Crónica de modas / Crónica de Marcy Ducray sobre el cambio de moda en los sobreros y peinados entre las mujeres de París en 1924

Marcy Ducray Crónica publicada el 26 de octubre de 1924 de autoría de Marcy Ducray, periodista sobre la escena cultural parisina […]

Crónica de modas / Crónica de Marcy Ducray sobre el cambio de moda en los sobreros y peinados entre las mujeres de París en 1924
Marcy Ducray

Crónica publicada el 26 de octubre de 1924 de autoría de Marcy Ducray, periodista sobre la escena cultural parisina en los años 20. 

La línea «directoria» resucita en los modelos de invierno y parece que será acogida con verdadero favor por las parisienses. Varias grandes costureras predicen la tendencia hacia el talle un poco más alto. Las telas para la nueva estación son ricas y de colores animados. El escocés ocupa un lugar muy importante en las colecciones para el invierno, algunas veces empleado solo, pero más generalmente combinado con telas unidas. El kasha que se lleva ahora más que nunca y que a la flexibilidad añade una gran solidez, presenta una variedad enorme en colores y combinaciones. Las otomanas de lana, de seda, o mezcladas gozan de gran favor para los vestidos de calle.

Los sombreros de forma también «directorio» que están reemplazando la forma «cloché», arrastrarán probablemente hacia ese estilo la modificación del conjunto.

Otra característica de la moda actual concierne las dimensiones de los sombreros: éstos se han reducido al extremo, y si las copas tienden a aumentarse en altura, los bordes persisten en disminuirse hasta volverse inexistentes. Se atribuye frecuentemente la boga del sombrero pequeño a la costumbre definitivamente establecida de bailar por las tardes. Pero quizá debe verse simplemente en esta moda, la continuación lógica del actual gusto por la silueta delgada, contribuyendo mejor que ningún otro, el sombrero pequeño a dar al conjunto ese aire un poco «garzoniér» que tanto gusta.

Los sombreros grandes, como las enormes capelinas que se llevaron tanto durante el verano, ya no se ven sino en escasísimo número, entre una multitud de sombreros pequeñísimos.

Dos tipos de adornos son los más usados; en primer término los «aigrettes» de plumas y en seguida las cintas, sobre todo las de terciopelo. Después vienen las pieles; la gran Casa Georgette mezcla mucho el fieltro con la piel, la pluma de avestruz y también algunos adornos en metal. Para las formas se emplean, la pana, el terciopelo en todos sus estilos, el raso, el gró de bordón grueso y el fieltro. Los sombreros negros son innumerables en comparación con los de color. Sin embargo, se nota el esfuerzo de las casas de modas para darle a los colores vivos, algo de su boga de la época pasada, particularmente a los tonos naranja y «llama»; un poco el gris y el lila. Se combinan, por ejemplo, dos tonos en color amarillo, con terciopelo negro o tres tonos en rojo; también con negro.

Dos influencias se manifiestan en cuanto a la forma; las de los periodos de Imperio y Directorio, a las cuales se les puede atribuir igualmente la tendencia marcada hacia las copas muy altas, tanto en las grandes casas de costura, como en las de sombreros, son las modas masculinas las que atraen la atención de los creadores para inspirarse en ellas.

Algunas modistas me han comunicado sus impresiones sobre la cuestión de los cabellos cortos: «Varias de nuestras clientas, me han dicho, habían recientemente dejado crecer sus cabellos lo suficiente para poderlos reunir en un microscópico bucle o moño sostenido por un alfiler de diamantes. Pero cuando se convencieron de que tenían que aceptar una copa más grande en los sombreros que deseaban que se les hicieran, sin vacilación renunciaron a su nuevo peinado y se hicieron cortar el cabello como antes». Esto comprueba la demostración hecha antes, de que mientras más pequeña sea la cabeza, mejor se adapta a nuestro ideal moderno en materia de siluetas, ideal que nos acerca a las antiguas estatuitas de Tanagra, si se hace referencia a las líneas, bien entendido.

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