El hígado graso es una enfermedad que en sus primeras etapas suele no presentar síntomas, lo que dificulta su detección temprana.
Se asocia principalmente al sobrepeso, la mala alimentación, la diabetes y el sedentarismo, y se clasifica en dos grandes tipos: hígado graso no alcohólico y alcohólico.
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El cardiólogo Jorge Tartaglione explicó que el proceso comienza con la acumulación de grasa dentro de las células hepáticas, lo que puede derivar en inflamación y cicatrización progresiva del órgano.
“El hígado graso no da síntomas. Primero es la acumulación de grasa dentro de las células del hígado y eso se inflama y cicatriza. Hasta ahí lo podemos revertir. Pero cuando pasa la cirrosis ya es mucho más difícil”, señaló en ‘LN+’.
El hígado graso puede progresar sin síntomas y derivar en fibrosis, cirrosis o cáncer hepático. Foto:iStock
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El vínculo entre el hígado graso y el corazón
Además del compromiso hepático, el especialista remarcó que esta patología funciona como una señal de alerta para el sistema cardiovascular. Según explicó, el hígado graso incrementa el riesgo de infarto de miocardio y un ataque cerebrovascular (ACV).
“A mí como cardiólogo me da una alerta a futuro porque podés tener un problema cardíaco. Si tengo un paciente de 40 años con hígado graso, tengo que estar muy atento. Es como si yo le hiciera una análisis de corazón 10 años antes porque le va a impactar en el corazón. Me da la alerta del corazón”, detalló.
Cuando no se controla adecuadamente, la enfermedad puede evolucionar hacia cuadros más complejos, entre los que se encuentran:
- Cirrosis.
- Fibrosis.
- Cáncer de hígado.
El hígado graso aumenta el riesgo de infarto de miocardio y accidente cerebrovascular. Foto:iStock
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El endulzante prohibido y su rol en el hígado graso
En el análisis de los factores alimentarios, Tartaglione hizo especial hincapié en el consumo de jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF). Este endulzante líquido, elaborado a partir de almidón de maíz, se utiliza de forma extendida en productos ultraprocesados por su bajo costo y elevado poder edulcorante.
De acuerdo con el especialista, la presencia masiva de este ingrediente en la dieta moderna contribuye al aumento de los casos de hígado graso a nivel mundial. “Circula en muchos alimentos. Vas a comprar algo y es el que tiene cuatrocientos productos, evitalo. Es más barato que el azúcar. Ese jarabe en el único lugar donde se metaboliza es en el hígado. Lo impacta y se acumula”, afirmó.
El jarabe de maíz de alta fructosa es un endulzante barato y muy usado en alimentos industriales. Foto:iStock
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La dieta mediterránea, una aliada para el hígado
Para el tratamiento y la prevención del hígado graso, la dieta mediterránea se presenta como una de las estrategias más efectivas. Este patrón alimentario se destaca por su aporte de antioxidantes, fibra, cereales integrales, omega 3 y un bajo contenido de azúcares simples.
Los especialistas también recomiendan evitar el consumo de alcohol y de bebidas azucaradas. No se trata de eliminar por completo las grasas, sino de controlar la cantidad de energía diaria y priorizar alimentos de mejor calidad nutricional.
Entre las principales recomendaciones se encuentran:
- Consumir aceite de oliva a diario, preferentemente en crudo para conservar sus propiedades.
- Aumentar el consumo semanal de pescado y reducir de forma progresiva la ingesta de carnes rojas.
- Incrementar el consumo de frutas y verduras hasta alcanzar cinco porciones diarias.
- Incorporar legumbres como lentejas, garbanzos y porotos, que también aportan proteínas.
- Elegir lácteos descremados y bajos en grasa.
- Sumar frutos secos, fuente de grasas saludables con efecto cardioprotector.
La dieta mediterránea es clave para prevenir y tratar el hígado graso por su bajo nivel de azúcares. Foto:iStock
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Dos estudios clave para detectarlo a tiempo
Debido a que el hígado graso suele ser asintomático en sus inicios, Tartaglione recomendó realizar controles médicos periódicos. Indicó que existen dos estudios fundamentales para su diagnóstico.
“Para diagnosticar es la ecografía y el análisis de sangre. Cuando las enzimas hepáticas están elevadas ahí está la sospecha”, explicó. Y agregó: “Cuando veas esa ecografía podés hacer muchas cosas para estar mejor. Tratá de alimentarte sano y saludable. Chequéate”.
Como abordaje terapéutico, el especialista sugirió:
- Dieta saludable.
- Actividad física.
- Pérdida de peso.
- Abstinencia del alcohol.
En este punto, volvió a advertir sobre el consumo del jarabe de maíz de alta fructosa: “Circula en muchos alimentos. Vas a comprar algo y es el que tiene cuatrocientos productos, evitálo. Es más barato que el azúcar. Ese jarabe en el único lugar donde se metaboliza es en el hígado. Lo impacta y se acumula”.
La actividad física y la pérdida de peso son pilares centrales del tratamiento del hígado graso. Foto:iStock
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Tres opciones caseras para depurar el hígado
- Jugo de remolacha: según la organización Fundahígado, el jugo de remolacha es una de las alternativas más eficaces para favorecer la limpieza hepática. Este vegetal aporta potasio, vitamina C y antioxidantes como la betalaína, que ayudan a reducir la inflamación y a proteger el órgano frente a complicaciones como el síndrome hepatopulmonar, frecuente en pacientes con cirrosis.
- Té verde: el té verde se asoció con una disminución significativa del riesgo de enfermedades hepáticas. Un metaanálisis publicado en el International Journal of Clinical and Experimental Medicine señaló que esta infusión podría reducir la probabilidad de desarrollar hepatitis, hígado graso y carcinoma hepatocelular.
- Café: el consumo moderado de café demostró tener efectos protectores sobre el hígado. La organización British Liver Trust indicó que beber café puede reducir el riesgo de cirrosis y de determinados tipos de cáncer hepático. Un estudio de 2021 citado por Medical News Today señaló que incluso el café descafeinado y el instantáneo se asocian con una menor incidencia de enfermedades hepáticas crónicas. La recomendación es de 3 a 4 tazas diarias.
La Nación (Argentina) / GDA
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de La Nación, y contó con la revisión de un periodista y un editor.
















