Con el inicio del año, enero se ha convertido en el mes de la llamada “culpa gastronómica”. Después de los excesos propios de las celebraciones decembrinas, miles de personas buscan fórmulas rápidas para “reiniciar” el cuerpo, lo que ha disparado el consumo de productos laxantes, tés diuréticos y las denominadas “limpiezas hepáticas”. Sin embargo, esta tendencia, cada vez más visible, genera una fuerte preocupación en la comunidad médica, que advierte sobre los riesgos de someter al organismo a prácticas agresivas y sin respaldo científico.
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Especialistas en gastroenterología coinciden en que el cuerpo humano no necesita ayudas externas para desintoxicarse y que, por el contrario, el uso indiscriminado de estos productos puede desencadenar trastornos gastrointestinales de consideración. Así lo explica el Dr. Alejandro Concha, jefe del Servicio de Gastroenterología de la Clínica del Country y presidente de la Asociación Colombiana de Gastroenterología, quien desmitifica la supuesta necesidad fisiológica de las llamadas limpiezas.
“Hay una falsa creencia de que el organismo acumula toxinas como si fuera el filtro sucio de una aspiradora que hay que sacudir. Eso no funciona así. Si usted tiene un hígado y dos riñones que funcionan, usted ya está en detox las 24 horas del día”, afirma el especialista. Según Concha, pensar que un jugo verde, un laxante o un producto comercial puede hacer un mejor trabajo que estos órganos vitales es “subestimar la biología humana”. Para el médico, el enfoque correcto no es “limpiar” el cuerpo con sustancias milagrosas, sino dejar de sobrecargarlo con hábitos nocivos.
Estas prácticas, populares tras las celebraciones de fin de año, pueden arrasar la flora intestinal. Foto:iStock
El alto costo de la “limpieza” rápida
Uno de los principales efectos adversos que los gastroenterólogos están observando durante el primer trimestre del año es la llegada a consulta de pacientes con desequilibrios severos derivados de dietas restrictivas y del uso de laxantes. Lo que muchas personas interpretan como una pérdida de peso rápida y exitosa suele ser, en realidad, un cuadro de deshidratación potencialmente peligroso.
“El riesgo inmediato es la deshidratación y la alteración de los electrolitos, lo cual puede generar mareos y fatiga”, advierte el Dr. Concha. No obstante, el daño que más preocupa a los especialistas es menos visible, pero más profundo: el impacto sobre la microbiota intestinal. “Al tomar un laxante, usted no solo expulsa desechos, también arrasa con las bacterias buenas que defienden su intestino. Esto debilita su sistema inmune y puede dejarlo con un intestino irritable o distensión abdominal crónica”, explica.
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El riesgo no se limita únicamente a la deshidratación o al desequilibrio de la flora intestinal. El especialista señala que, por las características propias de algunas de las sustancias utilizadas en estos productos, existe incluso la posibilidad de desarrollar hepatitis tóxicas agudas, fallas hepáticas o daños renales, cuadros que pueden tener consecuencias graves. A largo plazo, el abuso de laxantes con la idea de “bajar la inflamación” también puede provocar pseudomelanosis coli, una pigmentación anormal del colon asociada al uso crónico de estas sustancias.
Frente a este panorama, la recomendación desde la gastroenterología es clara: alejarse de las soluciones rápidas y envasadas, y volver a los principios básicos de la fisiología. Para quienes se sienten pesados o inflamados tras las fiestas, el camino no es castigar al organismo, sino darle las herramientas para que se autorregule de manera natural.
La comunidad médica insiste en que no existen productos milagro. Foto:iStock
“No necesita tomar nada extra; solo necesita dejar de consumir lo que le inflama, como alcohol, azúcares refinados y grasas saturadas, por un tiempo prudente”, señala el Dr. Concha. El especialista resume la estrategia de recuperación en tres pilares fundamentales. El primero es la hidratación real: beber agua, a la que define como el único “solvente” que ayuda efectivamente al riñón a filtrar mejor la sangre.
El segundo es el consumo adecuado de fibra, a través de frutas enteras y verduras, que actúa como un “cepillo natural” que favorece el tránsito intestinal sin agredir las paredes del intestino, a diferencia de los laxantes. El tercero es la paciencia metabólica: permitir que el hígado se regenere solo mediante el descanso digestivo y una dieta balanceada, sin recurrir a ayunos extremos.
Para los especialistas, comenzar el año de manera saludable pasa por entender que el bienestar digestivo no se consigue con atajos, sino con hábitos sostenidos que respeten el funcionamiento natural del cuerpo.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medioambiente y Salud
@CaicedoUcros
















