El consumo intensivo de bebidas energéticas podría representar un riesgo grave de accidente cerebrovascular, según advierten médicos en una revista científica, tras documentar el caso de un hombre aparentemente sano que desarrolló hipertensión extrema y sufrió un derrame cerebral. El caso fue descrito en la revista BMJ Case Reports, donde los autores llamaron a reforzar la regulación de la venta y la publicidad de este tipo de productos.
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Se trataba de un hombre de unos 50 años, físicamente en forma, que tenía el hábito de consumir en promedio ocho latas de bebidas energéticas al día. El paciente sufrió un accidente cerebrovascular en el tálamo, región del cerebro involucrada en la percepción sensorial y el movimiento.
Entre los síntomas que presentó se encontraron debilidad y entumecimiento del lado izquierdo del cuerpo, además de dificultades con el equilibrio, la marcha, la deglución y el habla, un conjunto de alteraciones que se conocen como ataxia. Al ingresar en el hospital, su presión arterial alcanzó los 254/150 mm Hg, una cifra considerada extremadamente alta.
Se le iniciaron fármacos para reducir la presión arterial y su presión sistólica —que refleja la presión en las arterias durante la contracción del corazón— descendió a 170 mm Hg. Sin embargo, una vez dado de alta y de regreso en su hogar, los valores volvieron a elevarse y se mantuvieron persistentemente altos, a pesar de que su tratamiento farmacológico fue intensificado.
Una ingesta muy por encima de lo recomendado
En una evaluación posterior más detallada, el paciente reveló que consumía en promedio ocho bebidas energéticas al día, cada una con 160 mg de cafeína, lo que sumaba una ingesta diaria de entre 1200 y 1300 mg, muy por encima de la recomendación máxima de 400 mg.
Tras conocer este hábito, los médicos le solicitaron abandonar por completo el consumo de estas bebidas. Después de hacerlo, su presión arterial volvió a la normalidad y dejó de necesitar medicación antihipertensiva. Sin embargo, no recuperó completamente la sensibilidad del lado izquierdo de su cuerpo.
El paciente sufrió un accidente cerebrovascular en el tálamo. Foto:iStock
Al referirse a su experiencia, el paciente declaró: “Obviamente no era consciente de los peligros que las bebidas energéticas estaban causando en mi salud. He quedado con entumecimiento en el lado izquierdo de la mano y los dedos, así como en el pie y los dedos del pie, incluso después de 8 años”.
Los autores del informe señalaron que la falta de conciencia del paciente sobre los riesgos cardiovasculares potenciales de un consumo elevado de bebidas energéticas “probablemente no es sorprendente”, ya que estos productos no suelen considerarse, de forma generalizada, como un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares.
Recordaron que en 2018 los principales supermercados del Reino Unido implementaron una prohibición voluntaria de venta a menores de 16 años para combatir la obesidad, la diabetes y la caries dental, pero alertaron que han sido menos explorados los riesgos potenciales de estas bebidas en relación con enfermedades cardiovasculares, incluidos los accidentes cerebrovasculares isquémicos y hemorrágicos, especialmente en personas jóvenes que, en teoría, deberían tener un menor riesgo.
Las bebidas energéticas contienen más de 150 mg de cafeína por litro, suelen tener un alto contenido de azúcar a base de glucosa y cantidades variables de otras sustancias. Los autores subrayan que, además de la cafeína declarada, existen ingredientes con “cafeína oculta”, como el guaraná, que se cree contiene cafeína en una concentración doble a la de un grano de café.
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Según el informe, la interacción entre componentes como la taurina, el guaraná, el ginseng y la glucuronolactona podría potenciar los efectos de la cafeína, incrementando el riesgo de derrame cerebral por diversos mecanismos. En promedio, una bebida energética contiene alrededor de 80 mg de cafeína por cada 250 ml, en comparación con 30 mg en el té y 90 mg en el café, aunque en algunos casos pueden llegar a contener hasta 500 mg en una sola porción.
Aunque se trata de un solo caso clínico, los autores concluyen que, pese a que la evidencia aún no es concluyente, la literatura acumulada, la alta morbilidad y mortalidad asociadas al accidente cerebrovascular y a las enfermedades cardiovasculares, así como los efectos adversos bien documentados de las bebidas con alto contenido de azúcar, justifican su propuesta de aumentar la regulación de la venta y la publicidad de las bebidas energéticas, especialmente cuando estas campañas están dirigidas a públicos más jóvenes.
REDACCIÓN SALUD
















