Un ejemplar diminuto, de apenas unos milímetros, guardaba una sorpresa inesperada en las colecciones del Instituto Butantan, en São Paulo. Al observar una araña que parecía llevar un collar de perlas, investigadores especializados en arácnidos recurrieron a un colega experto en ácaros. La observación conduciría a la descripción del segundo ácaro parásito de arañas registrado en Brasil y el primero de su familia en el país.
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Ricardo Bassini-Silva, investigador y curador de la Colección Acarológica del Instituto Butantan, identificó rápidamente el “collar” como larvas de ácaros. Hasta ese momento, solo existía un registro previo de ácaros parásitos de arañas en Brasil, perteneciente a otra familia. El análisis detallado de las características morfológicas del organismo, mediante técnicas de microscopía electrónica de barrido y microscopía óptica, confirmó que se trataba de una especie hasta entonces desconocida en el país.
El estudio, apoyado por la Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo (FAPESP), fue publicado en la revista International Journal of Acarology y se enmarca en dos proyectos financiados por la entidad. Uno de ellos es coordinado por Bassini-Silva y el otro por Fernando de Castro Jacinavicius, coautor del artículo y profesor del Instituto de Biología de la Universidad de São Paulo (IB-USP).
Un género que cruza fronteras
La nueva especie fue denominada Araneothrombium brasiliensis y pertenece a un género descrito por primera vez en Costa Rica en 2017. Hasta ahora, solo se conocía una especie de este grupo. Su hallazgo en Brasil sugiere que el género podría estar presente en otros países del Neotrópico.
Los individuos descritos miden cerca de 500 micrómetros, es decir, medio milímetro, mientras que las arañas parasitadas alcanzan apenas unos pocos milímetros de longitud. Por ahora, solo se conocen las larvas, que fueron encontradas parasitando arañas juveniles de tres familias distintas. Todos los ejemplares estaban “ingurgitados”, lo que indica que se habían alimentado hasta aumentar notablemente su tamaño.
“Para este grupo de ácaros, no es raro conocer muchas especies parásitas solo a través de sus larvas, ya que en la fase adulta se convierten en depredadores de vida libre, que habitan el suelo y se alimentan de pequeños insectos e incluso de otros ácaros, lo que los hace muy difíciles de encontrar”, explica Bassini-Silva.
Las arañas parasitadas fueron recolectadas en Pinheiral, un municipio del estado de Río de Janeiro. El entorno estaba próximo a cuevas y grutas, similar al hábitat donde se encontró la primera especie brasileña de ácaro parásito de arañas, Charletonia rocciai.
Vista dorsal y ventral de la nueva especie. Foto:Ricardo Bassini-Silva
Un ‘collar de perlas’ revelador
En un trabajo publicado en 2022, los investigadores redescribieron Charletonia rocciai, especie originalmente descrita en 1979. En esa ocasión, añadieron nuevas características morfológicas, datos biológicos, registros de distribución y hospederos, entre ellos arañas.
Los ácaros parásitos de arañas se alimentan de linfa, un fluido que circula por el cuerpo de ciertos artrópodos. Para hacerlo, succionan el líquido a través del pedicelo, la región que conecta el cefalotórax —donde se ubican los ojos y la boca de la araña— con el abdomen. “Esta es la región más vulnerable de la araña, ya que otras partes tienen mucha quitina, que forma un exoesqueleto difícil de penetrar para los colmillos de los ácaros”, señala el investigador.
La presencia de estos ácaros en arañas juveniles podría indicar un comportamiento oportunista, dado que los individuos jóvenes son más vulnerables a parásitos y depredadores. Además, la especie podría parasitar otros artrópodos, como insectos, tal como ocurre con Charletonia rocciai, que parasita al menos dos órdenes de insectos.
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“Con más de 3.000 especies de arañas solamente, Brasil tiene un potencial inmenso para el descubrimiento de nuevos ácaros parásitos”, afirma Bassini-Silva. El estudio también resalta la importancia de las colecciones zoológicas para el conocimiento de la biodiversidad. Las arañas habían permanecido almacenadas durante años sin que nadie advirtiera la presencia de los ácaros.
A través de alianzas con investigadores y empresas de consultoría ambiental que trabajan en campo, Bassini-Silva espera recibir pronto más ejemplares de ácaros asociados a otros animales, lo que permitiría describir nuevas especies y ampliar el conocimiento sobre estos diminutos pero significativos parásitos.
REDACCIÓN CIENCIA

















