Un fármaco destinado a aumentar a líbido en las mujeres menopáusicas fue aprobado por las autoridades sanitarias de Estados Unidos después de varios debates y discusiones, después de comprobar que esta píldora puede tomarse una vez al día por mujeres de más de 65 años.
La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en Inglés) amplió el uso de este fármaco a mujeres mayores que están y ya pasaron por la menopausia. Esta píldora se llama Addyi, y hace 10 años fue la primera vez que se aprobó, pero en ese entonces era solo para mujeres premenopáusicas que tenían una disminución del líbido.
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Los efectos secundarios
La menopausia comienza a manifestarse en las mujeres a partir de los 50 años. Foto:iStock
En un principio, el medicamento tenía efectos secundarios como mareos y náuseas, lo que impidió que no tuviera tanto éxito como se esperaba, además de que no se podía mezclar con alcohol porque eso podía causar presión arterial y desmayos. Por todos estos efectos adversos, entre los que también estaban las afectaciones al estado de ánimo y al apetito, las ventas fueron limitadas. Es en el 2019 que la FDA aprobó un segundo medicamento para combatir el bajo deseo sexual femenino, que es una inyección que actúa sobre sustancias químicas neurológicas.
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Cindy Eckert, directora ejecutiva de Sprout, aseguró en un comunicado que esta aprobación es el resultado de más de diez años de trabajo continuo con la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA), orientado a cambiar de fondo la forma en que se entiende y se le da prioridad a la salud sexual de las mujeres. La empresa, con sede en Raleigh, Carolina del Norte, informó sobre la decisión del regulador el pasado lunes 15 de diciembre a través de un comunicado de prensa.
Un debate sobre el medicamento
Son muchos los cambios a los que se enfrentan a las mujeres durante esta etapa de la vida. Foto:iStock
El trastorno del deseo sexual hipoactivo fue identificado por primera vez en la década de 1990 y, de acuerdo con estudios y encuestas, afecta a una proporción considerable de mujeres en Estados Unidos. Luego del éxito comercial del Viagra para el tratamiento de la disfunción sexual masculina en esos años, la industria farmacéutica comenzó a destinar mayores recursos a la investigación de alternativas terapéuticas para los problemas de deseo sexual femenino.
La identificación clínica de esta condición no es sencilla, pues hay un montón de factores que influyen en el deseo sexual, pero todo se vuelve más difícil tras la menopausia, etapa en la que la reducción de las hormonas provoca distintos cambios fisiológicos y la aparición de síntomas médicos. Se supone que los profesionales de la salud deben evaluar y descartar previamente otras causas, como conflictos de pareja, enfermedades de base, cuadros depresivos u otros trastornos de salud mental, antes de indicar un tratamiento farmacológico.
Además, el diagnóstico sigue siendo objeto de debate. Algunos especialistas en psicología cuestionan que la disminución del deseo sexual deba abordarse como una patología médica.
Antes de recibir luz verde en 2015, la FDA negó en dos ocasiones la aprobación de Addyi, argumentando que su efectividad era limitada y que presentaba efectos adversos relevantes. La autorización final llegó después de una intensa campaña de presión liderada por la compañía y por el movimiento Even the Score, que enmarcó la escasez de tratamientos para la libido femenina como una cuestión de derechos de las mujeres.
















