayor variedad ecológica en el pasado. “Nuestros hallazgos contribuyen a la noción de que los canguros tenían una diversidad ecológica más amplia en la Australia prehistórica de la que encontramos hoy”, afirmó, con especies grandes que pastaban como los canguros modernos y otras que se alimentaban de hojas, un nicho ausente en los grandes canguros actuales.
El estudio ofrece, así, la evaluación más completa hasta ahora sobre la viabilidad mecánica del salto en los canguros gigantes extintos y redefine los límites de lo que se creía posible para estos emblemáticos animales del pasado.
REDACCIÓN CIENCIA

















