La organización interna del reloj biológico continúa revelando dinámicas antes no documentadas. Un artículo publicado en Current Biology el 1 de diciembre de 2025 presenta evidencia detallada de que ciertas neuronas del sistema circadiano en Drosophila melanogaster experimentan remodelaciones diarias en su estructura más fina, un proceso que podría determinar cómo se comunican y coordinan los ritmos fisiológicos del organismo.
El equipo integrado por Juan I. Ispizua, Micaela Rodríguez-Caron, Francisco J. Tassara, Keun-Young Kim, Christian M. Carpio-Romero, Catalina Insussarry Perkins, Milagros Barzi, Miguel F. Vasquez, Celia N. Hansen, Julian Gargiulo, Ezio Rosato, Horacio O. de la Iglesia, Mark H. Ellisman y M. Fernanda Ceriani empleó reconstrucciones tridimensionales mediante microscopía electrónica para examinar, en tres momentos clave del ciclo diario, los terminales de neuronas centrales del reloj circadiano.
Los autores informaron que las varicosidades —estructuras que concentran componentes esenciales para la comunicación neuronal, como zonas activas, vesículas de núcleo denso y mitocondrias— funcionan como unidades organizacionales de esta plasticidad. Según el estudio, el número de varicosidades fluctúa a lo largo del día, al igual que la cantidad de zonas activas, la acumulación de vesículas densas en distintos estados y las características de las mitocondrias, incluyendo su forma y tamaño.
El análisis plantea que estas transformaciones sugieren una interacción entre la plasticidad estructural y funcional que no había sido identificada en investigaciones previas. Los autores proponen que las variaciones en las varicosidades presinápticas modulan la influencia que ejercen neuronas específicas sobre la red circadiana, lo que podría explicar ajustes diarios en la conectividad y la transmisión de señales.
Según la descripción del artículo, las conclusiones se basan exclusivamente en las reconstrucciones obtenidas por microscopía electrónica y se enmarcan en la continuidad de un preprint publicado en bioRxiv en febrero de 2025, al cual la revista indica como versión previa.
Los investigadores destacan que, dada la conservación evolutiva de los mecanismos temporales, estos cambios ultracelulares podrían encontrarse también en otros organismos con relojes circadianos, abriendo nuevas líneas para comprender cómo se articula la sincronización interna en diferentes especies.
















