Durante la pandemia de Covid-19, millones de personas encontraron en las series una compañía constante para atravesar el encierro. Años después, cuando muchas rutinas han vuelto a la normalidad, una parte de ese hábito persiste de forma intensa. Un nuevo estudio sugiere que, en algunos casos, mirar series sin pausa puede estar vinculado a un problema más profundo: la soledad.
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La investigación, publicada en la revista de acceso abierto PLOS One, fue realizada por Xiaofan Yue y Xin Cui, de la Universidad de Huangshan, en China. Sus resultados indican que las personas con conductas adictivas de binge-watching (ver episodios de manera compulsiva) son más propensas a experimentar mayores niveles de soledad que quienes consumen muchas series, pero sin rasgos de adicción.
Soledad y consumo compulsivo de series
El estudio parte de un contexto ampliamente compartido. El confinamiento impuesto por la pandemia llevó a muchas personas a pasar más tiempo en casa, frente a las pantallas, lo que despertó preocupaciones sobre la salud mental, especialmente en un escenario marcado por el aislamiento y el malestar emocional. Según señalan los autores, aunque muchas personas retomaron luego sus actividades cotidianas, algunas continuaron viendo series “hasta el punto de la adicción”, con consecuencias negativas en su vida diaria.
Personas con conductas adictivas de ‘binge-watching’ son más propensas a mayores niveles de soledad. Foto:iStock
Para explorar la relación entre este comportamiento y la soledad, los investigadores encuestaron a 551 adultos considerados grandes consumidores de televisión. Todos veían series al menos 3,5 horas al día y más de cuatro episodios por semana. A estos participantes se les formularon preguntas diseñadas para evaluar conductas adictivas, niveles de soledad y las motivaciones que los llevaban a ver series de forma intensiva.
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Los resultados mostraron que 334 personas, equivalentes al 61 % de la muestra, cumplían los criterios de adicción al binge-watching. En este grupo, la soledad se correlacionó de manera significativa con niveles más altos de consumo compulsivo y con sentimientos de aislamiento. En cambio, entre quienes no cumplían los criterios de adicción, no se observó la misma asociación.
A partir de estos datos, los científicos plantean que quienes desarrollan una adicción al binge-watching podrían tener “mentalidades y motivaciones específicas”, distintas de las de otros grandes consumidores de televisión que no presentan comportamientos problemáticos.
Escapismo y búsqueda de emociones positivas
El análisis de las motivaciones permitió profundizar en esas diferencias. Los investigadores hallaron que la soledad se asociaba tanto con el escapismo como con la búsqueda de intensificación emocional. Esto sugiere que las personas con adicción al binge-watching podrían recurrir a las series no solo para evitar situaciones negativas, sino también para potenciar emociones positivas.
La personas podrían recurrir a las series para potenciar emociones positivas. Foto:iStock
Según el estudio, “los individuos que experimentan mayores niveles de soledad, buscan satisfacción emocional o utilizan el binge-watching como mecanismo de escape tienen más probabilidades de exhibir una adicción a este comportamiento”. De este modo, el consumo compulsivo de series aparece como una estrategia de regulación emocional frente a la desconexión social.
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Los propios autores subrayan el alcance de sus hallazgos. “Este estudio amplía nuestra comprensión del binge-watching al diferenciar entre formas adictivas y no adictivas, demostrando que la soledad predice de manera significativa la adicción, mientras que el escapismo y la intensificación emocional actúan como vías duales de regulación emocional”, señalan.
No obstante, la investigación también reconoce sus límites. Al tratarse de un estudio correlacional, no permite determinar si la soledad es la causa directa de la adicción al binge-watching. Además, el análisis se centró únicamente en series de televisión y no tuvo en cuenta otros comportamientos problemáticos de consumo de video en plataformas como YouTube o TikTok.
Aun así, los resultados abren una ventana para comprender cómo algunas personas podrían estar intentando lidiar con la desconexión social incrementando su consumo de contenidos audiovisuales hasta niveles perjudiciales.
REDACCIÓN CIENCIA

















