Cuando Rafael Ithier abandonó Cortijo y su combo en el momento en que era el grupo más sonado de la música tropical en los 60, estaba terriblemente frustrado. La indisciplina de sus compañeros lo hastió. Él, Martín Quiñones y Eddie ‘La Bala’ Pérez decidieron tomar un nuevo rumbo en la música. Era 1962 y estos tres jóvenes y talentosos músicos puertorriqueños soñaban con seguir haciendo lo que más amaban. “Mis compañeros querían ponerle a la nueva agrupación Rafael Ithier y su Combo. Pero yo no quería. Por superstición, creía que al llevar mi nombre se hiciera daño al grupo. Dije: Póngale un nombre colectivo . Y como la palabra combo era tan popular, le pusieron El Gran Combo de Puerto Rico”.
Ithier contó esta historia en una charla con EL TIEMPO 20 años atrás, en uno de los miles de visitas que hizo a Colombia, un país al que sentía muy cercano, para presentarse junto a su orquesta. Hoy, la nostalgia y el luto invaden a los amantes de la salsa que siempre vieron en el ‘mulato mayor’ –como era conocido Rafa– a un genio de la salsa. Su muerte, ocurrida el sábado 6 de diciembre, dejó perplejos a sus colegas, seguidores y amigos, y huérfano a un género que lo consideraba su ‘padre’. Músico, arreglista, compositor y pianista, tenía 99 años.
“Con el dolor de un hijo que pierde a un padre, despido a mi ‘Querido Viejo’ Rafael Ithier… Conocí el genio musical y la persona maravillosa. El líder y administrador natural y al jefe de familia amoroso y cumplidor. El patriota, el fanático del baseball, el jíbaro humilde de Monacillos que se levantó por encima de sus estrecheces y limitaciones y se convirtió en un ícono (aunque nunca lo quiso aceptar) de la cultura puertorriqueña. De su mano recibí consejos, oportunidades, apoyo y uno que otro regaño también, como buen padre…”, escribió en sus redes otro grande del género, Gilberto Santa Rosa.
Su grandioso sentido musical y talento administrativo fueron claves en el éxito del Gran Combo, que siempre se ha mantenido en lo más alto durante sus seis décadas de fundación. Ithier jamás dudó que su paso por Cortijo y su combo fuera excepcional y que lo consagró como el artífice de muchos de sus éxitos El negro bembón, Quítate de la vía perico,Micaela, El chivo de la campana, Déjalo que suba y El pilón de Tomasa. “Era un grupo muy bueno, de un impacto violento, de grandes éxitos. En parte, yo había sido organizador de aquello, junto con Cortijo, y le tenía fe ciega. Pero, a los tres o cuatro años, empezaron a mezclar los deberes con los placeres y la cosa se indisciplinó. Es que los deberes son los deberes”, decía Ithier.
Cuando arrancó con el Gran Combo, Ithier sabía que debía imprimirle un nuevo aire, “yo no podía hacer lo que hacía Cortijo e hice el grupo como una continuación de aquella música, con un repertorio más amplio que incluyó merengues, danzones, pasodobles, guarachas y boleros; en fin, tocamos de todo”, explicó en el libro Historia de la salsa.
La ‘Universidad de la Salsa’, como es conocido el Gran Combo, es su mejor legado. “Somos seres humanos como los demás y hacemos lo que hace todo el mundo. Nos podemos tomar uno o cuatro tragos, pero siendo mesurados. Pero los vicios, la droga, en el Gran Combo no se permiten”, agregaba.
Su primer álbum fue Menéame los mangos, con la colaboración del cantante dominicano Joseíto Mateo. Esta producción marcó el inicio de una trayectoria prolífica: durante los años sesenta lanzaron cinco discos más, entre ellos Acángana (1963) y El caballo pelotero (1964).
Cultores de un sonido que marcó la salsa, Ithier, como músico y director, dejó su huella indeleble en los clásicos Un verano en Nueva York, Brujería, Ojos chinos, Me liberé, La muerte, Arroz con habichuela, Y no hago más na’, Sin salsa no hay paraíso, Achilipú, Así son y No hay cama pa’ tanta gente que, junto a Ya viene la Nochebuena y Bomba navideña, es uno de los infaltables en los fines de año.
“Si algo hay que abonarle a Rafael Ithier es su claridad mental sobre lo que quería con su orquesta. Un sonido que se desprende de sus orígenes y adquiere una personalidad propia, de trompetas tan marcadas que hacen que uno reconozca un tema del Gran Combo con los tres primeros compases (…) también, Rafael tenía unos principios en cuanto a que el grupo funcionara como una cooperativa y que todos ganaran lo mismo siempre, si habían ganancias o pérdidas se distribuían entre todos”, expone Jaime Andrés Monsalve, jefe musical de Radio Nacional de Colombia.
Congos de Oro, dos premios Grammy y un sinfín de reconocimientos han acompañado la larga discografía acumulada por el Gran Combo de Puerto Rico, también conocido como ‘los mulatos del sabor’. Su fallecido fundador fue fundamental en cultivar y consolidar ese sonido que se expandió por todo el mundo y en el que también tuvo mucho que ver en sus inicios el famoso ‘niño de Tras Talleres’, Andy Montañez.
A él, Rafa lo recordaba como uno de los mejores cantantes que tuvo el Gran Combo –que contó con los nombres inigualables de Charlie Aponte, Jerry Rivas, Pellín Rodríguez o ‘Papo’ Rosario, que falleció este viernes 12 de diciembre a los 78 años–, pero, sobre todo, como uno de sus más grandes y fieles amigos.
El Gran Combo de Puerto Rico. Foto:El Gran Combo de Puerto Rico
“En 1968, el grupo estuvo prácticamente desaparecido, después de una temporada de cinco o seis años en que hicimos un show de mediodía y un programa de radio a diario. A la larga, eso nos hizo daño. Dejamos de vender discos y nos despidieron. La crisis fue entre el 68 y el 71. Pero los muchachos fueron fieles al grupo e hicieron muchos sacrificios. Andy Montañez era cantante nuestro y le hicieron ofertas que no quiso aceptar. En cambio, hipotecó su casa por un dinero para que hiciéramos un disco, porque de la compañía de discos también nos botaron. Fue un gesto de grandeza que nunca olvidaré”, narró Ithier a este diario en el año 2000.
“Rafa fue mi apoyo. Fue él que me llevó de la mano y siempre me apoyó”, comentó en sus redes Montañez al saber de la muerte de su compadre, porque Rafa Ithier era el padrino de su hija Liza. “Honrado y agradecido, Maestro. ¡Tu inmenso legado por siempre… ¡Vive!”, agregó en su publicación.
Vida de músico
Rafael Ithier Natal nació el 29 de agosto de 1926 en San Juan. Se acercó a la música desde la infancia. Su padre, Nicolás, dirigía un grupo de bohemia y su tío Salvador era guitarrista y segunda voz del Trío Borinquen. La muerte de su padre, cuando Ithier tenía apenas ocho años, lo llevó a buscar trabajo para apoyar a su familia. Así ingresó como guitarrista al Conjunto Lucerito, etapa en la que nació su vínculo definitivo con la música, según relata el comunicador puertorriqueño Hiram Guadalupe en Historia de la salsa.
Aunque su aspiración inicial era convertirse en pelotero y jugar al béisbol, la música terminó ocupando un lugar central en su vida. A los 14 años ya integraba el grupo El Hawaiano, donde recibía cuatro dólares por noche, una suma considerable para la época. Con el tiempo descartó estudiar administración comercial y derecho, y en 1954 ingresó al Combo de Cortijo, dirigido por Rafael Cortijo.
“Yo tocaba piano. Lo que tocábamos era guaracha y plena. ¿Salsa? Ni pensarlo”, recordó alguna vez en una entrevista con la agencia EFE. Al igual que Cortijo, Ithier aprendió a tocar su instrumento de manera autodidacta. A principios de los años cincuenta, junto a figuras como Ismael Rivera —‘El sonero mayor’—, Martín Quiñones, Miguel Cruz y Sammy Ayala, dio forma al Combo de Rafael Cortijo. Luego, vendría la separación y el nacimiento del Gran Combo de Puerto Rico, que hasta el sábado pasado fue el hogar terrenal de Ithier.
La agrupación recibió homenajes en el Día Nacional de la Salsa en 1985 y 2014, este último con un récord de asistencia de 40.000 personas. Además, hace algunos años hicieron historia al presentarse en Dubái, convirtiéndose en la primera orquesta de salsa en ofrecer un concierto en esa ciudad de los Emiratos Árabes Unidos. “Quizás no seremos la mejor orquesta del mundo, pero El Gran Combo ha sido un buen ejemplo, pues muchas orquestas que nacen, a los varios años rompen por indisciplina”, aseguraba.
Fallece Rafael Ithier, fundador de la orquesta de salsa El Gran Combo de Puerto Rico Foto:EFE
Desde aquel primer baile en el Rock’n Roll Club de Bayamón con el Gran Combo, en 1962, Ithier no paró. Muchas veces se sintió agotado y enojado; incluso, tuvo disputas legales con miembros de su orquesta, temas que pudo resolver en los mejores términos durante sus últimos años. Sin embargo, nunca volvió a sentirse frustrado, porque el Gran Combo fue esa semilla que renació en él su amor por la música: “En esos momentos de cansancio me acuerdo que esto fue lo que escogí para vivir. Me acuerdo que Dios me ha dado un poquito de talento para hacer cosas que le gustan a la gente. Y me doy cuenta que todo lo que me rodea se lo debo a la música”.
*Con información de Efe

















