El caucho granulado producido a partir de llantas usadas se ha convertido en un símbolo de reciclaje y economía circular. Presente en parques infantiles, canchas deportivas y pistas atléticas, este material suele promoverse como una alternativa sostenible para dar una segunda vida a residuos difíciles de manejar. Sin embargo, una nueva investigación científica plantea interrogantes sobre sus efectos ambientales, en especial cuando se trata de las partículas más pequeñas.
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Un estudio publicado en la revista Environmental and Biogeochemical Processes analizó diferentes tamaños de granulado de caucho reciclado proveniente de llantas de vehículos. Los resultados muestran que todos los materiales evaluados contienen niveles elevados de hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), un grupo de compuestos orgánicos tóxicos conocidos por su persistencia en el ambiente y por sus posibles efectos adversos en la salud. De manera particular, las partículas más finas liberan mayores cantidades de estas sustancias en formas que pueden ser absorbidas por organismos vivos.
“Reciclar llantas para convertirlas en granulado de caucho suele verse como una solución ambientalmente amigable, pero nuestros resultados muestran que el tamaño de las partículas desempeña un papel crítico en cuán peligrosos pueden ser estos materiales una vez se usan en exteriores”, afirmó Patryk Oleszczuk, autor correspondiente del estudio. Según explicó, “las partículas finas de caucho contienen más compuestos tóxicos y los liberan con mayor facilidad al agua y al suelo”.
Químicos persistentes y fracciones biodisponibles
El equipo de investigación examinó tres fracciones de tamaño, desde partículas menores de 1,5 milímetros hasta gránulos de 6 milímetros de diámetro. Los análisis químicos revelaron concentraciones totales de HAP extremadamente altas, que superaron los 100 miligramos por kilogramo en las partículas más pequeñas. Aunque estas concentraciones disminuyeron a medida que aumentó el tamaño del granulado, incluso los gránulos más grandes presentaron cantidades considerables de estos compuestos.
Más allá de medir la contaminación total, los investigadores pusieron el foco en la llamada fracción libremente disuelta de los HAP. Esta fracción representa la porción de sustancias químicas que puede pasar al agua y ser incorporada por los organismos. El estudio encontró que las partículas más pequeñas liberaron las concentraciones más altas de HAP biodisponibles, lo que indica un mayor potencial de impacto ecológico y biológico.
“Mirar solo el contenido químico total puede subestimar el riesgo ambiental real”, explicó Oleszczuk. “La fracción libremente disuelta nos dice a qué están realmente expuestos los organismos, y en este caso esos valores fueron sorprendentemente altos en comparación con muchos suelos y sedimentos contaminados”.
Efectos en organismos y advertencias regulatorias
Para evaluar los efectos biológicos, el equipo realizó una serie de pruebas ecotoxicológicas con invertebrados del suelo, plantas y microorganismos. El granulado de caucho resultó tóxico en todos los sistemas evaluados. Los colémbolos, organismos clave del suelo, mostraron una reducción en su supervivencia y reproducción. Las plantas presentaron inhibición en el crecimiento de las raíces, y las bacterias acuáticas exhibieron respuestas de toxicidad marcadas al exponerse a lixiviados del caucho. En todos los casos, los efectos más severos se asociaron con las partículas de menor tamaño.
El granulado de caucho resultó tóxico en todos los sistemas evaluados. Foto:iStock
El estudio también encontró que el granulado liberó metales potencialmente tóxicos, como zinc y cobre, al agua en concentraciones que superan los límites para agua potable. Estos metales contribuyeron adicionalmente a la toxicidad observada, especialmente en las pruebas con lixiviados.
En conjunto, los resultados sugieren que el uso extendido de granulado de caucho derivado de llantas en espacios públicos podría tener consecuencias ambientales no previstas. La exposición prolongada a la intemperie, la radiación solar y la humedad podría incrementar con el tiempo la liberación de sustancias nocivas.
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“Nuestros hallazgos no significan que todos los productos de caucho reciclado sean inseguros”, aclaró Oleszczuk. “Pero sí resaltan la necesidad de regulaciones específicas según el tamaño de las partículas, una selección cuidadosa de materiales y el desarrollo de alternativas más seguras, especialmente en aplicaciones donde los niños están en contacto directo con estos materiales”.
Los autores subrayan que el reciclaje sigue siendo un objetivo clave en la gestión de llantas usadas. No obstante, concluyen que la seguridad ambiental no debería evaluarse solo por el origen reciclado de los materiales, sino también por su comportamiento químico y sus efectos biológicos una vez se incorporan a entornos reales.
REDACCIÓN MEDIOAMBIENTE

















