Henry Winkler fue el rey de la televisión. Pero no tuvo corona, espada o un trono. En su lugar fue el monarca absoluto con una chaqueta de cuero, motocicleta y un carisma desbordado, que encajaba con un alias inolvidable: Fonzie.
Él hizo parte de la comedia Días felices, que marcó a generaciones a finales de la década de 70 y parte de los 80. Se pensó como un personaje secundario, pero se robó el show en una producción que contaba la vida de un grupo de adolescentes en su despertar en la vida amorosa y en las aventuras de amigos durante el bachillerato. La estrella de la trama era Richie Cunningham (interpretado por Ron Howard), pero el destello se redujo un poco ante la impertinencia entrañable y las ínfulas de seductor de Fonzie, que llegó a ser un referente de una juventud al otro lado de la pantalla.
Henry Wrinkler Foto:History
Hoy Henry Winkler se ríe y adora que le hablen de Arthur ‘Fonzie’ Fonzarelli; que le griten en la calle ese apodo y que sea la referencia más sólida de una carrera que tiene más capas y otros papeles. Un personaje que le implicó el reto de no quedar en el encasillamiento.
“En el año 2000 estaba en Broadway con el gran John Ritter, que ya no está con nosotros y que era un amigo muy querido. Estuvimos nueve meses en una obra de Neil Simon, que fue más prolífico que Shakespeare: escribió una cantidad enorme de obras y fue el rey de la comedia en Estados Unidos. Bueno, terminamos nuestra puesta en escena, volvimos a Los Ángeles y yo no podía conseguir trabajo como actor”, recordó Winkler.
“Todo el mundo decía: ‘Es muy gracioso, es muy talentoso, pero fue el Fonz”, recalcó el actor de 80 años durante una charla acerca de su más reciente aventura televisiva, Historias arriesgadas con Henry Winkler, serie episódica en la que él se sumerge a narrar y experimentar actividades inusuales de otras décadas que hoy resultarían difíciles de concebir.
Desde médicos que recetaban cigarrillos y gaseosas mezcladas con cocaína y litio; así como jarabes que tenían ingredientes como la heroína o tratamientos de electrochoques para mejorar el rendimiento masculino, temáticas que, precisamente, se verán en el episodio de este e domingo, a las 9:50 p. m., por el canal History.
“Nunca había hecho esto antes. La dislexia hace que leer sea muy difícil para mí. Mi ojo y mi boca no son amigos. Y elegí una profesión que se basa completamente en leer. Es una locura. Tenía miedo, estaba nervioso por tener que leer tanto material. Me lleva mucho tiempo. ¿Sabes?, leí mis libretos grabados. La mayoría de los actores tienen un día o día y medio. A mí me dan 100 horas para leer mi propio libro. Pero lo hice”, reconoció.
En el programa se recuerdan elementos que causaron furor en otras décadas. Foto:History
Una actitud que lo llevó antes a borrar una época en la parecía que no volvería a tener una oportunidad en la televisión por la sombra de Fonzie y Días felices. Por eso fue capaz de escribir una obra literaria para niños acerca de la dislexia: ‘Hank Zipzer, the World’s Greatest Underachiever’ (‘Hank Zipzer, Un crack incomprendido’).
El paréntesis forzado en la pantalla chica duró poco. Luego brilló en series como Arrested Development y Barry, esta última le valió el aplauso generalizado de la crítica y el público, por su rol de Gene Cousineau, profesor de teatro y mentor de Barry Berkman (Bill Hader), un asesino a sueldo que descubre que posee un gran talento para la actuación. Ahí Winkler brilló de manera espectacular por brindar humanidad y buena onda a un alma perdida buscando redención.
“No quiero jubilarme. No pienso en jubilarme. Creo que eso te mantiene joven. Te obliga a usar el cerebro, a estar fuerte mental y físicamente. Y lo disfruto”, revela emocionado el actor, al que no le importa no ser el número uno, el más viral o el protagonista principal, aunque en el programa de History lo es en absoluto. Hoy no deja de tener una alegría desbordante y un don de gentes extremadamente divertido que se siente desde el primer minuto, así como cuando apareció por primera vez en Happy Days y nadie pudo borrar su brillo.
ANDRÉS HOYOS VARGAS
EL TIEMPO IMPRESO

















