A 32 años de la muerte de Pablo Escobar Gaviria, Carlos Lehder Rivas, antiguo miembro del Cartel de Medellín y uno de los pocos testigos directos de su ascenso criminal, entregó una nueva mirada sobre la complejidad del capo.
Tras regresar a Colombia luego de más de tres décadas en prisión en Estados Unidos, Lehder compartió vivencias que detallan un carácter dominado por impulsos extremos y por una capacidad de intimidación que, según él, marcó a quienes lo rodeaban.
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En su reciente participación en el pódcast ‘Más allá del silencio’, recordó esa influencia con una frase incluyente de su libro Vida y muerte del Cartel de Medellín: “Cuando Pablo estaba furioso, la tierra temblaba”.
Pablo Escobar murió abatido el 1993. Foto:Archivo particular. EL TIEMPO
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Escobar como líder impredecible
Lehder describió a Escobar como un hombre que, en su juventud, se consolidó como “un comandante natural que creció dando más puñaladas que el vecino, matoneando, robando”, rasgos que lo llevaron a convertirse en “un líder de esa mafia o crimen y tenía su organización o su banda y él era el capitán de ese barco”. Para sostener la autoridad sobre «esa mano de violentos», afirmó que el capo debía ser «el más violento».
Según su relato, los episodios de ira eran explícitos: Escobar expresaba su enojo «vociferante en palabras muy groseras y con un lenguaje corporal muy severo», lo que generaba reacciones inmediatas entre quienes eran reprendidos: «Uno veía la persona sudar, temblar, le temblaban las piernas al acusado y Pablo lo reprendía, lo amenazaba».
Lehder describe a Escobar como un líder violento con múltiples personalidades difíciles de leer. Foto:Archivo El Tiempo
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Las múltiples facetas del jefe del Cartel de Medellín
Para Lehder, Escobar era «alguien muy singular, muy difícil de leer entre comillas, muy difícil de analizar», percepción que sustentó en la idea de que el capo «tenía múltiples personalidades».
Recordó que su vínculo inicial surgió cuando él «transportaba exitosamente cocaína a los Estados Unidos», y aunque su actividad era rentable, la relación con Escobar resultaba compleja. En ocasiones, aseguró, el capo mostraba un lado político: “Un día era el Pablo elocuente hasta el político”, especialmente durante la confrontación con el tratado de extradición, cuando evidenciaba «mucha lógica» y «algo de revolucionario por la pasión con que él atacó el tratado de extradición. Pablo tenía un modus operandi ante esa situación que despertaba en él mucho racionalismo”.
No obstante, con el crecimiento de la violencia, la faceta más oscura de Escobar predominaba. Lehder explicó que intentó distinguir «entre las diferentes personalidades de este individuo», concluyendo que «Pablo era tan valiente que no miraba el día siguiente».
Relata episodios donde la ira de Escobar generaba temor y control absoluto sobre sus hombres. Foto:Archivo EL TIEMPO
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La acusada traición a Lehder
El exintegrante del Cartel diferenció a Escobar de otros narcotraficantes como Gonzalo Rodríguez Gacha, de quien dijo que era “agrio, violento y grosero, pero cuando aceptaba tu amistad, tu relación o tu compromiso, era íntegro…No te iba a traicionar, no te iba a matar, no te iba a robar; era tu amigo”.
De Escobar, en cambio, afirmó que “dudaba. Decía: ‘bueno, ¿con quién estoy hablando?’”. También lo definió como un “monstruo” y alguien “satánico”, calificativos que reflejan la desconfianza que él asegura haber percibido en su trato.
Recordó su extradición del 87 y el prolongado encierro en EE.UU., etapa que definió como tortura. Foto:Archivo El Tiempo
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Su extradición, aislamiento y colaboración judicial
Lehder recordó los momentos más difíciles tras su captura el 4 de febrero de 1987 en Guarne, Antioquia, y su extradición ese mismo día: “Es cuando a uno lo extraditan y lo montan en un avión y siente uno que está saliendo de territorio colombiano. No existe un sentimiento de más abandono de estar sumido profundamente en el peor abismo de la existencia y le están quitando a uno la nacionalidad, la identidad, la existencia y se lo entregan a otro”.
Durante más de tres décadas en prisiones de máxima seguridad, escribió sobre la narcopolítica de la época y aceptó responsabilidad en su actividad criminal: “Merecía la pena de los 33 años que pagué. Yo trafiqué muchas toneladas de cocaína hacia los Estados Unidos. Ninguna violencia, sí cocaína”.
También admitió su posición en los años de mayor violencia del Cartel: “Yo era un rebelde, yo era un fanático de mi causa, de los intereses del narcotráfico y felicité a Pablo Escobar por la muerte del ministro, pero vuelvo y le reitero, esa era mi posición en esa época”. Tras colaborar en el juicio contra el general Manuel Noriega, explicó: “Todo lo que yo testifiqué contra el general Noriega son las actividades del Cartel de Medellín con el general Noriega”, cooperación que llevó a la reducción de su condena, inicialmente de cadena perpetua más 135 años, a 55 años, de los cuales cumplió cerca de 34. “El encarcelamiento era una tortura”, expresó.
Tras su regreso a Colombia en 2025, Lehder afirma vivir rehabilitado. Foto:Archivo EL TIEMPO
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Vida en prisión y retorno a Colombia
En 2015, su hija Mónica Lehder relató a ‘Los Informantes’ la dureza del régimen carcelario de su padre: «En esa época mi papá estaba en Marion que sigue siendo la prisión de máxima seguridad en los Estados Unidos, donde lo tenían seis pisos bajo tierra, entonces lo tenían aislado totalmente, entonces la comunicación telefónica era muy poca”. Sobre las visitas, señaló: «Intentando verlo porque nos decían siempre mañana, este fin de semana, en 8 días, este mes ya no se pudo, dentro de un mes y así estuvimos más de un año”.
Tras ser liberado, Lehder reapareció en marzo de 2025 en el Aeropuerto El Dorado de Bogotá, donde permaneció detenido por unos días mientras se verificaba que no tuviera asuntos pendientes con la justicia. Hoy reside en el Quindío, se dedica a la escritura, asegura vivir de sus libros y se presenta como un hombre rehabilitado.
MARÍA CAMILA SALAS V
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL
EL TIEMPO
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