Muchos documentos históricos de Colombia pasaron de ser tesoros a ser cuadros para decorar las salas de aquellos funcionarios de turno, que deliberadamente decidían tomarlos y llevarlos a casa. “Cuando asesoré en el Concejo de Bogotá, en el archivo histórico había documentos y libros antiguos en pergamino. Funcionarios de turno se los llevaban a sus casas para decorar salas. Cuando después quise revisar documentos de 1800 a 1810 para estudiar la Independencia y el cabildo abierto, muchos ya no estaban: habían desaparecido”, contó a EL TIEMPO, Robert Ojeda, profesor de negocios y relaciones internacionales de la Universidad de La Salle y experto en historia.
Esos archivos extraviados pudieron tener dos destinos: las paredes de un corredor de una casa o el archivo personal de alguna familia, pues se les entregaron a quienes les pertenecieron en un inicio. El último es el caso del ‘Memorial de Caldas’, manuscrito que se consideraba perdido. Lo que cuenta el experto es que el documento siempre perteneció a la familia Pombo, ya que estaba dirigido al secretario Pombo, quien fue juez de la expedición botánica.
Ahora, este memorial y otras 350 piezas históricas están a la espera del mejor postor, pues el martes 20 de enero a las 7 p. m. los amantes de la historia podrán comprar, en la casa de subastas Bogotá Auctions, además de la carta del ‘sabio Caldas’: un retrato de Bolívar, atribuido al artista José Gil de Castro; las primeras ediciones de obras maestras de Gabriel García Márquez, firmadas por él; Atlas de Colombia con firmas de Paz; y muchas otras piezas que atestiguaron momentos claves en nuestro pasado.
“El documento de Caldas permaneció en la familia Pombo durante unos 150 años. Se heredaba del hijo mayor al hijo mayor dentro de los Pombo. En la última generación hubo cambios importantes: el último dueño atravesó procesos migratorios y el archivo perdió relevancia para ellos, así que se rescató antes de que se perdiera en una mudanza hacia Estados Unidos o terminara, dentro de 30 años, en una venta de garaje”, cuenta Timothée de Albin, director del departamento de libros y documentos de la casa de subastas encargada para esta ocasión.
IMAGEN DE REFERENCIA Foto:Samuel Monsalve
El texto, titulado ‘Sor. Secretario del Virreinato, juez comunicado para los asuntos de la Expedición Botánica en Santafé’, fue redactado el 30 de septiembre de 1808 y constituye un testimonio excepcional de su visión de dicha Expedición. Está en paleografía, que es una letra especial cursiva del siglo XVIII, que se llama “letra encadenada redonda”, propia de esa época.
Ojeda, que es experto en este tipo de letra, leyó el documento y encontró que “a Francisco José de Caldas no lo estaban reconociendo como astrónomo y geógrafo. A él le decían que su trabajo debía ser recoger plantas, observarlas, clasificarlas”. En ese entonces, Caldas cumple, pero a su manera. Hace herbarios y registros botánicos, pero con un punto de vista geográfico: anota la latitud, la longitud, la altitud y los puntos cardinales de los lugares donde se encontraban esas plantas.
“Este documento es, en el fondo, un reclamo. En el que exige que se le reconozca como geógrafo y astrónomo. Mientras Mutis lo mandaba a recoger plantas, Caldas seguía con la intención de trabajar en su campo. Incluso cuando le piden que vaya a buscar quinas, él obedece, pero se va a Quito, aprovecha y se dedica a estudiar los volcanes. Allí mide el punto de ebullición del agua, el punto barométrico, la altura, la temperatura y el ancho de los volcanes”, cuenta Ojeda.
Según lo que registra la historia, Caldas, impulsado por su pasión, sube tres veces al Chimborazo. Toma sus datos. “Luego baja hasta la playa y desde allí mide la ebullición del mercurio, del oro y del agua, analizando a qué temperaturas hierven esos elementos en distintos niveles. Todo esto lo hace con el objetivo de ‘levantar cartas’, es decir, mapas antiguos de montañas, volcanes y territorios”.
“Realizó más de 100 mapas de estas geografías. Y hay algo especialmente hermoso: menciona la idea de un canal interoceánico. No dice ‘Canal de Panamá’ como tal, pero habla de la importancia de una conexión entre Quito y el otro océano por medio de un canal. Esa idea está escrita en el documento”, agrega el historiador al expresar la relevancia de la carta que está en subasta.
El documento es una carta que Caldas escribe pocos días después de la muerte de José Celestino Mutis, ocurrida el 11 de septiembre de 1808, a los 76 años. Lo que ocurre cuando Napoleón invade España y derroca al rey. Eso implica el fin de la financiación de la expedición botánica, que llevaba 30 años siendo patrocinada por la corona para recolectar plantas útiles al reino, como la quina, el añil, los tintes, y para explorar minas de oro y plata.
“Tras la muerte de Mutis, surge una disputa por el control de la expedición botánica, especialmente por parte de su sobrino. Caldas interviene diciendo que desde 1789 ha trabajado allí, que ha cargado libros, instrumentos y planos al lomo de mulas e indígenas, y que escribió un libro sobre la experiencia botánica en Quito. También menciona que trabajó con Alexander von Humboldt, quien le dejó instrumentos de observación. Él asegura que tenía mejores instrumentos y datos, especialmente para medir la altitud y la presión barométrica de Santa Fe de Bogotá”, dice Ojeda.
En el documento, Caldas pide tres cosas: que se reconozca su trabajo, que se le entreguen los instrumentos científicos y que se le nombre director de la expedición botánica. Si no, al menos que se le deje a cargo del observatorio astronómico. Eso fue lo que finalmente ocurrió: la botánica quedó en otras manos y a Caldas le asignaron el observatorio.
IMAGEN DE REFERENCIA Foto:Samuel Monsalve
¿Por qué un documento tan importante ingresaría a manos privadas? Al momento en que este artículo fue escrito, la puja por la pieza iba en 18 millones de pesos. “Imagínate que lo compre alguien del extranjero. Sería como vender pedazos de nuestra historia, podría reducir el valor histórico y patrimonial del documento”, añade.
Sin embargo, la realidad es que difícilmente este tipo de documentos caen en manos del Estado, porque —según Timothée de Albin, quien trabaja para la casa de subastas— “el Archivo General de la Nación no tiene presupuesto para la adquisición, así que nunca compra este tipo de archivos públicos. Esa opción, sencillamente, no existe”. El Banco de la República suele ser el comprador de este tipo de material, de acuerdo con lo que dice Albin. De hecho, la entidad bancaria es la que ha comprado al menos ocho de los últimos documentos subastados, pero en esta ocasión no ingresó a la puja.
En cuanto al nivel de pérdida histórica al subastar estos objetos, Albin también aclara que la información útil para investigaciones de este tipo no se desperdicia o pasa a manos de unos pocos, ya que “se han tomado fotografías del documento que permanecerán en línea durante años, de modo que las personas tendrán acceso a ellas. Si alguien invierte varias decenas de millones de pesos en un documento así, no suele ser un capricho. Son compradores conscientes, que entienden su valor y lo cuidan”.
“El año pasado, por ejemplo, un coleccionista colombiano compró una copia de una carta de Jiménez de Quesada por más de 100 millones de pesos. No es algo que vaya a dejar en el baño entre revistas. El gusto por estos archivos tiene más que ver con museología que con conocimiento científico. Muchas veces los particulares conservan mejor los documentos que algunas instituciones. Este mismo documento (El memorial de Caldas) estuvo en estado impecable durante 150 años en manos privadas. No hay razón para pensar que no pueda seguir así otros 30 años más”, concluye
Lo ideal sería que existieran políticas claras del Ministerio de Cultura para que, cuando un documento así vaya a subasta, lo primero sea ofrecérselo al Estado. Pero no existe una defensa legislativa fuerte para casos como este. Las leyes de patrimonio protegen los documentos que ya están dentro del Archivo General, pero no los que están por fuera.
Subasta Foto:Cortesía
El problema es que, aunque el ICANH establece que los hallazgos arqueológicos pertenecen al Estado, mucha gente prefiere venderlos antes de registrarlos, porque una vez denunciados pasan a manos estatales sin compensación clara. Por eso terminan en casas de subastas, que están protegidas por la ley. El Estado, si quiere recuperarlos, tiene que entrar a la puja.
La subasta contará con cerca de 380 lotes, distribuidos en dos sesiones: una presencial con participación virtual y otra exclusivamente virtual. Junto al Memorial de Caldas se presentarán otros documentos vinculados con la Expedición Botánica, una rarísima traducción bogotana de la Constitución de los Estados Unidos (1812), dos álbumes fotográficos colombianos del siglo XIX y un original del acta de Independencia de Cundinamarca de 1813.
El catálogo reúne primeras ediciones, libros de historia colonial y moderna, manuscritos, mapas, grabados y piezas de coleccionismo sobre Colombia, Hispanoamérica, Cartagena de Indias y Simón Bolívar. Para quienes no puedan acercarse de manera presencial a la sede de Bogotá Auctions, este catálogo completo con imágenes e información de las piezas está disponible en www.bogotaauctions.com donde también, los interesados en participar en la puja, desde cualquier lugar de Colombia o del mundo, pueden registrarse.
María Jimena Delgado Díaz
Periodista de Cultura

















