La fibrosis postquirúrgica se ha convertido en uno de los temas que más preocupación genera entre quienes se someten a intervenciones estéticas como liposucción, lipoescultura o abdominoplastia. Aunque se trata de un proceso natural asociado a la cicatrización interna, su manifestación puede traducirse en irregularidades, durezas y adherencias que afectan la apariencia final de la zona operada. Frente a los temores habituales y a la necesidad de claridad sobre este fenómeno, el cirujano plástico Luis Devoz explica en detalle qué es la fibrosis, cómo se produce y de qué manera es posible prevenirla y tratarla oportunamente.
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Un posoperatorio adecuado es decisivo para prevenir complicaciones estéticas. Foto:Cortesía
Según el especialista, miembro de la American Society of Plastic Surgeons y de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica Estética y Reconstructiva (SCCP), la fibrosis no es un evento ajeno a la cirugía, sino parte de la reacción del cuerpo frente al trauma quirúrgico. Durante cualquier procedimiento que implique manipulación o extracción de grasa, el organismo activa su mecanismo de reparación, lo que incluye la producción de colágeno. Ese tejido cicatricial interno, cuando se genera de forma ordenada, acompaña la recuperación; pero si se produce en exceso, puede generar endurecimiento o irregularidades perceptibles bajo la piel.
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Devoz explica que este proceso tiene tres factores fundamentales. El primero es la respuesta inflamatoria, que corresponde a la fase inicial de curación. El segundo es la acumulación de líquido, ya que la inflamación y los seromas no drenados pueden favorecer la aparición de tejido cicatricial denso. El tercero es la predisposición individual, pues cada persona cicatriza de manera distinta y la respuesta interna es altamente particular. Esta suma de elementos determina qué tan marcada puede ser la fibrosis en cada paciente.
Textura dura, sensación de “cartón” y pequeños nódulos son señales de fibrosis en la recuperación. Foto:iStock
La forma en que se manifiesta también es reconocible para quienes han atravesado un posoperatorio. Entre los signos más comunes están la textura dura en la piel, descrita por muchos como una sensación de “cartón”; la aparición de nódulos o bultos internos; y la adherencia de la piel a planos profundos, que en casos avanzados genera la impresión de que la piel está “pegada”. Estos cambios suelen hacerse evidentes semanas o incluso meses después de la cirugía, lo que aumenta la incertidumbre de los pacientes que no saben si el proceso forma parte de la recuperación normal o si requiere intervención profesional.
Ante la pregunta de qué tanto debe preocupar la fibrosis, el cirujano es categórico al señalar que la clave no está solo en la técnica quirúrgica, sino en el cuidado posoperatorio. “La cicatrización y la inflamación interna en los tejidos es muy particular en cada paciente. También depende de la técnica que utilice el cirujano. Pero hay algo que sí puedes controlar como paciente: hacerte los posoperatorios adecuadamente”, afirma. Para el especialista, esta etapa posterior a la cirugía es decisiva para que el resultado estético sea estable y armonioso.
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Devoz también destaca el papel de las tecnologías empleadas tanto en el quirófano como en las fases posteriores. En la intervención, herramientas como Vaser —un sistema de liposucción que utiliza ultrasonidos— permiten optimizar la manipulación de los tejidos y disminuir el riesgo de fibrosis. Ya en el posoperatorio, equipos como Tensamax – Roma e Indiba se han convertido en aliados para modular la inflamación, mejorar la textura y favorecer la reorganización del colágeno. Estas tecnologías aplican calor o radiofrecuencia y contribuyen a que las fibras internas se ablanden y recuperen un comportamiento más uniforme.
Drenaje linfático y tecnologías de calor son esenciales para evitar un resultado estético adverso. Foto:iStock.
Sobre el tratamiento, el especialista señala tres pilares fundamentales. El primero es el drenaje linfático manual, considerado esencial para reducir la inflamación y evitar la acumulación de líquidos que estimula la formación de tejido cicatricial desordenado. El segundo es la aplicación de tecnologías especializadas que actúan sobre el colágeno interno y ayudan a mejorar la elasticidad y movilidad de los tejidos. El tercero es el uso continuo de la faja o prenda de compresión, una herramienta que contribuye a mantener la firmeza, controlar la inflamación y permitir que la piel se adhiera de manera uniforme durante la recuperación.
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El cirujano resume su posición en una frase que insiste en la responsabilidad compartida entre profesional y paciente: “Una buena liposucción no termina en el quirófano, sino en un posoperatorio bien cuidado”. Su mensaje apunta a reforzar la idea de que el éxito de una cirugía plástica no depende únicamente del acto quirúrgico, sino de un proceso integral que incluye preparación, técnica, acompañamiento y disciplina en el periodo posterior. En esa combinación, señala, está la diferencia entre un resultado satisfactorio y uno afectado por irregularidades que podrían evitarse.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medioambiente y Salud
@CaicedoUcros
















