En el sur de Francia, en Saint Paul-lez-Durance, 33 naciones se han embarcado en lo que muchos científicos consideran el proyecto científico más importante de la historia humana: ITER, el reactor experimental termonuclear internacional que aspira a reproducir, en la Tierra, la energía que alimenta al Sol y a las estrellas. No se trata solo de una instalación de vanguardia, sino de un experimento monumental que podría transformar para siempre la forma en que el mundo produce energía.
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ITER, cuyo nombre significa “el camino” en latín, es descrito como uno de los proyectos energéticos más ambiciosos del planeta. Su corazón será el tokamak más grande jamás construido, una cámara de vacío toroidal rodeada por potentes campos magnéticos, diseñada para estudiar y demostrar que la fusión nuclear —la misma reacción que mantiene vivo al Sol— puede convertirse en una fuente de energía a gran escala, limpia y libre de carbono.
El reactor de tipo Tokamak es la columna de la fusión nuclear comercial. Foto:Istock
Una alianza planetaria para encender un “Sol” en la Tierra
Miles de ingenieros y científicos han participado en la concepción del proyecto desde 1985. Hoy, los siete miembros formales del programa —China, la Unión Europea, India, Japón, Corea, Rusia y Estados Unidos— sostienen una colaboración que abarca décadas y que reúne aproximadamente la mitad de la población mundial y el 73 % del PIB global.
A enero de 2025, además de los 27 países de la Unión Europea, participan activamente China, India, Japón, Corea, Rusia y Estados Unidos. Suiza, que había quedado como país tercero no asociado después de 2020, regresará al proyecto en 2026, mientras que el Reino Unido mantiene la ejecución de los contratos previos pese a que ya no concluye nuevos acuerdos con ITER tras su salida de Euratom. El proyecto también ha establecido acuerdos de cooperación con países como Australia, Kazajistán, Canadá y Tailandia, así como con casi cien organizaciones internacionales, universidades y laboratorios.
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La misión esencial de ITER es construir el primer reactor capaz de producir un plasma en combustión, es decir, un estado de la materia donde el calor generado por los núcleos de helio producto de la fusión permite mantener la temperatura del plasma sin necesidad de un aporte externo continuo. De lograrse, significará el salto científico que el mundo espera desde hace más de medio siglo.
ITER se erige como el proyecto que podría inaugurar una nueva era energética. Foto:ITER
Para ello, el tokamak de ITER tendrá un volumen de plasma cinco veces mayor al de cualquier dispositivo existente. Esa escala permitirá alcanzar condiciones sin precedentes, con temperaturas estimadas en 150 millones de grados Celsius, suficientes para que los isótopos de hidrógeno —deuterio y tritio— se unan y liberen energía.
La meta técnica es clara: generar 500 megavatios de potencia de fusión a partir de apenas 50 megavatios de potencia de calentamiento, un rendimiento diez veces superior, conocido como Q=10. El récord mundial, establecido por el tokamak europeo JET, es de 16 MW para un aporte de 24 MW.
ITER no producirá electricidad, pero su éxito será la señal definitiva para permitir la construcción de las primeras plantas de energía de fusión en el mundo.
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Además de demostrar el plasma en combustión, ITER probará tecnologías críticas para un futuro reactor comercial: imanes superconductores, mantenimiento remoto, diagnósticos avanzados, criogenia, sistemas de ciclo de combustible y módulos destinados a producir tritio dentro del propio reactor, un paso indispensable debido a la escasez global de este isótopo.
La seguridad también es un punto central. En 2012, ITER fue reconocido como instalación nuclear en Francia después de una rigurosa evaluación, y uno de sus objetivos operativos es demostrar que un reactor de fusión puede controlarse con consecuencias ambientales prácticamente nulas.
Desde 2010, la construcción avanza sobre un terreno de 42 hectáreas. El edificio central del tokamak fue entregado en 2020 e inmediatamente comenzó el ensamblaje de sus cerca de un millón de componentes.
En noviembre de 2024, el Consejo de ITER aprobó un nuevo plan de referencia que prioriza un inicio más robusto de las operaciones científicas. Así, la fase inicial —denominada Start of Research Operation— comenzará con plasmas de hidrógeno y deuterio-deuterio en 2034, seguida por la consecución de la energía magnética completa en 2036 y, finalmente, el inicio de las operaciones con deuterio-tritio en 2039.
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En el sur de Francia, 33 naciones construyen el tokamak más grande jamás intentado Foto:ITER
Si ITER tiene éxito, demostrará que es posible crear en la Tierra un proceso capaz de liberar la misma energía que impulsa al Sol: segura, prácticamente ilimitada y sin emisiones de carbono. Con ello, se abriría el camino para los primeros reactores de fusión comerciales, una transformación energética que podría redefinir el futuro de la humanidad.
ITER no es solo un experimento científico: es la ambición global de construir un nuevo tipo de civilización energética. Un intento, quizás único, de recrear en un laboratorio humano la energía que sostiene al universo.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medioambiente y Salud
@CaicedoUcros

















