El programa Artemis nació con una promesa clara: devolver astronautas estadounidenses a la superficie lunar y sentar las bases de una presencia sostenida más allá de la órbita terrestre. Sin embargo, esa meta volvió a correrse en el calendario. La Casa Blanca determinó que la misión Artemis III, que contempla el primer alunizaje tripulado desde 1972, se aplazó oficialmente hasta 2028.
LEA TAMBIÉN
La decisión reconfigura el ritmo del programa, abre interrogantes sobre su viabilidad técnica y política, y vuelve a poner sobre la mesa la competencia con China por liderar la nueva etapa de exploración lunar.
En una orden ejecutiva firmada el 18 de diciembre de 2025, el presidente Donald Trump subrayó que “la superioridad en el espacio es una medida de la visión nacional y de la voluntad”, y fijó como prioridad “regresar a los estadounidenses a la Luna para 2028 a través del programa Artemis”. El documento insiste en que la exploración lunar no solo tiene un valor científico, sino también económico, estratégico y simbólico: busca “sentar las bases del desarrollo económico lunar”, preparar el camino hacia Marte e “inspirar a la próxima generación”.
Ese mismo marco político establece objetivos ambiciosos: un puesto lunar permanente hacia 2030, mayor participación del sector comercial y una arquitectura de exploración más sostenible. Sin embargo, la brecha entre la ambición declarada y la realidad técnica ha quedado expuesta con cada ajuste del cronograma. El nuevo retraso confirma que el programa Artemis, aunque avanza, lo hace a un ritmo mucho más lento de lo previsto inicialmente.
La decisión de aplazar Artemis III coincide, además, con un cambio clave en el liderazgo de la agencia espacial. Tras más de un año sin una dirección en firme, Jared Isaacman asumió finalmente como nuevo administrador de la Nasa. Su llegada marca el cierre de un periodo de interinidad y ocurre en un momento crítico, cuando la agencia, que ha sido golpeada también con recortes presupuestales, debe recuperar certidumbre interna, credibilidad externa y capacidad de ejecución.
Isaacman, conocido por su participación en las primeras misiones privadas de SpaceX, llega con la expectativa de imprimir una visión más orientada a resultados, en un programa que acumula presiones técnicas, presupuestales y geopolíticas.
Toma juramento a Jared Isaacman. Foto:NASA/Bill Ingalls
Retrasos que se acumulan
El camino hasta 2028 está marcado por una cadena de aplazamientos. En septiembre de 2024, la Nasa anunció que la misión Artemis II —el primer vuelo tripulado alrededor de la Luna— se movía a 2025, mientras que Artemis III quedaba programada para septiembre de 2026. En ese momento, el entonces administrador Bill Nelson insistió en que la seguridad de la tripulación era la “máxima prioridad” y que las misiones necesitaban “más tiempo” para estar listas.
Tres meses después, en diciembre, el calendario volvió a cambiar. Artemis III se postergó oficialmente a mediados de 2027 debido a retrasos en el desarrollo de la nave Starship de SpaceX, que sigue sin estar lista, y a problemas técnicos en la cápsula Orión, entre ellos el escudo térmico. Artemis II, a su vez, pasó a 2026. Ahora, con el anuncio de la Casa Blanca, el alunizaje tripulado se empuja un año más, hasta 2028, mientras la agencia se prepara para lanzar Artemis II el próximo año.
La Nasa ha cumplido varias de sus tareas, pero el eslabón más crítico sigue siendo el módulo de alunizaje. Como recordó recientemente El País de España, una cosa es llegar a la órbita lunar y otra muy distinta posarse sobre la superficie. SpaceX, contratista principal del sistema de descenso, aún no ha logrado llevar Starship a una órbita terrestre estable tras once vuelos de prueba, y durante 2025 el proyecto acumuló fracasos sin avances equivalentes a los de 2024. Por eso, en la industria nadie esperaba realmente que Artemis III pudiera despegar en 2027.
Decimo primera prueba de vuelo de Starship. Foto:AFP
Aún así, el regreso a la Luna sigue siendo una prioridad estratégica para el Gobierno republicano, que en octubre expresó públicamente su frustración por los retrasos de SpaceX.
Esa presión también ha reconfigurado la competencia dentro de la industria aeroespacial estadounidense. Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos, se ha consolidado como la principal alternativa a SpaceX tras lograr recientemente la recuperación de la primera etapa de su cohete New Glenn, de acuerdo con EFE.
LEA TAMBIÉN

La carrera lunar, otra vez en juego
El nuevo retraso ha reavivado las alertas sobre la competencia internacional. China comunicó recientemente que sus planes para un alunizaje tripulado antes de 2030 avanzan según lo previsto.
Un hito para el que, según reseña la Agencia EFE, China ha acelerado los preparativos técnicos, y en el que el establecimiento de una base de investigación en el polo sur del satélite es una parte fundamental.
Lanzamiento de la misión espacial Shenzhou-20, en abril de 2025. Foto:Efe
En contraste, Estados Unidos enfrenta sobrecostes, demoras y dependencias críticas de socios comerciales como SpaceX. Para algunos analistas, el margen entre ambos programas se ha reducido peligrosamente.
Juan Francisco Puerta, profesor de ingeniería aeroespacial de la Universidad de Antioquia, explica que “todavía hay bastantes dudas” alrededor del plazo de Artemis III, y que, al mismo tiempo, los progresos chinos hacen pensar en una “carrera espacial moderna”. Desde su perspectiva, no es descabellado imaginar que China pueda llegar primero, dadas “la cantidad de cohetes que han desarrollado en las últimas décadas” y el control centralizado de su programa espacial.
Puerta señala que el avance chino se percibe como “lento, pero seguro”, impulsado por una misión de Estado claramente definida. Con el retraso estadounidense, “queda un poco par con par el tema de quién podría llegar primero”, advierte. Aun así, subraya que el desenlace solo se conocerá cuando alguien vuelva a aterrizar en la Luna.
En este escenario, la llegada de Isaacman a la Nasa introduce una nueva variable. Para Puerta, su perfil —más cercano a la operación y a la experiencia directa en vuelo— puede traducirse en un énfasis distinto: “no solamente administrar, sino lograr las cosas”. La meta oficial sigue siendo 2028 y, más allá, 2030 para establecer una presencia sostenida. Si Artemis II logra volar con éxito y se encauzan los problemas del módulo de alunizaje, Estados Unidos podría mantener su liderazgo. Pero el tiempo corre.
Una carrera cada vez más poblada
Pero la disputa por el regreso humano a la Luna ya no es un pulso exclusivo entre Estados Unidos y China. Otras potencias espaciales han comenzado a ganar visibilidad y a marcar tiempos propios. Según la agencia EFE, la India y Japón protagonizaron avances relevantes durante el último año, con la mira puesta en alcanzar el satélite terrestre en las próximas décadas, en un escenario internacional cada vez más concurrido.
La India cerró un año marcado por hitos técnicos y simbólicos. La Organización de Investigación Espacial de la India (ISRO) logró con éxito su experimento de acoplamiento SpaDeX, alcanzó su lanzamiento número cien desde 1969 y celebró el viaje del primer astronauta indio a la Estación Espacial Internacional, a bordo de una nave de la empresa estadounidense Axiom Space. El país se proyecta ahora hacia una década de misiones más ambiciosas, con su primer vuelo tripulado previsto no antes de 2027 y el objetivo de enviar un astronauta a la Luna hacia 2040.
LEA TAMBIÉN

Japón, por su parte, mantiene su apuesta lunar pese a los tropiezos recientes. El fracaso de la empresa ispace en junio, en su intento de alunizar un vehículo no tripulado, evidenció las dificultades técnicas de esta nueva carrera, pero no frenó las aspiraciones del país, que planea un nuevo intento en 2027.
La cooperación con Estados Unidos sigue siendo un pilar central de la estrategia japonesa, tanto en exploración como en seguridad espacial, en un contexto de creciente preocupación por las capacidades de Rusia y China, según recoge EFE.
REDACCIÓN CIENCIA

















