Que los niños,
de repente, no quieran volver al colegio es un fenómeno que puede esconder algo
que va más allá de la simple pereza o capricho. A menudo, esta reticencia es
una manera que tiene el cuerpo y la mente para advertir que algo no está bien,
y puede presentarse justo en esta época de regreso a clases.
Los
padres deben estar atentos a estas señales, de manera que se pueda evitar que
un malestar pasajero se transforme en un problema emocional profundo. La raíz
puede estar en la ansiedad, la sobrecarga emocional o situaciones de
convivencia escolar que han pasado desapercibidas, y el cuerpo suele ser el
primer mensajero cuando un niño está atravesando dificultades que no sabe
expresar. Así lo explica la Dra. Antonia Martí Aras, directora de la maestría
en Acoso Escolar y Mediación de la Universidad Internacional de Valencia – VIU,
perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades.
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«El
niño que “de pronto” empieza a quejarse de dolores de barriga o cabeza sin
ninguna causa médica evidente, especialmente en días previos al colegio»,
detalla. «El que “evita” ir, pone excusas o se enferma justo cuando toca
incorporarse. El que deja de relacionarse, se muestra más irritado, más
cansado, más “apagado”. El que se ancla a los padres, pide quedarse más rato o
se muestra excesivamente dependiente. O el que cambia en el juego o en los
hábitos: duerme mal, tiene pesadillas, se critica mucho, se siente “raro” o
“fuera de sitio”».
Estas
señales pueden confundirse con comportamientos propios de la edad, pero lo que
diferencia una resistencia pasajera de un problema emocional es su duración, su
impacto y su intensidad.
Una
resistencia normal dura unos días; un malestar emocional, sin embargo, se
sostiene en el tiempo, se agrava y empieza a modificar la conducta cotidiana.
Cuando aparecen síntomas físicos, evitación constante, aislamiento social,
deterioro del rendimiento, falta de sueño o sentimientos de inferioridad, ya no
se trata de una simple falta de motivación.
Factores
como el bullying o la sobreexigencia académica también influyen
significativamente en el bienestar escolar. Situaciones de acoso o dinámicas de
aula poco inclusivas pueden convertirse en detonantes de ansiedad diaria.
Asimismo, los entornos altamente competitivos o la presión por el rendimiento
pueden llevar a que los estudiantes asocien el colegio con miedo al error,
vergüenza o desgaste emocional.
Para
prevenir que estos problemas se agraven, la comunicación entre familias,
docentes y estudiantes es clave. La experta de VIU insiste en que un entorno
emocional seguro es la base para que un niño pueda expresar lo que siente sin
miedo a ser juzgado. Según explica, esto empieza en casa, con presencia,
rutinas y un espacio disponible para hablar, aunque también requiere una
escuela preparada.
La
Dra. Antonia Martí subraya que muchos docentes aún no cuentan con formación
específica en convivencia o acoso escolar, lo que dificulta la detección
temprana. Para ella, es imprescindible que las instituciones cuenten con
protocolos, equipos de orientación y un enfoque que fomente la participación.
«Se
necesita que la familia y la escuela hablen el mismo idioma, que hagan
seguimiento, que intervengan pronto si algo no va bien», enfatiza. «Además, la
escuela debe “vivir la diversidad”, fomentar la empatía, hacer que cada alumno
se sienta parte del grupo, que tenga voz, que aporte. “Ser diferente” no debe
ser motivo de vulnerabilidad, sino de riqueza».
Implementar
estrategias preventivas es muy importante. En el entorno escolar, la docente de
VIU recomienda formación en convivencia, mediación, tutoría emocional y
programas que involucren a docentes, familias y alumnos. En casa, propone
conversaciones semanales sin juicio, actividades que permitan regular
emociones, como el juego, el arte o la respiración, y dar a los niños cierto
nivel de control sobre su rutina para que recuperen la sensación de seguridad.
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Saber
interpretar a tiempo el deseo de no volver al colegio permite proteger la salud
emocional y fortalecer la experiencia escolar. Con acompañamiento, escucha
activa y entornos seguros, el colegio puede volver a percibirse como ese lugar
para aprender, relacionarse y sentirse parte.
Dra.
Antonia Martí Aras, directora de la maestría en Acoso Escolar y Mediación de la
Universidad Internacional de Valencia – VIU, perteneciente a la red de
educación superior Planeta Formación y Universidades, explica qué puede
significar esta resistencia al colegio y cómo atenderlas a tiempo.

















