Mientras la mayoría sigue contando los días de vencimiento del recibo, un hombre en España vive una realidad que suena casi irreal. Desde hace ocho años no entrega ni una moneda a la compañía eléctrica. Todo funciona, desde las luces hasta los electrodomésticos. La diferencia está en que la energía de su casa no llega desde un poste, sino desde algo mucho más simple y al mismo tiempo más inteligente. Sol, chatarra electrónica y un poco de fe.
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Él se hace llamar Glubux en Internet. No aparece en entrevistas ni presume su invento. Prefiere quedarse detrás de un seudónimo y de un proyecto que nació como un experimento casero en el patio de su casa.
Una independencia que empezó en pequeño
En 2016 instaló unos pocos paneles solares en un cobertizo que casi nadie miraba. Lo acompañaba una única batería usada y las ganas de probar algo diferente. Podía fallar, pero no lo hizo.
Baterías recicladas dan una segunda vida a residuos tecnológicos. Foto:Glubux (Second Life Storage & Solar)
Ese primer sistema le aseguró algunas horas de energía. Era un inicio tímido, aunque suficiente para demostrarle que la autonomía no era un sueño lejano reservado para laboratorios o para gente con millones. Podía ser algo hecho con las propias manos.
Cuando comprobó que la idea funcionaba, comenzó a buscar baterías desechadas. Aquellas que ya no servían para un portátil podían ser perfectas para su plan.
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Mil baterías que resucitaron para encender un hogar
Hoy, más de 1.000 baterías dan vida a cada bombilla de su casa. También hay 24 paneles solares que ocupan el tejado, atrapando la energía para que nada se quede a oscuras. Todo se almacena en lo que él bautizó como ‘Powerball’, un sistema completamente casero que ha resistido el uso diario y el paso del tiempo.
A lo largo de estos años solo una batería falló. Nada que no pudiera reemplazarse. Mientras otros esperan al técnico, él controla su propia energía desde la puerta de su casa.
Paneles solares que permiten generar y almacenar energía propia. Foto:iStock
El ahorro es evidente. Una familia promedio en España gasta alrededor de 600 euros (aproximado de $2.637.900) anuales en electricidad. Glubux ha evitado pagar cerca de 5.000 ($21.982.500). Y, además del bolsillo, el planeta también respira cuando los residuos electrónicos encuentran una segunda vida.
Muchos han querido seguir su ejemplo. Por eso compartió consejos y detalles técnicos en un foro de almacenamiento energético. No guarda el secreto, lo comparte.
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El autoconsumo ya no es un experimento aislado
La historia de Glubux refleja un cambio que se extiende por todo el mundo. Hay quienes dicen basta a la dependencia total de las compañías eléctricas y apuestan por producir su propia energía. Otros lo hacen por conciencia ambiental. Todos coinciden en que el sol puede ser más que luz en la mañana.
España, sin embargo, enfrenta un ritmo más lento del esperado. Informes recientes muestran que las nuevas instalaciones de autoconsumo han caído y el país se aleja de las metas que trazó para 2030. Expertos reclaman reglas más simples, especialmente para quienes viven en pisos sin acceso directo a un tejado.
El sol se convierte en una fuente clave de autoconsumo. Foto:iStock
Aun así, el camino ya empezó. La energía descentralizada dejó de ser una idea futurista para convertirse en una opción real. Una que ya cambió la vida de un hombre anónimo que decidió que sus noches no dependerían más de una factura.
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MARÍA PAULA LOZANO
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL

















