El Índice Nacional de Salud 2025, presentado por el centro de pensamiento Así Vamos en Salud, traza un diagnóstico contundente sobre el desempeño del sistema sanitario en Colombia: el país sigue fallando donde más impacta la vida de las personas, en el territorio, el talento humano y los resultados en salud que podrían prevenirse. El informe, divulgado en Bogotá el 29 de enero de 2026, analiza 37 indicadores y concluye que los avances y rezagos no parten de cero, sino que están profundamente condicionados por las desigualdades estructurales, las brechas territoriales y la capacidad real del sistema para usar de manera eficiente los recursos disponibles.
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En un contexto de alta presión sobre el sistema de salud, el Índice advierte que los principales problemas no se explican por la falta de reformas normativas ni por la ausencia de cambios legales orientados a un nuevo modelo, sino por factores persistentes como las condiciones iniciales de los territorios, la protección social, los determinantes sociales de la salud y una gestión ineficiente del gasto. En otras palabras, más gasto no necesariamente se traduce en mejores resultados: el análisis por cuartiles evidencia que la eficiencia del gasto, la atención primaria y la prevención pesan más que el monto invertido.
El análisis evidencia que la eficiencia del gasto y la prevención pesan más que el monto invertido. Foto:Néstor Gómez – EL TIEMPO
Uno de los hallazgos más críticos del informe tiene que ver con el talento humano en salud, identificado como una alerta estructural. Colombia registra apenas 40,5 médicos y enfermeras por cada 10.000 habitantes, lo que la ubica en el último lugar del grupo de países de comparación y por debajo de la meta mínima recomendada por la Organización Mundial de la Salud, fijada en 44,5 profesionales por cada 10.000 habitantes. La situación es aún más preocupante en el caso de los profesionales farmacéuticos, donde el país ocupa la penúltima posición, una brecha que impacta directamente la seguridad del paciente, la continuidad de los tratamientos y el uso adecuado de los medicamentos.
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El Índice también pone el foco en la eficiencia y eficacia del gasto en salud como un elemento indispensable para lograr mejoras estructurales que se reflejen en resultados tangibles para la población. Una asignación óptima de los recursos, señala el informe, permitiría modernizar infraestructura y equipos, priorizar las necesidades más críticas, elevar la calidad de la atención mediante procesos más seguros y estándares técnicos más altos, fortalecer el enfoque preventivo y garantizar la sostenibilidad del sistema frente a las demandas presentes y futuras.
Las brechas territoriales aparecen como uno de los ejes centrales del análisis. La ruralidad concentra los peores desenlaces en salud, en coherencia con los resultados del Índice de Salud Rural, que evidencia cómo el menor acceso a servicios, la limitada capacidad instalada y las condiciones de vida adversas siguen marcando diferencias profundas frente a los territorios urbanos. Un ejemplo especialmente preocupante es el acceso a servicios de acueducto y alcantarillado “básico” en zonas rurales: Colombia ocupa el segundo puesto más bajo entre los países de la Ocde, con apenas 11 puntos en acueducto y 15 en alcantarillado, lo que refleja dificultades serias en la gestión de estos servicios esenciales.
Los territorios con menor capacidad instalada y acceso a servicios siguen rezagados en salud.
Foto:César Mateus – EL TIEMPO
El fortalecimiento de la atención primaria en salud, bajo un enfoque menos medicalizado y más intersectorial, es otra de las recomendaciones clave del Índice. El informe subraya la necesidad de articular sectores sociales, económicos y políticos para abordar de manera integral los determinantes sociales de la salud, reconociendo las particularidades socioeconómicas, culturales y estructurales de cada región. Esta mirada cobra especial relevancia al contrastar los resultados urbanos y rurales, donde las desigualdades siguen condicionando de forma significativa los desenlaces en salud.
En cuanto a la capacidad instalada, el Índice la identifica como un pilar fundamental del desempeño sanitario. Optimizarla permitiría fortalecer los procesos internos de las instituciones, garantizar la disponibilidad de insumos y talento humano, y mejorar la eficiencia en la prestación de los servicios, sin que ello implique una reconfiguración estructural del sistema. En este indicador, Colombia también muestra rezagos: es el tercer país con menor número de camas hospitalarias por cada 1.000 habitantes, con una tasa de 1,7, muy lejos de los países que lideran la tabla y superan las 12 camas por cada 1.000 habitantes.
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El informe dedica un apartado especial a las enfermedades crónicas no transmisibles y a la mortalidad materno-infantil, dos áreas que considera prioridades prevenibles. En el primer caso, resalta la necesidad de fortalecer los sistemas de vigilancia mediante mecanismos de monitoreo permanente que permitan evaluar intervenciones y ajustar estrategias de manera oportuna. En el segundo, insiste en que la mayoría de las causas de la mortalidad materno-infantil son altamente prevenibles, y que avanzar de forma sostenida en este indicador depende de una prevención efectiva, una atención primaria robusta y un uso eficiente de los recursos.
Colombia se ubica por debajo de la meta mínima de la OMS en médicos y enfermeras. Foto:Archivo particular
Los hallazgos del Índice Nacional de Salud 2025 confirman que mejorar los resultados en salud en Colombia exige fortalecer las condiciones iniciales, la protección social y la capacidad del sistema, más que promover cambios estructurales orientados a redefinir el modelo. La evidencia comparada, señala el informe, muestra que los países con mejores desempeños han priorizado políticas públicas integrales, continuidad institucional y decisiones basadas en datos.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medioambiente y Salud
@CaicedoUcros
















