El licuado de frutos rojos se consolida como una de las opciones más elegidas durante el verano por su efecto refrescante y su valor nutricional. Preparado a base de frutillas, frambuesas, arándanos, moras y cerezas, este batido puede consumirse con agua, hielo, yogur o leche vegetal y se destaca por aportar vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra.
Especialistas en nutrición señalan que su consumo regular contribuye a mejorar la digestión, regular el colesterol, favorecer el descanso y proteger la salud cerebral, especialmente cuando se ingiere en su forma triturada y con frutas de estación.
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Estas frutas, originarias tanto de regiones templadas de América como de zonas frías del hemisferio norte, alcanzan su mejor calidad entre primavera y verano. Su intensidad de color está asociada a una mayor concentración de compuestos bioactivos, y se recomienda un consumo diario de 150 gramos para obtener un aporte adecuado de fibra y antioxidantes.
Para aprovechar mejor sus propiedades, la nutricionista Sol Vazquez, directora del centro de nutrición Planta Made, aconseja optar por licuados en lugar de jugos. Según explica, triturar la fruta permite conservar la fibra y preservar mejor los nutrientes. La preparación básica consiste en licuar un puñado de frutos rojos con agua y hielo hasta lograr una textura homogénea, utilizando preferentemente frutas frescas de temporada, aunque las versiones congeladas también resultan válidas.
Frutillas, arándanos y moras aportan potasio, manganeso y vitaminas C, K y complejo B. Foto:iStock
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Propiedades nutricionales y efectos en la salud
Los frutos rojos se destacan por su contenido de vitaminas C, K y del complejo B, minerales como potasio y manganeso, y una alta concentración de antocianinas y polifenoles. Estos compuestos antioxidantes y antiinflamatorios están asociados a múltiples beneficios para el organismo. “Las personas que consumen grandes cantidades de frutos rojos tienden a vivir significativamente más tiempo que aquellas que no lo hacen”, afirma Vazquez.
1. Anticolesterol
La investigación “Revisión sistemática de antocianinas y marcadores de enfermedad cardiovascular” indica que las antocianinas presentes en los frutos rojos favorecen el aumento del colesterol HDL, conocido como “bueno”, y la disminución del LDL, identificado como colesterol “malo”.
2. Mejoran el descanso
El Hospital de Clínicas de Cleveland, Estados Unidos, señala que estas frutas ayudan a regular el ciclo de sueño-vigilia debido a su contenido de melatonina y triptófano, sustancias clave para promover un descanso reparador y mantener el ritmo circadiano.
Licuar en lugar de exprimir permite conservar la fibra que ayuda a regular el azúcar en sangre. Foto:iStock
3. Antioxidantes y antiinflamatorios
Vazquez explica que los frutos rojos contienen antocianidinas, un tipo de polifenoles capaces de atravesar la barrera hematoencefálica y concentrarse en áreas del cerebro relacionadas con el aprendizaje y la memoria.
4. Probiótico natural
La especialista detalla que los pigmentos de estas frutas se transforman en metabolitos activos al ser procesados por el hígado y el microbioma intestinal. “Algunos metabolitos alcanzan su pico en la sangre tras una hora después de su consumo, pero otros lo pueden lograr pasadas las 24 horas”. Esto permite que el organismo continúe beneficiándose incluso un día después de ingerirlos. “El microbioma continúa proporcionando alimento para el sistema, lo nutre. Por eso, consumirlos es como tomar un probiótico natural, todos salen ganando”.
5. Salud cognitiva
El Nurses Health Study de la Universidad de Harvard analizó durante seis años a más de 16.000 personas mayores de 70 años y concluyó que quienes consumían mayores cantidades de arándanos y frutillas presentaban un menor deterioro cognitivo. Los resultados mostraron que su función cerebral se mantenía equivalente a la de personas hasta dos años y medio más jóvenes, efecto atribuido a la presencia de antocianinas y flavonoides.
La Nación (Argentina) / GDA
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de La Nación, y contó con la revisión de un periodista y un editor.

















