A través de sus redes sociales, Colfuturo anunció el pasado martes 23 de diciembre que la promoción 2025 de becados será la última que recibirá recursos del Gobierno Nacional. Esta cooperación, que culmina tras dos décadas, apoyó a cerca de 25.000 colombianos en sus estudios mediante el modelo de crédito-beca, con una inversión de 892 millones de dólares.
Una vez se conoció la noticia, en redes sociales escalaron los comentarios de preocupación, con usuarios que advirtieron que la decisión podría afectar el futuro educativo del país.
Ese es el caso del exministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, quien a través de su cuenta en X señaló: “Es una noticia que preocupa. Yo fui becario y sé, por experiencia propia, cómo una oportunidad educativa puede cambiar una vida. Programas como @Colfuturo son una inversión en talento. Colombia debe fortalecer estas oportunidades con apoyo del Estado y de la cooperación internacional. Muy triste”.
Mientras tanto, el Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Ciencia —entidad desde donde se canalizan los apoyos financieros del Estado—, aseguró que no se eliminarán las becas de formación de alto nivel.
«Es falso que el Gobierno Nacional esté quitando las becas de formación de alto nivel para nuevos doctores en Colombia. En 2026, @MincienciasCo abrirá una nueva convocatoria de Doctorados, como parte del compromiso con la ciencia, el conocimiento y el talento humano del país. Lo que sí se acaba es la tercerización de los recursos públicos de la educación en manos de privados, que generaba alta centralización y estratificación social. Hoy las becas tienen enfoque regional, de género y étnico. La inversión en formación doctoral continúa, con más transparencia, enfoque público y sentido estratégico para Colombia», escribió la ministra Yesenia Olaya en su cuenta de X.
Para conocer más a fondo la situación y el impacto que tendrá esta decisión del Gobierno Nacional en la fundación, EL TIEMPO habló con el presidente de Colfuturo, Jerónimo Castro, quien explicó qué sucederá de ahora en adelante.
Jerónimo Castro, presidente de Colfuturo. Foto:Cortesía
¿Qué fue lo que pasó exactamente con la cooperación con el Gobierno y cómo impacta esto al programa?
Básicamente se terminó la cooperación con el Gobierno, una cooperación que duró casi dos décadas. Al no contar con el recurso que aportaba el Estado, el programa va a tener que regresar a una escala más pequeña, parecida a la que teníamos antes de iniciar esa cooperación. Es decir, pasamos de apoyar a miles de estudiantes —el año pasado fueron alrededor de 2.020— a una cifra que, dependiendo de la financiación que logremos, será claramente de cientos, ya no de miles.
Esto determina directamente la escala y la diversidad que tenía el programa, que eran tan importantes. El programa sigue existiendo; esto no tiene que ver con la existencia del conflicto o del proyecto en sí, sino con la escala: con cuántos estudiantes podemos apoyar.
¿De cuántos estudiantes estamos hablando hacia el próximo año?
Me gustaría poder dar una cifra exacta de cuántos estudiantes vamos a poder seleccionar el año entrante, pero todavía no tengo esa información porque depende de la financiación. En solitario, el programa puede apoyar unos 200 o 300 estudiantes. Estamos buscando recursos adicionales para tratar de mantener una escala cercana a miles, pero dependemos de fuentes de financiación que son complejas de encontrar.
En solitario no tenemos acceso a ciertos recursos que permiten entregar becas, y eso es lo que limita el apoyo a gran escala y lo que hacía el programa tan diverso, que era justamente el aporte del Gobierno. El Gobierno aportaba alrededor de una tercera parte del programa fiscal, y esa tercera parte era fundamental porque se podía convertir en beca. Hubo personas que llegaron a recibir hasta el 80 % de beca del apoyo recibido, con montos que podían llegar a los 50.000 dólares.
¿Cómo fue la comunicación con el Gobierno? ¿Qué les dijeron o cuál fue la argumentación para no continuar con el apoyo?
Hay dos partes. El Gobierno cumplió con todos los compromisos que tenía y realizó el último desembolso en febrero de este año, por 64.000 millones de pesos. Sin embargo, en la conversación sobre la renovación de la cooperación sí hubo una respuesta clara, aunque implícita: el Gobierno nunca nos dijo explícitamente que no iba a renovar, pero tampoco dijo que sí.
Este es un programa que ya había tenido varias renovaciones con distintos gobiernos, que entendieron que se trataba de un proyecto muy importante para el país. Es un ejercicio especial en el que el Estado y una entidad privada se juntan para un proyecto de país. Hoy en día, este es el programa más grande de América Latina para apoyar estudiantes en maestrías y doctorados en universidades internacionales.
Sin esta cooperación, el programa tiene que ajustarse a la escala que una entidad privada, por sí sola, puede manejar, que es muy distinta a la cooperación tan provechosa y valiosa que se tuvo durante años.
Tras el comunicado que ustedes emitieron, la ministra Yesenia respondió en un trino diciendo que es falso que el Gobierno esté quitando becas y que lo que se acaba es la tercerización de recursos públicos en manos privadas, lo que —según ella— genera centralización y estratificación social. ¿Qué opina de esa afirmación?
En principio no quisiera convertir esto en un contrapunteo con una ministra a quien respeto. Pero hay tres puntos que, en este caso, no son exactos.
Primero, no teníamos un acuerdo de tercerización, sino un acuerdo de cooperación, que es muy distinto. En una tercerización, una entidad privada recibe y ejecuta recursos públicos. Aquí no era así. La entidad aportaba dos terceras partes de los recursos y el Estado una tercera parte. No hay un solo peso de recursos públicos destinado a la operación de la entidad.
Desde 2007, en conjunto se han invertido alrededor de 618 millones de dólares: 40 % del Estado y 60 % de la entidad. Esa cooperación permitía multiplicar los recursos. Además, existen más de 140 convenios con universidades en el exterior que ofrecen beneficios adicionales a los estudiantes.
Segundo, el programa está enfocado en maestrías y doctorados. Este año, alrededor de 150 personas están cursando doctorados con apoyo directo, y más de 850 continúan estudios doctorales financiados por universidades y centros de investigación internacionales.
Tercero, el programa es altamente diverso en términos socioeconómicos. Este año, el 65 % de los beneficiarios proviene de familias de estratos 1 a 4. No es un programa elitista. De hecho, cuando se pierde la escala, los programas tienden a volverse más selectivos y elitistas.
En cuanto a la centralización, solo el 46 % de los beneficiarios proviene de Bogotá. El resto viene de todas las regiones del país. Por eso, creo que es importante mirar las cifras para entender lo que se logró conjuntamente con el Estado.
Ya mencionó que la cooperación representaba casi una tercera parte del programa. ¿Qué significa concretamente para la entidad que el Gobierno ya no siga apoyando?
Significa dos cosas principales. Primero, que la entidad tiene que financiar la totalidad del programa. Antes, el esquema era aproximadamente 60 % recursos propios y 40 % recursos del Gobierno. Ahora debemos cubrir el 100 %.
Pero lo segundo, y más importante, es que ese 40 % que aportaba el Gobierno era la fuente principal del componente de beca. Eso permitía que personas, por ejemplo de regiones como Barranquilla, pudieran estudiar afuera y luego regresar a trabajar en sus territorios, recibiendo hasta el 80 % del apoyo como beca. Sin ese componente, la escala necesariamente se reduce y el apoyo que podemos dar será menos generoso.
Esto obliga a un equilibrio complejo: cuánto se da como beca, cuánto se recupera cuando los estudiantes regresan y aportan al fondo, y cuántas nuevas generaciones se pueden apoyar. Todo depende del nuevo recurso que logremos conseguir.
Conseguir esos recursos adicionales no debe ser fácil. ¿Qué estrategias están considerando?
Es una tarea que venimos haciendo desde hace tiempo. No es algo nuevo. Estamos buscando apoyos multilaterales y estamos bastante avanzados, pero esos recursos no son a fondo perdido. Son apoyos que hay que reembolsar y que tienen un costo financiero.
Estamos tratando de conseguir recursos con el menor costo financiero posible, porque lo que realmente está en juego no es la existencia de la entidad —que es muy sólida y va a seguir— sino la escala que se logró. Son esos casos en los que uno se demora décadas construyendo una escala y la puede perder en un año.
Ojalá no se tarden décadas más en recuperarla, porque es importante entender qué es lo que está en juego. La inteligencia y el talento están distribuidos en todas las poblaciones, sin distinción de origen, género u orientación. Pero la capacidad de formarse e investigar está concentrada en pocos lugares del mundo.
Los países necesitan estar conectados permanentemente a esos centros donde se desarrollan las grandes innovaciones, ya sea en inteligencia artificial, ética, salud, vacunas o políticas públicas. Cuando se deja de apoyar a una generación, se pierde una ventana de oportunidad. Esas personas ya no pueden desarrollar su proyecto con todo su potencial y el país queda desconectado. Eso es lo que está en juego y lo que resulta tan triste.
Finalmente, ¿qué mensaje les daría a los estudiantes que hoy son beneficiarios y a quienes están pensando en aplicar, en medio de la incertidumbre que generan estas noticias?
El mensaje es de total tranquilidad para quienes ya son beneficiarios. Colfuturo tiene garantizados los recursos para cumplirle absolutamente a todos los estudiantes que están estudiando, incluidos los seleccionados desde la promoción 2025 hacia atrás. Estos recursos provienen tanto de los aportes recibidos del Estado en su momento como de la caja propia de la fundación, por lo que no tienen absolutamente nada de qué preocuparse.
En cuanto a quienes esperan aplicar a la convocatoria de 2026, esta se abrirá una vez tengamos claridad sobre la financiación disponible. Sin embargo, es claro que se seleccionarán menos estudiantes que este año. Aún no sabemos cuántos serán, pero sí es un hecho que la convocatoria será más reducida. Nuestra expectativa es poder retomar la cooperación con el Gobierno Nacional o encontrar nuevas fuentes de financiación, un trabajo en el que hemos venido avanzando, aunque no lo suficiente, y que hoy define la realidad con la que estamos operando.
CAMILO ANDRÉS PEÑA CASTAÑEDA – EDITOR VIDA DE HOY Y CULTURA














