A la investigadora colombiana Maria Ximena Quintanilla (41 años) la mueve la curiosidad por entender cómo los alimentos pueden transformar la salud pública. Profesora titular e investigadora de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Sabana, su trabajo ha estado enfocado en el desarrollo de alimentos funcionales, esos que se desarrollan en el laboratorio para incorporarles compuestos biológicamente activos que aportan beneficios adicionales al organismo.
LEA TAMBIÉN
A través de técnicas de micro y nanoencapsulación, Quintanilla ha aportado soluciones innovadoras para que estos componentes lleguen protegidos y cumplan su función en el cuerpo.
“Al estudiar estos aspectos, buscamos no solo innovar, sino también garantizar un acceso equitativo a alimentos saludables, lo que beneficia a todos, especialmente a comunidades vulnerables, para que a través de mejores productos democraticemos la nutrición”, dice. Su trayectoria, además, se ha construido desde el trabajo en equipo, con estudiantes y colegas en redes de investigación interdisciplinarias.
Este camino, fue reconocido recientemente con el premio a la investigadora más innovadora en los Premios de Innovación INNpacta 2025, que se suma a una hoja de vida excepcional: Quintanilla cuenta con un doctorado en Ciencias de Alimentos en México, recibió el premio al mejor desempeño académico de su promoción, ha desarrollado estancias de investigación en centros de excelencia como el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad de Massachusetts y tiene en su haber más de ocho patentes, lo que le ha valido el ser incluída en el top 10 de mujeres inventoras del país, según la Superintendencia de Industria y Comercio.
En entrevista con EL TIEMPO, la doctora Quintanilla habla sobre el potencial de desarrollar alimentos que nos ayuden a cuidar nuestra salud -que pueden ir desde una galleta que nos ayude a regular la insulina a un pan que nos nutra más-, sobre los retos para la innovación en Colombia y su pasión por la ciencia.
¿Qué la llevó a interesarse por la ciencia?
Estudié Ingeniería de Producción Agroindustrial —hoy Ingeniería de Bioproducción— porque desde muy joven me enamoré de los materiales biológicos y de la idea de transformarlos en algo útil para la gente. Durante la carrera descubrí que la investigación me apasionaba, así que hice mi práctica en un centro de desarrollo de productos bióticos en México. Allí me ofrecieron una beca para hacer el doctorado en Ciencias de Alimentos, que empecé a los 22 y terminé a los 26, trabajando en tecnologías de micro y nanoencapsulación para proteger compuestos y asegurar que llegaran al punto exacto donde debían hacer efecto.
Al terminar, la Universidad de La Sabana —donde me había graduado— me invitó a volver como profesora. Desde entonces he podido trabajar con la industria y aplicar lo aprendido, combinando investigación con soluciones reales. Durante la pandemia decidí complementar mi formación con una maestría en innovación y emprendimiento, para entender cómo llevar al mercado lo que hacíamos en el laboratorio, siempre con una mirada de impacto social.
¿Cómo podemos entender qué es un alimento funcional?
Un alimento funcional es aquel que tiene un efecto positivo en la salud más allá de aportar energía. Por ejemplo, un pan tradicional te da calorías y saciedad. Pero si a ese pan se le incorporan probióticos que ayudan a regular el colesterol, entonces ya tiene un beneficio adicional. Lo mismo con galletas diseñadas con fibras o proteínas que regulan la respuesta glicémica o evitan picos altos de insulina.
María Ximena Quintanilla. Foto:U. de la Sabana
En ese campo, ¿qué desarrollos ha logrado su grupo de investigación?
Muchos. Por ejemplo, hemos aislado microorganismos con potencial hipocolesterolémico —es decir, que ayudan a regular el colesterol— a partir de suero costeño colombiano. Ese microorganismo lo hemos incorporado en pan, chocolates, queso y bebidas, pero para que sobreviva a la temperatura o al pH del estómago, debemos encapsularlo.
También desarrollamos un polvo que modula la microbiota de niños con autismo. Diseñamos encapsulados que se pueden añadir al pan, al arroz o a los alimentos que el niño acepta, para promover microorganismos buenos. Ya lo probamos en modelos in vitro y en ratones, y vemos mejoras en la diversidad de su microbiota y hasta en su comportamiento.
¿Estos productos ya se han escalado?
Sí. En 2019 nos ganamos una convocatoria para validar el escalado industrial y comprobamos que funcionan a mayor volumen, a través de una maquila. Ahora estamos buscando constituir una spin-off para comercializarlos.
LEA TAMBIÉN

¿De qué se trata Infood, la spin-off que están proyectando?
Infood busca diseñar aditivos funcionales para mejorar la salud del consumidor. Será una empresa B2B: venderíamos estos aditivos a marcas de alimentos para que los incorporen en sus productos, con el fin de que una arepa, un pan o una bebida tengan probióticos o aceites con mejor perfil nutricional. Y queremos hacerlo a bajo costo, con producción nacional, para democratizar la nutrición.
Hoy muchos aditivos se importan, y Colombia tiene capacidad para producirlos. Ya tenemos la marca registrada, algunas ventas piloto y validaciones, pero falta la constitución formal. Esperamos lograrla en 2026.
Usted es una de las mujeres con más patentes en Colombia. ¿Cómo ha sido ese proceso?
Creo que tengo ocho, quizá nueve. Hemos hecho varias solicitudes. Pero nunca voy sola: todas las patentes se construyen con estudiantes y colegas. Este es un trabajo en red, de gente enamorada de la investigación.
¿Cómo ve el panorama de la innovación en Colombia?
Siento que necesitamos creer más en la innovación nacional. Muchas grandes compañías trabajan con laboratorios internacionales, y la inversión termina teniendo un componente externo. Hay que fortalecer la relación universidad–empresa y creer en la cocreación. Y no desanimarse. Hay que buscar recursos nacionales e internacionales para poder escalar.
¿Qué es innovación para usted?
Es el desarrollo de una idea que logra un grado de aceptación en el mercado. Y mercado no solo es vender: es que alguien crea en la idea y esté dispuesto a apostar por ella. Incluso cuando una revista acepta un artículo novedoso, ya comienza un proceso de innovación.
LEA TAMBIÉN

En su opinión, ¿cómo está Colombia en materia de ciencia?
Invertimos muy poco. El tema de regalías es triste porque se concursan proyectos complejos y no se asignan los recursos. Eso afecta el ánimo, el tiempo y la capacidad de avanzar. Necesitamos más agilidad y mayor inversión. “
¿Cómo ha sido abrirse camino como mujer científica?
Nunca me he sentido menos capaz por ser mujer. He sido afortunada. Ha sido duro en mis pospartos porque dejo de hacer cosas, pero también son etapas creativas que me han permitido ser más empática.
¿Qué significó recibir el premio INNpacta 2025?
Me hace muy feliz. Es un premio a mucha gente, aunque lleve mi nombre. Genera credibilidad, motiva a mis estudiantes y a mis colegas. Sé que muchos de ellos llegarán más lejos que yo. Y espero que este reconocimiento nos abra puertas para seguir materializando lo que queremos hacer con Infood y diseñar productos que realmente ayuden a la sociedad.
ALEJANDRA LÓPEZ PLAZAS
REDACCIÓN CIENCIA
@malelopezpl

















