Colombia encabeza el ranking mundial como el país más madrugador, pero ese título contrasta con otra realidad: la población duerme, en promedio, apenas 6 horas y 31 minutos cada noche. La cifra está lejos de las 8 horas y 3 minutos que los propios colombianos desearían dedicar al descanso, lo que deja una brecha de 1 hora y 33 minutos diarios entre el sueño anhelado y el realmente obtenido.
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Así lo revela un estudio de Ikea realizado en 2025, que pone en evidencia el déficit de descanso que enfrenta la población del país. La diferencia no es menor: acumulada a lo largo de semanas y meses, representa una carga significativa para la salud física, mental y emocional de las personas.
Durante la noche, el cerebro alterna entre fases de sueño ligero y profundo. Foto:Istock
El fenómeno no es exclusivo de Colombia. La disminución del tiempo de sueño ya es considerada una crisis global de salud. Un análisis de la compañía Withings, que evaluó los patrones de sueño de 1,29 millones de usuarios entre marzo de 2020 y marzo de 2025, muestra que la duración promedio del descanso nocturno se redujo en 23 minutos por noche. En términos anuales, esto equivale a 139 horas menos de sueño, o lo que sería lo mismo, 17 noches completas sin dormir.
El estudio también identificó diferencias por género: las mujeres duermen, en promedio, 28 minutos más que los hombres, una brecha que, aunque pequeña en apariencia, confirma que el déficit de descanso no impacta de manera uniforme a toda la población.
Para los expertos, este escenario refleja un cambio profundo en los hábitos de vida y en la relación de las personas con el descanso. “Dormir bien hoy requiere intención. Mantener rutinas consistentes, reducir la exposición a pantallas antes de acostarse, cuidar el ambiente del dormitorio y aprender a gestionar el estrés son acciones clave para lograr un descanso reparador. Dormir más no siempre es posible, pero dormir mejor sí”, afirmó Daniela Escalona, Marketing Manager de Emma Colchón.
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Escalona subrayó que el entorno de descanso se vuelve determinante en un contexto en el que el tiempo para dormir es cada vez más limitado. Elementos como el colchón y la almohada pueden marcar la diferencia al favorecer una correcta alineación de la columna, reducir los microdespertares y facilitar fases más prolongadas de sueño profundo.
Un sistema de descanso inadecuado, advirtió, no solo resta comodidad, sino que contribuye a la acumulación de cansancio físico y mental. En otras palabras, no se trata únicamente de cuántas horas se duerme, sino de cómo se duerme.
Estrés, dispositivos y un entorno inadecuado de descanso están profundizando el déficit de sueño. Foto:iStock
Las recomendaciones sobre la cantidad de sueño necesaria varían según la etapa de la vida. En el caso de los adultos, el rango sugerido está entre 7 y 9 horas por noche; para los adultos mayores, entre 7 y 8 horas; y para los adolescentes, entre 8 y 10 horas. Sin embargo, dormir el mismo número de horas no garantiza el mismo nivel de descanso para todas las personas.
Factores como la genética, el nivel de actividad física y mental, el estrés, la alimentación y la calidad del entorno influyen de manera decisiva en la capacidad de recuperación durante la noche. Por esta razón, el déficit de sueño no solo se expresa en minutos perdidos, sino también en la percepción de cansancio persistente, dificultad para concentrarse y menor bienestar general.
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En el caso colombiano, la brecha de más de una hora y media entre el sueño deseado y el sueño real ilustra un problema estructural que se suma a la tendencia global de reducción del descanso. La combinación de rutinas exigentes, alta exposición a pantallas y entornos poco propicios para dormir configura un escenario en el que el sueño deja de ser una prioridad.
“En un mundo que duerme cada vez menos, el mensaje es claro: el sueño no es un lujo ni una pérdida de tiempo, sino un regulador esencial de la salud mental y emocional. Ignorarlo tiene un costo acumulativo que ya empieza a hacerse evidente a escala global”, concluyó la experta.
Pequeños cambios nocturnos pueden mejorar el bienestar. Foto:iStock
Las cifras confirman que el déficit de descanso no es un fenómeno aislado ni pasajero. Por el contrario, se trata de una tendencia sostenida que afecta a millones de personas y que, en el caso de Colombia, adquiere un matiz particular: el país que más temprano se despierta es también uno de los que menos duerme.
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En ese contraste se resume una paradoja contemporánea. La productividad, la conectividad permanente y las exigencias cotidianas han reducido el espacio destinado al descanso, mientras crece la conciencia de que dormir bien es una condición indispensable para una vida saludable. Entre lo que se desea y lo que realmente se duerme, se abre una brecha que hoy ya tiene nombre propio: déficit de sueño.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medioambiente y Salud
@CaicedoUcros
















