Mercurio, el planeta más cercano al Sol, es uno de los mayores enigmas del sistema solar. Es pequeño, tiene una órbita difícil de explicar y posee un núcleo metálico desproporcionadamente grande.
Estas características contradicen las teorías aceptadas sobre cómo se forman los planetas. Desde hace décadas, científicos de todo el mundo intentan responder una pregunta central: ¿cómo pudo formarse Mercurio y por qué existe en su estado actual? Una misión espacial europea-japonesa que entrará en órbita en 2026 podría acercar respuestas.
Un planeta pequeño con una densidad inesperada
A simple vista, Mercurio parece un mundo árido y sin rasgos llamativos. No hay evidencia clara de agua en su pasado, su atmósfera es extremadamente tenue y las probabilidades de vida son prácticamente nulas. Sin embargo, bajo esa apariencia simple se esconde una estructura interna extraordinaria.
Mercurio tiene 20 veces menos masa que la Tierra y un diámetro apenas mayor que Australia. Aun así, es el segundo planeta más denso del sistema solar, solo superado por la Tierra. Esto se debe a que su núcleo metálico representa cerca del 85 % de su radio, mientras que el manto y la corteza son extremadamente delgados.
“La formación de Mercurio es un problema importante”, señala Nicola Tosi, científico planetario del Centro Aeroespacial Alemán. “Todavía no está claro por qué Mercurio es así”.
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Una órbita difícil de explicar
La órbita de Mercurio, a unos 60 millones de kilómetros del Sol, también plantea problemas. Según los modelos de formación planetaria, en esa región del sistema solar no debería haberse formado un planeta con estas características.
Los sistemas planetarios se originan a partir de discos de gas y polvo alrededor de estrellas jóvenes. En ese proceso, los planetas crecen al acumular material cercano. Sin embargo, Mercurio está demasiado separado de Venus y demasiado cerca del Sol como para encajar en estos modelos.
“Es un dolor de cabeza”, resume el científico planetario Sean Raymond. “Terminas con cero Mercurios”.
Mercurio es el segundo planeta más denso del sistema solar. Foto:iStock
Las primeras pistas: Mariner 10 y Messenger
Las dudas sobre Mercurio comenzaron a profundizarse tras los sobrevuelos de la sonda Mariner 10 en 1974 y 1975, que permitieron medir por primera vez su gravedad y deducir su estructura interna.
Décadas después, la misión Messenger, que orbitó Mercurio entre 2011 y 2015, añadió nuevas sorpresas. A pesar de las temperaturas extremas —hasta 430 °C de día y -180 °C de noche—, la sonda detectó elementos volátiles como potasio y torio en la superficie, además de cloro y hasta hielo de agua en cráteres polares permanentemente en sombra.
Estos hallazgos son difíciles de explicar, ya que esos materiales deberían haberse evaporado hace miles de millones de años debido a la intensa radiación solar.
La teoría del impacto gigante
La explicación más aceptada actualmente es que Mercurio fue alguna vez mucho más grande, quizá cercano al tamaño de Marte, y que un impacto colosal ocurrido en sus primeros 10 millones de años le arrancó gran parte de su manto y corteza, dejando expuesto un núcleo rico en hierro.
“La interpretación general es que Mercurio sufrió un impacto gigante que le quitó la mayoría del manto”, explica Alessandro Morbidelli, del Observatorio Côte d’Azur.
Sin embargo, esta hipótesis enfrenta problemas importantes. Para despojar tanto material, el impacto habría requerido velocidades superiores a 100 kilómetros por segundo, algo poco probable en un sistema donde los cuerpos se mueven en direcciones similares. Además, un choque de ese tipo debería haber eliminado los elementos volátiles, que hoy siguen presentes.
Mercurio fue alguna vez mucho más grande. Foto:iStock
¿Mercurio fue el impactado o el impactador?
Una variante de esta teoría sugiere que Mercurio no fue la víctima, sino el proyectil: podría haberse estrellado contra otro planeta, como Venus, antes de terminar en su órbita actual.
“Es más fácil explicar a Mercurio como el que impactó y no el que fue impactado”, afirma Olivier Namur, geólogo planetario de la Universidad Católica de Lovaina.
Aun así, esta idea tampoco explica completamente por qué los restos del impacto no regresaron al planeta ni formaron lunas, algo llamativo considerando que Mercurio no tiene satélites naturales.
Pulverización de colisión y pérdida de material
Otra posibilidad es la llamada pulverización de colisión, un proceso en el que los fragmentos expulsados por impactos se trituran progresivamente hasta convertirse en polvo fino, que luego es arrastrado por el viento solar.
“Terminas con un Mercurio que es más pequeño y también más denso”, explica Jennifer Scora, experta en formación planetaria de la Universidad de Toronto. Sin embargo, el ritmo de pulverización necesario sería extremadamente alto.
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Formación en un entorno extremo cerca del Sol
Algunos científicos plantean que Mercurio se formó directamente en una región muy caliente del disco protoplanetario, donde la radiación solar habría evaporado los materiales más ligeros, dejando solo componentes ricos en hierro.
“Así se podría conformar un planeta rico en hierro”, sostiene Anders Johansen, de la Universidad de Lund. El problema es que, en ese escenario, Mercurio debería haber seguido creciendo, algo que no ocurrió.
Super Mercurios y planetas similares en otras estrellas
En otros sistemas estelares se han detectado planetas conocidos como Super Mercurios: mundos muy densos y ricos en hierro, incluso más grandes que la Tierra. Se estima que podrían representar entre el 10 % y el 20 % de los planetas conocidos en la galaxia.
“Son incómodamente comunes”, señala Saverio Cambioni, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, lo que sugiere que procesos similares al de Mercurio podrían no ser tan raros.
Migración planetaria: Mercurio quedó atrás
Otra hipótesis propone que los planetas interiores no se formaron donde están hoy. En este modelo, Mercurio, Venus y la Tierra se originaron más cerca unos de otros y luego migraron. Debido a su menor masa, Mercurio habría quedado rezagado, sin suficiente material para crecer.
“Mercurio queda fuera de la acción y se queda sin material”, explica Matt Clement, de la Universidad de Oxford.
¿Un núcleo desnudo de un gigante gaseoso?
Una idea más extrema plantea que Mercurio podría ser el núcleo expuesto de un planeta gigante similar a Júpiter, cuya atmósfera fue arrancada. Sin embargo, esta hipótesis es considerada poco probable debido a la enorme gravedad de los planetas gaseosos.
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BepiColombo: la misión clave
La misión BepiColombo, lanzada en 2018 por la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), entrará en órbita alrededor de Mercurio en noviembre de 2026, tras un retraso por problemas en los propulsores.
Las dos naves estudiarán la composición de la superficie, la gravedad y el débil campo magnético del planeta. También buscarán pistas sobre la presencia y origen de los elementos volátiles.
“Conocer la composición del núcleo ayudará a reconstruir el origen de Mercurio”, afirma Tosi.
A pesar de estar muy cerca del Sol y soportar temperaturas extremas de hasta 430 °C durante el día. Foto:istock
Un planeta oscuro y en contracción
Las imágenes ya enviadas por BepiColombo muestran una superficie marcada por cráteres y antiguos flujos de lava. Grandes zonas lisas indican inundaciones volcánicas ocurridas hace unos 3.700 millones de años.
Además, Mercurio refleja solo dos tercios de la luz que refleja la Luna, lo que sugiere que su superficie podría estar cubierta de materiales oscuros como grafito. Las arrugas visibles en su superficie indican que el planeta se ha ido contrayendo durante miles de millones de años al enfriarse.
La búsqueda de muestras y meteoritos de Mercurio
Aunque no hay planes inmediatos para aterrizar en Mercurio, los científicos consideran que traer muestras sería la forma definitiva de resolver el misterio.
“Lo que realmente queremos es una muestra de Mercurio”, afirma David Rothery, de la Open University.
Mientras tanto, algunos investigadores estudian meteoritos raros llamados aubritas, que podrían ser fragmentos de un proto Mercurio. Camille Cartier, de la Universidad de Lorraine, lidera un análisis de unas 20 muestras para evaluar esta posibilidad.
Un enigma que persiste
Pese a décadas de observaciones y modelos, no existe consenso sobre el origen de Mercurio. ¿Es el resultado de una colisión extrema, de migraciones planetarias o de procesos comunes en la formación de planetas?
“Tal vez Mercurio no es un objeto tan raro y es el resultado natural de la formación planetaria”, propone Tosi.
El Comercio (Perú) / GDA.
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de El Comercio -(GDA), y contó con la revisión de la periodista y un editor

















