Con pasaporte en mano y una maleta cargada de color, siluetas audaces y referencias cinematográficas, Emily in Paris regresa hoy a Netflix con su quinta temporada. Esta vez, la historia se mueve entre dos ciudades icónicas. “Esta temporada es un relato de dos ciudades: Roma y París”, ha dicho su creador, Darren Star. “Entre ambas, Emily lleva el amor y la vida al siguiente nivel”.
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El viaje no se limita a la capital italiana: también hay postales de Venecia y un espíritu claramente mediterráneo que impregna los nuevos episodios.
El cambio de escenario responde, según Star, a la necesidad de “anticiparse a la audiencia y llevarla a lugares inesperados”, demostrando que la serie “tiene la capacidad de tener una huella más grande”.
En medio de ese crecimiento narrativo y geográfico, hay una figura clave que traduce los giros emocionales de Emily Cooper en telas, cortes y accesorios: Marylin Fitoussi, diseñadora de vestuario de la serie. Fitoussi habló con EL TIEMPO en un español impecable, con emoción palpable y una expectativa genuina por reencontrarse con el público a través de su trabajo en esta nueva temporada.
Una vida contada a través de la ropa
Para Fitoussi, el vestuario nunca ha sido un adorno. “Somos narradores”, suele decir al describir su oficio. Nacida en Toulouse, en el sur de Francia, creció entre los hilos y patrones de una madre costurera y los tesoros textiles que su abuela acumuló durante décadas. En un ático repleto de prendas de los años cincuenta a los ochenta, Marylin jugaba a disfrazarse sin saber que allí se estaba gestando su vocación.
Apenas terminó el colegio, tomó un tren rumbo a París para estudiar Historia del Arte en la prestigiosa École du Louvre. Luego se formó en diseño textil y dio sus primeros pasos profesionales en la sede parisina de Angels and Bermans, la legendaria casa inglesa de alquiler de vestuario. Durante dos años aprendió a identificar épocas, cortes y detalles, pero sobre todo entendió que el diseño de vestuario consiste en captar la psicología íntima de un personaje.
La diseñadora de vestuario Marylin Fitoussi en el set de Emily en París. Foto:Giulia Parmigiani/Netflix © 2025
Su carrera la llevó por el mundo: África, donde adoptó el turbante como sello personal; México, donde vivió más de una década, se enamoró de los huipiles y sus patrones vibrantes, y perfeccionó su español; Portugal, donde residió cinco años mientras seguía trabajando en París. Ha trabajado en proyectos tan ambiciosos como Valerian, de Luc Besson —con más de 600 trajes y coordinación con grandes estudios de efectos visuales— y Kaamelott: The First Chapter, uno de los mayores éxitos de taquilla en Francia.
Esa mirada nómada y culturalmente curiosa es la que ha convertido el vestuario de Emily en Paris en un reflejo de la evolución personal y profesional de sus personajes, y en un objeto de deseo para los espectadores. Un guardarropa que en esta nueva temporada llega cargado de prendas y accesorios cargados de guiños a iconos europeos de la moda y el cine.
¿Cómo fue el proceso creativo para reflejar en el guardarropa de Emily ese paso hacia una nueva vida en Roma?
Estuvo muy inspirado por el cine italiano de los años cincuenta, por las películas en blanco y negro, y por mujeres icónicas como Sofía Loren, Claudia Cardinale y Anna Magnani. Investigué mucho a Sofía y encontré que usaba mucho vestidos blancos con lunares negros, o al revés. Ese detalle, muy Dolce & Gabbana, nos dio una base. Usamos muchísimos diseñadores italianos para que esta temporada, tanto en Roma como en Venecia, tenga ese sabor, ese toque, esa silueta exagerada, colorida, más italiana que parisina. Y creo que lo logramos bastante.
Eugenio Franceschini como Marcello y Lily Collins como Emily en Emily en París. Foto:Giulia Parmigiani/Netflix © 2025
¿Nos podría compartir algunos de los nombres de esos diseñadores?
Tenemos Fendi, Dolce & Gabbana, Valentino, Armani. También Gianvito Rossi, Aquazzura, Max Mara, Antonio Marras, que me encantó,, Moschino, Francesca Bellavita, Francesco Russo… Creo que prácticamente toda Italia está presente en esta parte romana y veneciana de la temporada.
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El color siempre ha sido una característica clave del vestuario de Emily. ¿Cómo mantener esa esencia en Roma?
Roma es espectacular. Cuando llegas a Roma, nada es triste, nunca. Para Emily y para su novio italiano me inspiré en una paleta muy romana. Para él, rojos quemados, naranjas, algunos verdes. Para Emily, explotamos el naranja, el amarillo, verdes muy fuertes, azules también. Es una mezcla muy alegre. Hay mucho rojo, que es el color del amor y la pasión. No nos enfocamos en tonos apagados, sino en colores vivos, llamativos, muy alegres.
La temporada pasada habló mucho del empoderamiento de Emily reflejado en su ropa. ¿Qué veremos ahora?
En la parte italiana, Emily es más sensual, más relajada, pero sigue siendo sofisticada. En París, en cambio, llegamos a una evolución que me encanta. Siento que estamos diciendo algo muy claro con esta silueta: Emily logra una amistad profunda con la elegancia francesa, adopta sus códigos, pero siempre con el ‘twist’ Emily Cooper. Es poderosa, sabe quién es, cómo se quiere vestir, y no se va a excusar por lo que ama o por lo que es. Eso la hace, para mí, aún más interesante.
Emily en París. Foto:Cortesía de Netflix © 2025
Ha dicho que Lily Collins es una fuente de inspiración directa. ¿Qué aporta ella esta temporada al personaje?
Su corte de cabello fue clave. Cuando Darren aceptó que Lily se quedara con el ‘bob’, yo grité de alegría. Para mí era algo nuevo, moderno, sexy, contemporáneo. Me permitió ir más lejos, salir de lo romántico. Es un look más drástico, corto, sofisticado. Logramos estilos muy fuertes, muy poderosos, incluso con micro shorts. Y Lily es una compañera maravillosa: no tiene miedo, construimos el personaje juntas. Cada año somos más unidas, como los cinco dedos de una mano. Eso es muy divertido.
¿Qué tan ambiciosa fue la construcción del guardarropa esta temporada?
Me volvió loca. Contamos alrededor de 17.000 prendas. Lily usa 40 looks finales, pero probamos más de 80. Vimos 480 ‘lookbooks’, trabajamos con unas 450 marcas en total. Tuvimos muchos invitados y muchos diseñadores jóvenes. Fue, sin duda, la temporada con más búsqueda de vestuario que hemos hecho. Cada año tenemos que cambiar a una oficina más grande.
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La temporada pasada vimos una prenda de la colombiana Silvia Tcherassi ¿Hay espacio para más talentos latinoamericanos?
Por supuesto. Si no recuerdo mal, fue un bolso, y lo descubrí en Instagram. Estoy siempre buscando diseñadores menos conocidos por el público europeo. Si hay creadores de América Latina, por favor que me contacten, que me muestren su trabajo. Me encantaría rendir un homenaje a la cultura suramericana, que amo profundamente, en una próxima temporada.
REDACCIÓN VIDA DE HOY

















