He aquí dos maravillas naturales de Colombia: el cañón de Chicamocha y las gordas más bellas de la flora del país. Con sus 2.000 metros de profundidad, el cañón de Chicamocha de 227 kilómetros de longitud y ubicado entre Santander y Boyacá, es uno de los más profundos de la tierra. El primero es el de Yarlung en China con 5.000 metros de profundidad. Le sigue el de Apurimac en Perú con 4.691. El tercero es el de Kali Gandaki en el Himalaya con 4.374. Vuelve el Perú con Colca, donde abundan los cóndores y con 4.160 metros.
Las ceibas curvan sus estructuras. Foto:Andrés Hurtado García
El cañón de Chicamocha se constituye en el más codiciado y exigente camino para los miles de senderistas que recorren Colombia buscando los lugares más bellos y recónditos de la geografía del país. De Aratoca, Santander, donde se encuentra el Parque de atracciones Panachi, desciende una estrecha carretera panorámica que curva tras curva, descubre ante los ojos del maravillado viajero las profundidades del cañón, el río que lo recorre y las inmensas paredes que lo forman. Se llega así a Cepitá, donde se puede tomar una camioneta que avanza paralela al río en sentido contrario y lleva hasta el hotelito de Ovidio López García, que ofrece las comodidades necesarias en cuanto a alojamiento y alimentación.
El cañón, cuya fecha de formación se remonta a 40 millones de años, quedó incluido en el puesto 77 entre las maravillas más grandes del mundo moderno.
Varios caminos paralelos al río, ligeramente ascendentes y aptos para caminantes experimentados, van descubriendo los tesoros del cañón: las ceibas barrigonas. Únicas en el mundo y únicas en el cañón crecen en laderas de 75 por ciento de pendiente, prácticamente en paredes verticales, pegadas a un suelo formado por arena y rocas. Los ciclistas del Tour de Francia sufren con las cuestas de 15 por ciento de inclinación.
Las ceibas barrigonas, milagros de la botánica, son parientes de los baobabs de El Principito de Saint-Exupéry. Sus troncos son desusadamente gruesos y para abrazar todo su diámetro se necesitan las manos de cuatro o cinco personas. Las raíces parecen las robustas piernas de un físicoculturista. Su altura suele ser de cuatro metros, sobrepasados los cuales, el árbol suele arquearse. En partes del sendero los caminantes pasan debajo del arco vegetal. Las ceibas almacenan el agua en sus poderosas barrigas, en diciembre pierden las hojas, florecen y luego arrojan las semillas que son comidas por las cabras. Y este es su trágico destino.
Curiosas formas de las ceibas barrigonas. Foto:Andrés Hurtado García
Las ceibas están destinadas a desaparecer pues los animales de cuatro patas que suben y bajan como hábiles alpinistas por las paredes del cañón, acaban con las semillas. No se conocen ceibas pequeñas en crecimiento. No las hay. Por suerte hay personas en Santander que las están cultivando.
Uno de ellos es el abogado montañista Jorge William Sánchez, que fue quien me abrió los caminos de Chicamocha y del páramo de Santurbán. Otro acceso a las ceibas se encuentra por el pueblo llamado Laguna de los Ortices, donde el olor a panela y a guarapo llena con agradable perfume el ambiente. Por este sector el camino para admirar las ceibas avanza en continuo descenso. Aquí las ceibas aparecen a lado y lado del camino. Fue un científico español, José Luis Fernández Alonso, quien describió y clasificó las ceibas para la ciencia y las llamó ‘Cabanillesia chicomochae’, en el año 2003.
El cañón, a pesar de su evidente sequedad, aridez, dureza y calor, no es un desierto. En Colombia solo hay uno, el de la Guajira. El cañón es un bosque seco tropical y en la vega fertilizada del río los campesinos siembran tabaco, cacao y algunos frutales. En el cañón hay tigrillos, iguanas, zarigüeyas, osos hormigueros, águilas y reptiles. El cañón fue habitado por los guanes y los yariguíes. En dialecto guane, Chicamocha significa: “hilo de plata en noche de luna llena en la cordillera”.
Las ceibas florecen en diciembre. Foto:Andrés Hurtado García
En un cielo limpio, sin luces de las ciudades, nos sentábamos a mirar el cielo escandalosamente estrellado y contábamos las constelaciones y nos atrevíamos a bautizarlas. “Noche como esta y contemplada a solas no la puede sufrir mi corazón”, decía Rafael Pombo.
Si usted va…
- Hotelito de Ovidio López en el Cañón: Cel. 313 494 6291.
- Recorrido: Bogotá – Aratoca – Cepitá – Cañón de Chicamocha.
- Lleve ropa y accesorios para tierra caliente.

















