El mapa del Tercer Reich, tal como se conocía hasta ahora, quedó desbordado por la evidencia histórica. Una investigación académica que comenzó con una estimación de unos 7.000 sitios terminó revelando más de 42.200 campos, guetos y centros de persecución creados por el régimen nazi en Europa. El hallazgo, documentado en una enciclopedia de siete volúmenes, obliga a repensar la escala y la profundidad del sistema de exterminio y represión desplegado entre 1933 y 1945.
LEA TAMBIÉN
La obra, titulada The United States Holocaust Memorial Museum Encyclopedia of Camps and Ghettos, 1933-1945, fue editada por el académico Geoffrey Megargee. En el marco del Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, que se conmemora cada 27 de enero, National Geographic presentó una conversación con Megargee y con Martin Dean, editor del segundo volumen, dedicado a los guetos en la Europa oriental ocupada por Alemania.
“Documentar esto en un mapa y ver cómo el Holocausto afectó a todas y cada una de las comunidades de Europa deja muy claro el alcance de la campaña de exterminio del régimen nazi”, afirmó Dean en diálogo con National Geographic. La cartografía resultante no solo amplía cifras, sino que muestra cómo la persecución se integró de manera sistemática en la vida cotidiana del continente.
Una investigación que desenterró archivos y memorias
Para que un lugar fuera incluido en la enciclopedia debía cumplir criterios precisos: haber albergado al menos a 20 personas, existir durante un mes como mínimo y poder ser identificado en un mapa. Esta última condición implicó una dificultad adicional, pues muchas ciudades cambiaron de nombre varias veces tras la Segunda Guerra Mundial.
Los investigadores recurrieron a estudios previos y a entrevistas con sobrevivientes, pero también rastrearon documentos que habían “desaparecido en archivos de una docena de países diferentes”, según recordó Megargee. Muchos de esos archivos permanecieron inaccesibles detrás del Telón de Acero hasta la década de 1990, y algunos siguen teniendo restricciones.
LEA TAMBIÉN

El proyecto no se limitó a los campos de exterminio con cámaras de gas, diseñados para la llamada “solución final” contra el pueblo judío. “No solo nos fijamos en los lugares directamente relacionados con el Holocausto”, explicó Megargee a National Geographic, “sino también en todas las instalaciones de persecución que gestionaban los nazis y sus aliados”.
Alrededor de seis millones de judíos fueron víctimas de los campos de concentración. Foto:iStock
Trabajadores forzados, violencia cotidiana y muerte
Una parte sustancial de las entradas corresponde a campos de trabajos forzados. Los registros y testimonios describen una realidad extendida por toda Alemania: trabajadores extranjeros obligados a laborar en granjas, fábricas, tiendas, hospitales y ferrocarriles. “No se podía ir a ningún lugar de Alemania sin encontrarse con personas retenidas contra su voluntad y obligadas a trabajar”, señaló Megargee.
Esta presencia no era un secreto para la población. Los barracones eran visibles y los trabajadores formaban parte del entorno inmediato. Quienes eran acusados de eludir sus obligaciones podían ser enviados a campos de reeducación, donde enfrentaban semanas de trabajo extremo, violencia física y aislamiento. Si no demostraban un cambio de conducta, el destino podía ser un campo de concentración.
El Campo de Trabajo y Educación de Watenstedt-Salzgitter, en Alemania, es uno de los ejemplos documentados. Podía albergar a cerca de 1.800 prisioneros y, solo en 1942, se registraron 492 muertes atribuidas oficialmente a “corazón débil” o a “disparos al intentar escapar”. Un sobreviviente recordó a un miembro de las SS que golpeaba a los prisioneros cuando iban a desayunar.
LEA TAMBIÉN

Megargee también calificó como especialmente horribles los llamados Centros de Atención para Mujeres Extranjeras y sus Hijos, donde trabajadoras forzadas embarazadas eran confinadas. Después de 1943, los bebés eran abortados o asesinados tras el nacimiento por inanición lenta.
Los judíos europeos fueron primero confinados en guetos y luego, en su mayoría, asesinados. La tasa de mortalidad en campos y guetos alcanzó un 90 %, frente al 10 % de los trabajadores extranjeros en campos de trabajo forzado, según Dean. La enciclopedia, destacó National Geographic, rinde homenaje a millones de víctimas al preservar los nombres de todos esos lugares. “Esto supone un reconocimiento a los miles de sitios donde la gente sufrió y murió”, concluyó Dean, “que de otro modo se desvanecerían de la conciencia de la gente”.
REDACCIÓN CIENCIA

















