Casi 2.000 años después de que una erupción del monte Vesubio destruyera y sepultara una vibrante ciudad romana, un grupo de investigadores está utilizando herramientas de arqueología digital para revelar una nueva dimensión de la “Pompeya perdida”.
La erupción del año 79 d.C. cubrió la ciudad con metros de ceniza, roca fundida y escombros. Mientras algunos habitantes lograron escapar, otros quedaron atrapados para siempre bajo el material volcánico. Desde 1748, las ruinas han ofrecido un retrato detenido en el tiempo que ha fascinado a arqueólogos y visitantes, pero no todo lo que conformó la ciudad logró preservarse.
A lo largo de siglos, las excavaciones han revelado edificios, frescos y objetos cotidianos, pero muchas estructuras, especialmente las superiores, se perdieron con el tiempo. Hoy, una combinación de teledetección, fotografía en corto alcance y métodos arqueológicos tradicionales está permitiendo reconstruirlas de forma no invasiva, revelando aspectos de Pompeya que se creían irrecuperables, como torres que alguna vez marcaron su horizonte urbano.
“Al reconstruir la arquitectura perdida, obtenemos una comprensión más matizada e históricamente precisa de la antigua ciudad”, explica la doctora Susanne Muth, coautora del estudio y profesora en la Universidad Humboldt de Berlín. Los resultados del proyecto Pompeii Reset, publicados recientemente en el E-Journal of the Excavations of Pompeii, incluso podrían transformar la manera en que imaginamos la ciudad romana.
La iniciativa surgió en 2022, cuando Muth visitó Pompeya con un grupo de estudiantes y observó los esfuerzos del Parque Arqueológico por preservar el sitio en medio del clima cambiante.
Propuso entonces una reconstrucción digital que permitiera proteger y estudiar la arquitectura sin intervenir físicamente las frágiles ruinas. El parque se asoció con la Universidad Humboldt, reconocida por su enfoque en arqueología digital y proyectos como la reconstrucción virtual del Foro Romano.
El equipo emplea escaneos LiDAR, fotografía detallada y drones para capturar cada milímetro de los edificios. Con estos datos crean modelos 3D que revelan pistas invisibles a simple vista: agujeros en las paredes que delatan vigas desaparecidas, conexiones entre pisos ahora inexistentes o escaleras que alguna vez conectaron varias plantas.
Los modelos digitales muestran que, tras la erupción, los habitantes regresaron a las ruinas algunas décadas después. “La capa de escombros alcanzó unos cinco metros, pero aún podían verse los pisos superiores sobresaliendo en un paisaje gris”, cuenta Gabriel Zuchtriegel, coautor del estudio y director del Parque Arqueológico.
Los antiguos primeros pisos se convirtieron en sótanos donde se instalaron hornos, molinos y chimeneas. Este asentamiento secundario, sin embargo, también desapareció tras una nueva erupción en el siglo V.
Al comenzar las excavaciones en el siglo XVIII, la planta baja seguía en gran parte intacta, pero los pisos superiores habían desaparecido casi por completo. Durante mucho tiempo, estos niveles perdidos se consideraron poco relevantes: se pensaba que allí vivían esclavos o ciudadanos pobres. Sin embargo, nuevas evidencias sugieren que incluso las familias acomodadas usaban estos espacios, donde aparecieron restos de muebles lujosos.
Uno de los hallazgos más sorprendentes proviene de la Casa del Tiaso, una residencia recién excavada. Allí, una monumental escalera de piedra llevaba a un segundo piso, y las marcas en las paredes indican que existió una segunda escalera de madera que ascendía aún más.
Anfiteatro romano en Pompeya. Foto:Angie Rodríguez – El Tiempo.
La vivienda, una de las más lujosas de Pompeya, incluía grandes salones decorados para banquetes, un patio ajardinado y un complejo privado de baños. Las torres eran comunes en villas campestres romanas, donde se usaban para celebrar banquetes con vistas al paisaje o incluso para observar las estrellas, una práctica ligada a la popular astrología romana.
Plinio el Joven describió una estructura similar en su villa, y la tradición cuenta que Nerón observó el incendio de Roma desde una torre en los Jardines de Mecenas.
Los arqueólogos jamás habían buscado torres dentro de las ciudades romanas porque se asumía que las casas urbanas se extendían horizontalmente y no verticalmente, en parte debido a regulaciones religiosas que evitaban que edificaciones privadas bloquearan las líneas de visión de templos y sacerdotes. Por eso, la presencia de una torre en una residencia urbana es un hallazgo sin precedentes.
“Estos descubrimientos sugieren que existieron torres como elemento de lujo también en las ciudades, imitando la arquitectura de las villas y proyectando el estatus de sus dueños”, añade Muth. Para Marcello Mogetta, arqueólogo de la Universidad de Missouri, la reconstrucción digital desafía incluso la idea de que las torres en pinturas murales eran meras fantasías: podrían haber reflejado la arquitectura real.
El proceso es meticuloso y se asemeja a una investigación policial. Cada escaneo, fotografía y medición se integran en un modelo digital que actúa como un “gemelo virtual” de la estructura. A partir de él, los arqueólogos reinsertan vigas, escaleras o techos desaparecidos, basándose en analogías con otras edificaciones pompeyanas.
Los modelos 3D ofrecen una precisión absoluta, imposible en los tradicionales dibujos bidimensionales. Además, gracias a tecnologías heredadas del mundo de los videojuegos, los investigadores pueden crear recorridos virtuales para explorar cómo se vivían los banquetes, la vida doméstica o incluso las duras condiciones laborales de la panadería de esclavos contigua.
Aun así, queda una gran incógnita: ¿había más torres en Pompeya? El equipo de Pompeii Reset continúa buscando rastros de pisos superiores en otras zonas de la ciudad. Las torres, explica Mogetta, eran una ingeniosa manera de obtener vistas, simbolizar poder y destacar en el paisaje urbano.
La mayoría de las ciudades antiguas no sobreviven más allá de cimientos dispersos. Pompeya, en cambio, ofrece una oportunidad única para reconstruir cómo era la silueta urbana en distintas épocas. Ejemplos de otras culturas, como las ciudades llenas de torres de la Italia medieval o las viviendas superpuestas de Çatalhöyük, donde se accedía por los techos, muestran que los horizontes urbanos antiguos eran más altos de lo que las ruinas conservadas sugieren.
También se conservaron cornisas ornamentadas bajo los escombros volcánicos. Foto:BBC/TONY JOLLIFFE
“Sabemos que los asentamientos del pasado debieron tener horizontes más elevados de lo que hoy podemos ver, y el mundo romano no es la excepción”, afirma Daniel Diffendale, investigador de la Scuola Normale Superiore de Pisa.
Gracias a la arqueología digital, la Pompeya que se levanta ahora no es solo la ciudad congelada tras la erupción del año 79, sino una Pompeya multiestratificada, compleja y más humana.
Una ciudad que vuelve a crecer, al menos digitalmente, para ayudarnos a comprender cómo vivían quienes la habitaron hace casi dos milenios.

















