Frase de comercial televisivo de cerdo: “Mi amor, ¿no tienes ganas de un antojo?”. Comentario: Aunque la pregunta no es por sí misma incorrecta, porque efectivamente alguien puede tener ganas de un antojo, en el contexto sí lo es, dado que se refiere a una conversación informal de pareja que busca decidir de manera casi inmediata el menú de su siguiente comida. El antojo debe estar presente en ese momento, lo que llevaría a alguna pregunta más sencilla: “Mi amor, ¿qué antojo tienes?” o “¿de qué tienes ganas para el almuerzo” o (en Madrid) “¿qué te apetece?” o (en Bogotá) “¿Qué te provoca?”. También son válidas en negativo: “¿no tienes algún antojo?”, “¿no tienes ganas de algo especial?”.
Y es que antojo es algo especial, algo que tal vez nunca se había consumido y por lo que surge espontáneamente de deseo fuerte, como lo confirma la definición del DLE, Diccionario de la lengua española, ‘deseo pasajero, apremiante y caprichoso’. Por su parte, la palabra “ganas” expresa ‘deseo, apetito o voluntad de algo’. Y en cuando a “provocar”, que más de un purista me va a criticar, por el uso que se le da en España (‘provocar náuseas’), el DLE agrega hoy que “provocar” es ‘incitar el apetito, apetecer, gustar’. Especifica que este uso está arraigado en El Salvador, Venezuela y Colombia.
Más antojos
“Antojo” tiene otros significados en el DLE, como ‘el deseo apremiante de algún alimento por parte de la mujer embarazada’, “tiene un antojo de fresas”; ‘deseo caprichoso’, “la moto fue su primer antojo de juventud”; ‘idea sin suficiente examen’, “una opinión fundada en el antojo”. El DLE da entre sus sinónimos y afines “capricho”, “deseo”, “gusto”, “anhelo”, “berretín”. El Diccionario panhispánico de dudas, DPD, alardea de su habitual enfoque gramatical, con algunas explicaciones sobre el uso culto de “antojo” y sus derivados, que tal vez a pocos interesarán y que incluyen sutilizas como la siguiente: “Debe evitarse en la lengua culta construirlo como encapricharse, es decir, con sujeto de persona y un complemento con “de” para expresar el objeto del antojo: “Maleva se antojó de un automóvil modelo deportivo”; mejor: “A Maleva se le antojó un automóvil deportivo”.
El Diccionario de americanismos registra algunos usos por países, por ejemplo, “antojitos”, ‘pequeñas porciones de comida típica, servidas como aperitivo’ (México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Puerto Rico, Venezuela y Ecuador). El Lexicón de colombianismos, Mario Alario di Filippo, agrega “antojoso” con el sentido de ‘antojadizo’, y el Diccionario de colombianismos, Instituto Caro y Cuervo, sitúa este adjetivo (antojoso) en el Caribe y Santander, como usado para referirse a la ‘persona que se antoja de algo con frecuencia’. Da como ejemplo: “Hoy más que nunca estarás bastante antojoso. Los dulces y los postres te harán agua la boca”.
Subir para arriba
Mis amigos de ‘En Blu-jeans’ se preguntaban por qué la Academia admite como correctas frases redundantes, del estilo “subí para arriba” y “bajé para abajo”. Estamos llenos de redundancias buenas que constituyen hipérboles clásicas, como “mil gracias” o “lo sabe todo el mundo”, que nos sirven para comunicarnos a diario. Se trata de locuciones expletivas, que agregan elementos sin aporte de significado, pero con aporte expresivo. Basta comparar en la papelería del barrio “una de cada” con “una de cada una”. ¿Cuál funciona mejor?
Fernando Ávila- experto en lingüística- Instagram: @ elprofeavila_

















