Un aumento mínimo en la actividad física cotidiana puede tener un impacto medible en la supervivencia. Así lo indica un estudio difundido en The Lancet, que analiza cómo añadir apenas 5 minutos diarios de ejercicio de intensidad moderada (como caminar a una velocidad aproximada de 5 kilómetros/hora) se vincula con un menor riesgo de mortalidad.
La investigación se centra en adultos de distintos niveles de actividad y evalúa también los efectos de reducir el tiempo que se pasa sentado.
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Menos tiempo sentado, menor riesgo de muerte
Además del ejercicio, el sedentarismo aparece como un factor clave. Reducir en 30 minutos al día el tiempo sentado se relaciona con una bajada del 7 % en la mortalidad total entre quienes pasan unas 10 horas diarias sin moverse. Para las personas con rutinas aún más sedentarias, de hasta 12 horas al día, la reducción estimada es de aproximadamente el 3 %.
Los investigadores también observaron que aumentar en 10 minutos diarios la actividad física moderada se asocia con una disminución del 15 % en todas las muertes en la mayoría de los adultos y del 9 % entre los menos activos. El trabajo se apoya en datos de más de 135.000 personas adultas procedentes de siete cohortes de Noruega, Suecia y Estados Unidos, así como del Biobanco del Reino Unido, con un seguimiento medio de 8 años. Para el análisis se emplearon mediciones de actividad física y sedentarismo registradas mediante dispositivos.
A partir de estos datos, el equipo científico estimó cuántas muertes podrían prevenirse con incrementos diarios modestos de actividad física moderada a vigorosa o con reducciones equivalentes del tiempo sedentario. «Esta investigación consolida la evidencia existente hasta ahora con una muestra poblacional extensa, especialmente relevante en un contexto en el que las aproximaciones farmacológicas reciben más atención que la relevancia contrastada que tienen las condiciones de vida», afirma Luis Cereijo, investigador en Salud Pública de la Universidad de Alcalá de Henares, en una reacción al estudio.
Cinco minutos diarios de actividad moderada ya muestran impacto estadístico en mortalidad general. Foto:iStock
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Combinar actividad física, sueño y alimentación
Otra investigación, publicada en eClinicalMedicine, también del grupo The Lancet, amplía el enfoque al analizar de forma conjunta el sueño, el ejercicio y la dieta. El estudio concluye que introducir mejoras pequeñas y sostenidas en estos tres ámbitos se asocia con una mayor esperanza de vida, especialmente en personas con hábitos menos saludables.
Según sus autores, añadir 5 minutos de sueño, 2 minutos de actividad física moderada a vigorosa (como caminar a paso ligero o subir escaleras) y media ración adicional de verduras al día podría traducirse en un año más de vida para quienes presentan los peores patrones de descanso, ejercicio y alimentación. En escenarios considerados óptimos, que incluyen dormir entre 7 y 8 horas, realizar 40 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa y mantener una dieta saludable, el beneficio potencial superaría los 9 años adicionales de vida y buena salud.
Estas conclusiones se basan en el seguimiento durante unos ocho años de casi 60.000 personas del Biobanco del Reino Unido, reclutadas entre 2006 y 2010. Al igual que el estudio anterior, el análisis se centra en beneficios poblacionales generales y utiliza datos procedentes de países con altos ingresos, lo que lleva a los autores a subrayar la necesidad de replicar este tipo de investigaciones en contextos con menos recursos.
Los mayores beneficios relativos se observan en personas con niveles muy bajos de ejercicio previo. Foto:iStock
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Evidencia científica que se refuerza con otros estudios
Ambos trabajos, de carácter observacional, refuerzan una idea que gana solidez en la literatura científica: cambios muy pequeños y realistas en los hábitos diarios pueden generar beneficios relevantes en la reducción de la mortalidad por todas las causas. Así lo recogen también valoraciones publicadas por Science Media Centre.
La evidencia se suma a otros estudios recientes. Hace algo más de un mes, una investigación en Nature Medicine señaló que la actividad física moderada puede retrasar hasta 7 años la aparición de síntomas de la enfermedad de Alzheimer en personas con riesgo. El verano pasado, un equipo del Centro de Neurociencias Cajal del CSIC demostró en un modelo animal que el ejercicio moderado mejora la salud de la microbiota intestinal, con efectos positivos sobre el rendimiento cognitivo. Por su parte, JAMA publicó hace unos meses datos que indican que practicar actividad física a partir de los 60 años reduce entre un 30 y 40% el riesgo de muerte o enfermedad cardiovascular.
En conjunto, estos hallazgos refuerzan una conclusión respaldada por una evidencia científica cada vez más consistente: disminuir el sedentarismo, aunque sea de forma modesta, y mejorar la calidad de la alimentación y del sueño tiene un impacto positivo tanto en la salud como en la supervivencia de las personas.
Agencia EFE
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de EFE, y contó con la revisión de la periodista y un editor.

















