¿Cómo se escuchan las rocas? es una pregunta que probablemente no muchos se han hecho, sin embargo, cada sonido cuenta una historia y permite realizar descubrimientos que pueden cambiar el mundo. Esa es la premisa de Jorge Barco, quien nació en Fresno, Tolima, en la Cordillera Central de Colombia a 130 km de Ibagué. “Mi primer recuerdo de infancia fue la erupción del volcán en el 85, estaba yo muy pequeño. Fue un hecho ante todo sonoro, pero también muy geológico”, relata.
Jorge tiene una profesión singular, estudió artes, se formó en arte sonoro en Barcelona y se especializó en mezclar el arte con ciencia y tecnología. Su pasión está en aquello que no se ve, aunque inició su carrera en lienzos, ya no usa pinturas si no grabaciones para contar historias a través de paisajes sonoros. “Siempre me ha interesado trabajar con aquello que no se ve, con lo invisible, con lo que está ahí pero no percibimos”, cuenta. Este camino lo ha llevado al Pacifico Colombiano a escuchar ballenas, a México a capturar sonidos de meteoritos y la próxima semana a la Antártida a descubrir cómo se derrite un glaciar.
El artista tolimense trabaja con dispositivos electroacústicos para registrar paisajes sonoros. Foto:Cortesía Jorge Barco
Sin embargo cuando empezó a incursionar en este campo no tenía la tecnología necesaria para alcanzar a captar aquellos sonidos que tanto le intrigaban. Para su suerte, desde muy pequeño le gustaba fabricar cosas. Inventar. Desarmar. Fue así como la electrónica analógica, desde que tenía 11 años, se convirtió en una forma de escultura a través de los cables, los capacitores y las grabadoras. “Encontré que esa misma pasión por la pintura, esa plasticidad de los materiales, pues estaba presente en en el mundo de la electrónica, en soldar un capacitor, un potenciómetro, una placa, un chip” cuenta Jorge con un brillo en sus ojos.
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El primer viaje
Todo inició en México, hace siete años, con la misión de entender fragmentos de rocas espaciales a través de ondas que se transforman en sonidos. “Me fascinó mucho la idea de cómo suena un meteorito”, aseguró.
Esta travesía lo llevó en pandemia, cuando todo se detuvo, a convertir su casa en laboratorio. Y ese interés por escuchar lo geológico no se quedó en el espacio, bajó a la Tierra. Empezó a construir hidrófonos y geófonos —micrófonos especializados para registrar vibraciones del agua y de la tierra— que usualmente son costosos y están reservados para usos militares o científicos.
Magma es un hidrófono diseñado y construido en Colombia por Jorge Barco. Foto:Cortesía Jorge Barco
Los hizo a mano, de forma artesanal. Con prueba y error vio nacer a ‘Magma’, como él lo nombró, un hidrófono robusto pensado para grabación de campo. Barco lo compartió en internet sin demasiadas expectativas. Reveló los planos y materiales que hoy, más de 200 artistas e investigadores en distintos países usan para escuchar ríos, mares, glaciares, y suelos. “Yo lo compartí sin ninguna pretensión. Nunca pensé que otros artistas y científicos de tantos lugares fueran a usarlo”, asegura.
Para Jorge, el agua como archivo vivo, es su mayor pasión. “Me interesa mucho investigar los ríos, las quebradas y humedales por toda la problemática ecológica que estamos viviendo y entender cómo a través del sonido podemos explorar esos cuerpos de agua”.
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Escuchar ballenas en el Pacífico
En 2024 fue invitado por el colectivo Radio Montaña a realizar talleres en el Golfo de Tribugá, en el Pacífico colombiano. Una región donde se conecta la selva del Chocó con la visita anual de las ballenas jorobadas que migran cerca de 8.500 kilómetros desde la Antártida y la sub antártida para reproducirse.”Es un lugar exuberante que yo no había visitado por lo que me puse en la tarea de mejorar mis dispositivos con el propósito a un incierto de poder grabar las ballenas. El caso es que lo hemos logrado con mucho éxito y está abierto todo un campo de investigación. Que va más allá de lo artístico, que tiene que ver también con lo educativo”.
Desde ese momento y durante dos años seguidos ha empezado a desarrollar talleres con las comunidades locales que son aún muy dependientes de operadores turísticos en el turismo de ballenas, tratando de proponer un turismo sustentable basado en la escucha.”Yo pienso que estamos en un momento de poli crisis ambiental, social y cultural. De alguna manera eso tiene que ver con la vibración del mundo y con la forma de escuchar. Si logramos escuchar, grabar y amplificar esa fuerza sónica, por ejemplo, podríamos empezar a generar conciencia y hacer lo suficiente para reorientar el rumbo en que se está deteriorando el planeta”, reflexiona.
Ballenas jorobadas en Chocó Foto:Cortesía Jorge Barco
El momento más importante de su vida sucedió cerca de Playa Blanca, una isla pequeña próxima al corregimiento del Valle, en Bahía Solano. Barco estaba en una lancha, acompañado por biólogos marinos y líderes ambientales.
Y aunque trabajar en el mar no es fácil: el clima, las mareas, los costos y la tecnología está expuesta al error. Sostuvo la grabadora, sumergió el hidrófono y, casi de inmediato, el sonido apareció. Lloró de alegría, de alivio, el trabajo de tantos meses tenía una confirmación que servía de recompensa. La ballena no se veía, pero estaba ahí cantando. “Escuchar a una ballena por primera vez me cambió la vida”, me cuenta.
A diferencia de la mirada —rápida, invasiva, ansiosa— la escucha exige tiempo, permanencia y cuidado. En el Pacífico colombiano, Barco empezó a trabajar con comunidades locales y operadores turísticos emergentes. Para que cada vez sean menos lanchas persiguiendo ballenas y más personas aprendiendo a detenerse, a oír.
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En los talleres, niños que habían convivido toda su vida con las ballenas escucharon por primera vez su canto amplificado. “Para muchos niños era la primera vez que escuchaban una grabación de una ballena y es increíble porque las tienen ahí cada año a unos cuantos kilómetros de distancia o menos navegando en sus aguas, pero pocas veces se logra escuchar o amplificar este sonido”.
Los talleres son el primer acercamiento al canto de las ballenas y de convivir con ellas. Foto:Cortesía Jorge Barco
Seguir la ruta de las ballenas
Una vez completado el primer objetivo, seguir la ruta de las ballenas era el siguiente paso lógico. Y como las ballenas no se quedan en el Pacífico, si no que migran, seguirlas implicaba ir más lejos. Por lo que Barco presentó su proyecto ‘Resonancias’ a la convocatoria Arte en la Antártida, apoyada por la Comisión Colombiana del Océano y el Programa Antártico Colombiano.
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“El conocimiento del agua es muy bello, uno va al mar y uno escucha uno logra ver una partecita en los mares despejados, pero la mayoría del mar es muy oscuro, o sea que allí no se ve. Y la forma que han desarrollado las especies que habitan los mares ha sido ante todo acústica. Eso lo estamos descubriendo. La manera de ver allí es a través del sonido”, responde a la razón principal de su fascinación por estos estudios.
“Entonces, todo allí está sonando y emitiendo sonidos para comunicarse, para protegerse, porque no se puede ver. Ese mundo del sonido es un universo por explorar y por entender. Conocemos los cantos de ballena, de las orcas, de la ballena azul. De hecho, hoy en día hay muchos avances para entender temas de comunicación interespecie con inteligencia artificial”, continúa.
Para continuar con su investigación, la siguiente parada es la Antártida a 12,000 kilómetros de Medellín. El lugar, que para él, es un archivo congelado de miles de años de historia del mundo. “Uno de los experimentos que vamos a poner a prueba allí es grabar el derretimiento de los glaciares, las aguas y la geología del lugar en general. La Antártida se está derritiendo a una velocidad acelerada y es el motor del planeta. Entonces, estudiarla es muy importante”, asegura.
La escucha subacuática se ha convertido en una alternativa al turismo invasivo de avistamiento. Foto:Cortesía Jorge Barco
Para Jorge Barco, en un mundo saturado de imágenes, pantallas y ruido, su trabajo propone detenerse, afinar el oído y reconocer que todo vibra. Que el agua conecta territorios, especies y tiempos. Que las ballenas, los glaciares y los ríos cuentan historias antiguas que aún estamos aprendiendo a escuchar. Mientras se prepara para sumergir un hidrófono en las aguas heladas de la Antártida, Barco no busca sonar más fuerte, sino resonar con sus proyectos en la investigación de la naturaleza.
MARÍA CAMILA MONSALE MARTÍNEZ – ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO.

















