La violencia de género continúa siendo una de las mayores emergencias de derechos humanos en el mundo. Según estimaciones de ONU Mujeres, más de 840 millones de mujeres han sido víctimas de algún tipo de violencia, una cifra que revela la magnitud del problema y que respalda el llamado global de la campaña Únete, que cada año moviliza a gobiernos, empresas, medios de comunicación y ciudadanía para prevenir estas agresiones. En 2025, esta iniciativa pone el foco en la violencia digital, un fenómeno que no solo involucra ataques virtuales, sino que con frecuencia se transforma en agresiones físicas, coacción, extorsión e incluso femicidios.
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El 20 % de las mujeres sufre algún tipo de violencia. Foto:Archivo EL TIEMPO
En este contexto, la Asociación de Laboratorios Farmacéuticos de Investigación y Desarrollo (Afidro) se sumó al llamado internacional para fortalecer la prevención y la atención desde el sector salud, un punto crítico en la respuesta a este fenómeno global. La organización advirtió que la violencia de género no solo vulnera el bienestar físico y emocional de millones de mujeres, sino que perpetúa desigualdades y limita las oportunidades de desarrollo.
Las cifras presentadas son contundentes: el 20 % de las mujeres sufre algún tipo de violencia, y el 30 % de las mayores de 15 años la ha experimentado en algún momento de su vida. La violencia sexual golpea especialmente a adolescentes entre 12 y 17 años, quienes representan el 37,3 % de los casos. Otras formas de violencia —psicológica, física, negligencia o abandono— afectan al 75,7 % de las mujeres, con mayor concentración en aquellas entre los 29 y 59 años, que representan el 24,86 %.
Estos datos, advierte Afidro, revelan la urgencia de actuar con enfoque integral para proteger a quienes están en riesgo, romper los ciclos de violencia y garantizar la salud física, mental y social de las sobrevivientes.
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Microviolencias y cultura social: el problema que empieza con lo cotidiano
Mariana Sanz de Santamaría, fundadora y directora de la ONG Poderosas, recordó que cada diez minutos una mujer o niña muere asesinada por su pareja o por un miembro de su familia. Y, a escala global, señaló, mueren nueve veces más mujeres por violencia de género que en conflictos armados.
Sanz de Santamaría resaltó la importancia de impulsar “microrevoluciones”, es decir, acciones cotidianas y personales para cuestionar y transformar los comentarios, actitudes y comportamientos que normalizan la violencia. “No se trata solo de grandes políticas —afirmó—, sino de romper con la aceptación social que rodea estas agresiones”.
Uno de los llamados más fuertes de los distintos sectores que apoyan la campaña Únete se dirige al sector salud, considerado el primer punto de contacto para muchas sobrevivientes. Allí, la capacidad de identificar, atender y derivar adecuadamente a las víctimas puede marcar la diferencia entre detener o perpetuar el ciclo de violencia.
La violencia de género afecta a más de 840 millones de mujeres en el mundo. Foto:iStock
Lupita León, gerente general de BMS para Colombia y Perú, destacó que desde la industria farmacéutica se han implementado políticas de cero tolerancia y se han creado espacios seguros para promover la igualdad de género. Sin embargo, reconoció que “todavía queda un camino por recorrer”, especialmente en desnaturalizar las microviolencias y construir culturas organizacionales centradas en el respeto y la prevención.
De manera complementaria, Diana Cárdenas, consultora y exdirectora de la Adres, señaló que las empresas pueden convertirse en aliadas clave en la implementación de una hoja de ruta para prevenir la violencia de género. Si bien reconoció avances —como el mayor acceso de mujeres a la educación superior y a profesiones médicas— advirtió que persisten profundas desigualdades en múltiples espacios del sector salud.
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Los actores del sector coincidieron en que la identificación sistemática de casos de violencia debe incorporarse de manera rutinaria en la atención médica. Esto implica avanzar en tamizajes, protocolos de detección temprana y acciones de acompañamiento que atiendan todas las formas de violencia: física, psicológica, emocional, económica y, ahora, digital.
El comunicado destaca que los impactos en la salud mental pueden ser graves y prolongados, y que la respuesta institucional debe ir acompañada de acciones sociales para eliminar la normalización de comentarios misóginos y conductas discriminatorias tanto en entornos laborales como comunitarios.
Cifras globales y locales revelan impactos desproporcionados en adolescentes y mujeres adultas. Foto:iStock
El presidente de Afidro, Ignacio Gaitán, hizo un llamado a la acción conjunta. “Todos tenemos un papel activo en la construcción de entornos seguros, saludables y libres de violencia”, afirmó. Subrayó que las instituciones gubernamentales, los servicios de salud, las comunidades y los hogares deben fortalecer su colaboración para prevenir la violencia en todas sus formas.
Agregó que la eliminación de la violencia de género “no es solo una meta, sino un deber colectivo”, y reiteró la importancia de promover espacios de diálogo abierto y acciones concretas que protejan el bienestar de todas las personas.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medioambiente y Salud
@CaicedoUcros
















