Los plátanos forman parte habitual de la dieta diaria por su valor nutricional, facilidad de consumo y versatilidad en distintas comidas. Sin embargo, expertos en seguridad alimentaria aconsejan prestar atención a su manipulación desde el momento en que llegan al hogar.
Lavar la fruta antes de pelarla y aplicar ciertos métodos de conservación puede marcar la diferencia en términos de higiene y duración, evitando que se deterioren con rapidez.
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Durante su recorrido desde el cultivo hasta el punto de venta, los plátanos están expuestos a múltiples contaminantes. Tierra, residuos químicos y microorganismos pueden quedar adheridos a la cáscara.
Al retirar la piel sin una limpieza previa, estos restos pueden pasar a la pulpa y generar contaminación cruzada, especialmente si se manipulan con las manos o se cortan con utensilios.
La higiene previa del plátano reduce riesgos sanitarios y evita que la suciedad pase a la pulpa. Foto:iStock/TikTok @doctorbayter
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La importancia de la higiene y el control de la maduración
La limpieza es sencilla: basta con colocar cada plátano bajo el chorro de agua durante unos segundos y frotar suavemente la superficie. En casos de suciedad visible, puede emplearse un cepillo destinado exclusivamente a frutas. Tras el lavado, se recomienda secarlos con papel de cocina o un paño limpio antes de pelarlos. Si se utilizan cuchillos, estos deben estar limpios o lavarse entre cortes para evitar la transferencia de bacterias.
Otro aspecto clave para su conservación es el control del etileno, un gas que la fruta libera de forma natural y que acelera el proceso de maduración. Este se concentra principalmente en el tallo. Cubrir esa zona con papel de aluminio o film transparente ayuda a limitar su propagación dentro del racimo, lo que permite retrasar el ablandamiento y el oscurecimiento. Con esta técnica, los plátanos pueden conservarse frescos entre 3 y 5 días adicionales, dependiendo de la temperatura ambiente y del estado inicial de maduración.
El uso de agua corriente elimina restos visibles y contaminantes adheridos a la cáscara externa. Foto:iStock
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Aun así, este método no detiene completamente el proceso natural. Por ello, se aconseja adquirir los plátanos en un punto adecuado y consumirlos en un plazo razonable.
Además, el lugar de almacenamiento influye de forma directa. Guardarlos en un espacio fresco, seco y bien ventilado contribuye a mantener su textura y sabor. También es recomendable separarlos de otras frutas como manzanas, kiwis, aguacates o tomates, que emiten etileno y aceleran su deterioro si se almacenan juntos.
Cuando los plátanos alcanzan un grado de maduración avanzado y no se prevé su consumo inmediato, pueden pelarse y congelarse. Esta opción permite aprovecharlos posteriormente en batidos, repostería o postres, reduciendo el desperdicio alimentario y conservando sus propiedades.
Europa Press
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en la información publicada por Europa Press, y contó con la revisión de la periodista y un editor.

















