Colombia atraviesa un cambio silencioso pero profundo que ya comienza a sacudir los cimientos de su sistema educativo. La caída sostenida de la natalidad, sumada a los altos niveles de deserción escolar, proyecta un escenario claro: en los próximos años habrá menos niños entrando a las aulas, menos estudiantes matriculados y un sistema educativo obligado a reducirse y reorganizarse.
Número de nacimientos y variación porcentual en Colombia Foto:DANE, Estadísticas Vitales. pr: cifras preliminares
Según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la natalidad en Colombia cayó un 37 % entre 2008 y 2024, alcanzando mínimos históricos. La tendencia no se detuvo en 2025: en el año corrido, los nacimientos continúan disminuyendo frente al mismo periodo del año anterior, confirmando que no se trata de una fluctuación coyuntural, sino de un cambio estructural.
Este fenómeno no solo anticipa un país con menos niños, sino una crisis de sostenibilidad educativa que ya empieza a manifestarse en cierres de jardines, colegios y, más recientemente, en una fuerte caída de matrículas universitarias.
Un fenómeno global, con efectos locales
Para Juan Andrés Castro Tobón, demógrafo y profesor de la Universidad Externado de Colombia, la caída de la natalidad no es exclusiva del país. “Este es un fenómeno global. Europa viene atravesando procesos de reducción de la fecundidad desde hace décadas y ahora América Latina está viviendo esa transición de manera mucho más acelerada”, explica.
Juan Andrés Castro Tobón, demógrafo y profesor de la Universidad Externado de Colombia Foto:Cortesía
Mientras en Europa este proceso tomó cerca de 200 años, en América Latina se está dando en apenas 60 o 70 años, lo que intensifica sus impactos sociales, económicos y educativos. Colombia, según las proyecciones, alcanzará su punto máximo de población hacia 2050, para luego iniciar un proceso de decrecimiento.
Detrás de esta tendencia convergen múltiples factores. Castro señala la fragilidad del mercado laboral, la alta informalidad, el desempleo juvenil y la persistencia de los llamados ninis (jóvenes que no estudian ni trabajan) como elementos clave en la decisión de no tener hijos. A esto se suman cambios culturales profundos: nuevas prioridades vitales, mayor valoración de los proyectos personales y una distribución desigual de las labores de cuidado, que recae mayoritariamente sobre las mujeres.
“La decisión de tener hijos hoy no es solo económica; es profundamente social y cultural”, afirma el demógrafo. Además, décadas de políticas de educación sexual y reproductiva han reducido los embarazos no deseados, especialmente los adolescentes, un logro social que también incide en la caída de la natalidad.
LEA TAMBIÉN
Menos niños, menos colegios
Las consecuencias ya son visibles en el sistema educativo. “Hay y habrá menos niños entrando al sistema y, por tanto, menos demanda por cupos, aulas y docentes en varios territorios”, advierte Gloria Bernal, profesora del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana y directora del Laboratorio de Economía de la Educación.
Gloria Bernal, directora del Laboratorio de Economía de la Educación. Foto:Cortesía
Bernal señala que colegios oficiales y privados han cerrado por falta de matrícula, y alerta sobre un riesgo adicional: “la calidad cuesta, y algunos colegios de alta calidad también están en riesgo de desaparecer”.
El impacto será progresivo. Primero se sentirá en educación inicial, luego en primaria, secundaria y, finalmente, en la educación superior. “Es un efecto dominó”, explica la economista. Menos estudiantes obligarán a las instituciones a fusionar cursos, reducir plantas docentes o cerrar sedes.
Castro coincide en el diagnóstico y advierte que el impacto no se limita a la educación básica. “Hoy las universidades ya están viendo los efectos: hay bajas sensibles en la matrícula y, si esta tendencia continúa, muchas enfrentarán serios problemas de sostenibilidad”, señala.
Territorios desiguales, respuestas diferenciadas
Desde el trabajo en campo, el director Nacional de Fe y Alegría Colombia, Juan Manuel Montoya Parra, advierte que el país vive realidades demográficas profundamente distintas. Aunque la natalidad cae a nivel nacional, en los estratos más bajos la reducción es menor y en departamentos como Vichada, Chocó, Guainía y Guaviare, la tasa de natalidad sigue creciendo.
Director Nacional de Fe y Alegría Foto:Cortesía
“Esto demuestra que cualquier política pública debe reconocer las diferencias territoriales y sociales”, señala. En ciudades principales, el impacto será más severo. Proyecciones de Fe y Alegría, con base en datos del Dane, indican que en Bogotá, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga la reducción de nacimientos podría superar el 50 % hacia 2030.
Solo en Bogotá, advierte Montoya, más de 100 colegios privados y cerca de 90 públicos podrían cerrar hacia 2035 por falta de estudiantes. Un escenario que pondría en jaque el equilibrio entre oferta y demanda educativa y afectaría directamente la calidad del sistema.
La deserción agrava el panorama
A la baja natalidad se suma un problema histórico: la deserción escolar. “De cada 100 niños que entran a primero, solo cerca de la mitad se gradúa de grado once”, recuerda Gloria Bernal. Para Fe y Alegría, la deserción ocurre cuando el sistema educativo no acompaña de forma integral al estudiante y desconoce las condiciones reales de su entorno.
La movilidad laboral, la migración, la pobreza y la violencia empujan a miles de jóvenes fuera del aula. Frente a esto, la organización ha desarrollado modelos de acompañamiento que involucran a estudiantes, familias y docentes, con presencia directa en los territorios para evitar que más niños abandonen la escuela.
¿Crisis irreversible u oportunidad?
Aunque el panorama es complejo, los expertos coinciden en que el fenómeno no debe leerse solo como una crisis. “La transformación demográfica no es de corto plazo y no se revierte con decretos”, señala Juan Andrés Castro. Sin embargo, considera que no es necesariamente irreversible si existen cambios culturales y condiciones sociales favorables.
Para Gloria Bernal, la caída de la natalidad también abre una oportunidad: mejorar la calidad educativa. Menos estudiantes permitirían grupos más pequeños, jornadas completas, mayor acompañamiento pedagógico y un fortalecimiento real de la educación inicial, siempre que exista buena gestión y recursos suficientes.
Desde Fe y Alegría, además, se advierte un cambio clave en la estructura poblacional: «mientras disminuye la población de 0 a 14 años, crece el grupo entre 15 y 64 años. Esto plantea la necesidad de fortalecer la formación para el trabajo y desarrollar nuevos modelos de educación para adultos y, en el futuro, para el adulto mayor».
LEA TAMBIÉN

Un sistema que debe anticiparse
Colombia enfrenta una transformación demográfica que ya está en marcha. Menos nacimientos hoy significan menos estudiantes mañana. La pregunta no es si el sistema educativo cambiará, sino si el país está preparado para anticiparse a ese cambio.
En un contexto donde cada estudiante cuenta, la falta de planificación podría dejar un sistema sobredimensionado, desigual y financieramente inviable. Anticiparse no es una opción técnica: es una decisión política y social que definirá el futuro de la educación en Colombia.
Samuel Amisadai Rosales Rosales – Redacción Educación

















