Mi texto decía algo así: en muchos hogares de Colombia, los niños crecen arrullados por estas canciones que incitan a la violencia y a los excesos, la exposición continua a estas letras insinuantes los va a marcar para toda la vida.
En su escrito, Paz afirma que “la música popular se ha convertido, de facto, en una de las principales escuelas emocionales de amplios sectores sociales”. Y añado otro factor, el triste deterioro que ha azotado a la producción musical en décadas recientes. Vemos contenidos cada vez más ofensivos, que cosifican a la mujer y solo hablan de la gratificación personal con egoísmo y desconsideración.
Los medios no se toman la molestia de analizar estas tendencias degradantes y se suman a celebrar la popularidad de estos “artistas” a pesar de su pobreza mental. Claro, esto les suma audiencia.
En sus propias palabras, Paz afirma: “Buena parte de la música popular que domina el imaginario colectivo transmite una pedagogía emocional basada en la intensidad extrema. La fiesta, el alcohol y la noche no son simples escenarios culturales, sino estrategias emocionales aprendidas”.
Debo añadir que las posibilidades de éxito en el mercado musical actual crecen en la medida en que las letras de las canciones sean más explicitas, pero acuden a un erotismo plano y no al ingenio para conquistar y dejar algo a la imaginación.
El fallecido artista Yeison Jiménez. Foto:Instagram @yeison_jimenez
Otra afirmación de Paz es certera en describir cómo la gente asume hoy su vida sentimental: “Esta narrativa, repetida una y otra vez, termina moldeando la forma en que las personas se vinculan en la vida real”. Por último, escuchemos su conclusión: “Más que censurar canciones o idealizar artistas, la tarea urgente es otra: introducir una verdadera educación emocional que permita escuchar estas letras con conciencia crítica”.
Con esa frase les pasa la pelota a los maestros, a las instituciones educativas y a los medios, que pueden mostrarles a niños y jóvenes otras alternativas para que no sigan construyendo su mentalidad afectiva con canciones como ‘Rata de dos patas’.
ÓSCAR ACEVEDO- crítico musical- acevemus@yahoo.com

















