En los primeros meses de vida, el intestino de los bebés se convierte en un escenario decisivo para su desarrollo. Allí se instalan bacterias que influyen en la salud digestiva, la formación del sistema inmune y el bienestar general. Sin embargo, en los últimos años, científicos han observado una tendencia preocupante: la desaparición de Bifidobacterium infantis, una bacteria considerada clave, en bebés de regiones con altos recursos como Estados Unidos y Europa.
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Un nuevo estudio, publicado en la revista científica mSphere, ofrece una respuesta alentadora a este fenómeno. La investigación encontró que suplementar a bebés alimentados exclusivamente con leche materna con el probiótico B. infantis EVC001, entre los dos y cuatro meses de edad, puede restaurar con éxito estas bacterias beneficiosas en su intestino, incluso después del periodo neonatal.
“El estudio Remedi muestra que no es demasiado tarde para restaurar un microbioma intestinal saludable en bebés alimentados con leche materna. B. infantis puede establecerse con éxito incluso después del periodo de recién nacido”, afirmó Jennifer Smilowitz, autora principal del estudio y profesora asistente del Departamento de Nutrición de la Universidad de California en Davis.
Un microbioma temprano que deja huella
La importancia de este hallazgo radica en el papel que cumple el microbioma intestinal durante la primera infancia. Un ecosistema microbiano saludable en esta etapa está asociado con una mejor salud digestiva, una adecuada educación del sistema inmune y un desarrollo integral del bebé.
A diferencia de muchos probióticos disponibles en el mercado, B. infantis tiene una característica particular: está especialmente adaptada para prosperar gracias a los oligosacáridos de la leche humana, los azúcares naturales presentes en la leche materna. Esta adaptación le permite no solo transitar por el intestino, sino permanecer y establecerse de manera duradera.
El estudio Remedi se diseñó para comprobar si los beneficios observados previamente en recién nacidos suplementados con B. infantis junto con leche humana podían replicarse en bebés de mayor edad, cuyo microbioma intestinal ya está más establecido y podría ser más resistente al cambio.
Un ecosistema microbiano saludable en esta etapa está asociado con una mejor salud digestiva. Foto:iStock
Dosis distintas, resultados consistentes
Para responder a esta pregunta, los investigadores evaluaron cómo diferentes dosis del probiótico —alta, media, baja y un placebo— afectaban las bacterias intestinales de bebés alimentados exclusivamente con leche materna. Durante el estudio, los bebés proporcionaron muestras de heces antes, durante y después de la suplementación, que luego fueron analizadas para observar la respuesta del microbioma.
El objetivo también fue determinar si dosis más bajas de B. infantis, que ya están disponibles comercialmente, producían efectos similares a los observados en estudios previos que utilizaron dosis altas en recién nacidos.
Los resultados fueron claros: B. infantis logró aumentar con éxito las bacterias beneficiosas en bebés mayores, incluso después del periodo neonatal. Todas las dosis probadas fueron efectivas y, de manera significativa, las bacterias beneficiosas permanecieron en el intestino aun después de suspender la suplementación.
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“Estos hallazgos sugieren que la suplementación con B. infantis puede restaurar el intestino infantil incluso más allá de la etapa neonatal”, explicó Smilowitz. “A diferencia de muchos probióticos que desaparecen cuando se suspende su consumo, B. infantis pudo establecerse y permanecer en el intestino cuando se combinó con la leche materna”.
Según la investigadora, el hecho de que todas las dosis evaluadas hayan sido efectivas sugiere que esta estrategia podría adaptarse a contextos reales, donde el acceso, el momento de la suplementación o la dosis pueden variar, sin perder su potencial beneficio para los bebés lactantes.
REDACCIÓN SALUD
















