Frente al mar Caribe y rodeado por un ecosistema de manglares que terminan formando la Ciénaga de la Virgen, queda el barrio La Boquilla, al norte de Cartagena. En esta tierra de mar y manglar que muchas veces ha estado en pugna, se asienta una comunidad afro de pescadores, agricultores, artesanos y emprendedores hace más de dos siglos. Este territorio, apetecido primero por élites, luego por líderes religiosos y ahora, por grandes inversoras turísticas e inmoviliarias, es el lugar que dio origen a un proyecto que reúne identidad, música y resistencia.
En La Boquilla el turismo ha hecho parte de la disputa por el territorio, pues hay una comunidad que se resiste a desaparecer pero que quiere aportar a través de un turismo distinto que les permita vivir ahí y mantenerse cerca a sus raíces.
Tambores de Cabildo: La primera fase
Uno de los integrantes de la corporación tocando en los ‘tambores de la resistencia’. Foto:Carol Gómez
Batambora nace de la necesidad de preservar los saberes. De arraigarse al territorio y por supuesto, de sobrevivir.
Pero antes de Batambora existió (y sigue existiendo) Tambores de Cabildo, un proyecto que desde sus inicios tuvo como propósito formar a niños y niñas de la comunidad. Sin embargo, para sostenerlo económicamente, surgió Batambora como una corporación que se financia a través del turismo cultural y sostenible. Todo gira en torno a la música: los turistas vienen a aprender tocar los tambores, a bailar y además también tienen talleres de lutería, donde se reparan y restauran instrumentos.
“Sentíamos que la comunidad estaba perdiendo identidad. Creímos que era una necesidad que los niños y niñas se arraigaran a sus saberes. El tema de los saberes ancestrales es un motivo muy fuerte para que no nos saquen del territorio”, cuenta Joel Londoño, director de la Corporación Cultural Batambora, para EL TIEMPO.
Y es que no se trata solo de preservar tradiciones. Con el crecimiento de Cartagena, La Boquilla, entre el mar y la ciénaga, lucha por mantenerse como un territorio rural pese a la expansión de la urbe. Ese reconocimiento legal es importante para proteger este corregimiento de la expansión urbana y turística, y además para defender a su propia cultura de los intereses externos. La pesca artesanal, el manejo de los manglares, la cocina tradicional, la música y las formas de organización son una prueba de arraigo y al mismo tiempo funcionan como una herramienta política y jurídica que la misma comunidad puede usar frente al despojo.
“Una comunidad sin identidad es una comunidad que hace rato ya la hubieran desplazado. Mantener las raíces nos ha permitido permanecer en el territorio. Para nosotros es muy importante enseñar a los niños música, danza y todos los saberes ancestrales”, explica Joel Londoño, quien comenzó su relación con la música y los tambores a los 10 años.
Al tambor le decían ‘quita hambre’
Los ‘tambores de la resistencia’ están hechos con residuos como barriles y tubos de PVC. Foto:Carol Gómez
El primer objetivo de Batambora y Tambores de Cabildo fue preservar la identidad; el segundo estuvo relacionado con la incidencia política y el desarrollo social.
“Aquí los niños aprenden valores, aprenden disciplina. Muchos llegan con cargas de violencia desde la casa, pero dentro del espacio de la escuela empiezan a bajar esa carga emocional y a sentirse en familia”.
Cuenta Joel que cuando los niños llegan a Batambora, se reciben con un abrazo, con un buenos días y con una sonrisa. Incluso, hay un momento en clase destinado a escuchar.
“En ese momento los niños pueden decir lo que quieran: qué pasó en su comunidad, cómo se sienten. Es un espacio libre”, comenta Londoño, que a su vez recordó que cuando era niño, en su casa no les permitían hablar, pues los menores debían permanecer callados.
Luego de este diálogo, ya vienen los tambores.
“El tambor nos ha ayudado a cambiar muchas vidas. Antes decían que esto era solo cosa de nosotros, pero hoy la gente reconoce el impacto. Incluso antes al tambor le decían “quita hambre”, porque cuando uno tenía hambre, se sentaba a tocar y se le pasaba. No solo quitaba el hambre, quitaba muchos problemas”, cuenta Joel Londoño.
Batambora
El grupo ha viajado a distintos concursos musicales representando La Boquilla. Foto:Carol Gómez
Cuando comenzó la escuela no tenían tambores. Tocaban con baldes, y a medida que la zona tuvo problemas de residuos, decidieron usarlos para hacer música. “Con lo que otros dejaron, nosotros hicimos resistencia. Hemos salido con esos tambores al frente para manifestarnos pacíficamente. Sentimos que las que tocan no son nuestras manos sino las de nuestros ancestros”, explica Joel Londoño. Este instrumento está hecho con tubos de PVC, barriles y desechos que quedan en el territorio.
Así mismo, ellos son los creadores del instrumento que le da el nombre a esta corporación: la Batambora.
“Es un híbrido entre una batería y una tambora: una batería hecha con tamboras. Con ese instrumento tuve la oportunidad de hacer parte del grupo de Petrona Martínez y grabé el último álbum que ella grabó, que ganó un Grammy Latino”, recuerda Joel Londoño. “Han sido muchos logros a través de los tambores y la comunidad se siente bien representada, pues quieren ser reconocidos por la cara bonita de La Boquilla”, concluye el director de la corporación.
Carol Tatiana Gómez Suarez – Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO

















