Comenzar el día con una oración en la mañana es una práctica profundamente arraigada en la tradición cristiana. La Iglesia católica enseña que este momento permite al creyente ofrecer a Dios sus pensamientos, palabras y acciones, y disponer su voluntad para vivir conforme a la fe a lo largo de la jornada.
Además de ser un acto espiritual, la oración matutina ayuda a comenzar el día con mayor paz interior, claridad y sentido de propósito.
¿Por qué es importante orar en la mañana?
De acuerdo con el ‘Catecismo de la Iglesia Católica’, en el numeral 2559, define la oración como «la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes».
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Desde esta perspectiva, la oración matutina permite al creyente iniciar la jornada en diálogo con Dios y orientar su vida cotidiana desde la fe. En la práctica, rezar en la mañana ayuda a:
- Encomendar la jornada a Dios.
- Pedir guía y protección ante las tentaciones.
- Fortalecer la disciplina espiritual.
- Vivir las actividades diarias en coherencia con la fe.
Este momento de recogimiento prepara al creyente para afrontar el día con serenidad y conciencia de la presencia de Dios.
¿En qué momento se realiza la oración?
De acuerdo con el medio católico ‘EWTN’, lo ideal es levantarse cada día a la misma hora y dedicar los primeros momentos del día a la oración, antes de iniciar las actividades cotidianas.
Este espacio favorece la calma, la reflexión y la disposición interior para vivir la jornada con paz y propósito, orientando pensamientos, palabras y acciones hacia la voluntad de Dios.
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Oración de la mañana
Al iniciar, realice la señal de la Santa Cruz, estará en presencia de Dios para poder ofrecer el nuevo día que empieza realizando la siguiente oración:
Señor Dios Omnipotente,
que nos has permitido llegar al principio de este día,
guárdanos hoy con tu poder, para que no caigamos en pecado,
y que todos nuestros pensamientos, palabras y obras
se dirijan a cumplir tu Santa Ley.
Luego se reza un Padre Nuestro, un Ave María y el Credo.
Señor Dios del Cielo y de la tierra dígnate dirigir,
santificar, guiar y gobernar en este día nuestros corazones
y nuestros cuerpos, nuestros sentidos, palabras y acciones
según tu ley y por el camino de tus mandamientos,
para que aquí y en la eternidad merezcamos,
por tu favor, ser salvados y libres.
¡Oh, Salvador del mundo!,
que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Oración tomada de ‘EWTN’
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Alejandro Mugno Londoño
Redacción SEO

















