El cáncer es una de las principales causas de muerte tanto en humanos como en animales de compañía. Diversos estudios estiman que entre un tercio y la mitad de los perros desarrollarán algún tipo de cáncer a lo largo de su vida.
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Entre ellos, el hemangiosarcoma destaca por su agresividad y por la dificultad para detectarlo a tiempo. Ahora, una investigación liderada por científicas de la Universidad de Pensilvania muestra que perros entrenados pueden identificar esta enfermedad letal a través del olfato, un hallazgo que abre la posibilidad de nuevos métodos de detección temprana.
El hemangiosarcoma es un cáncer maligno de las células de los vasos sanguíneos. A menudo no se diagnostica hasta que un perro aparentemente sano colapsa de manera repentina. Por esta razón, ha sido descrito como un “asesino silencioso”. En la actualidad no existen herramientas diagnósticas que permitan detectarlo de forma precoz, y el pronóstico, una vez identificado, suele ser desfavorable.
Para enfrentar este desafío, Cynthia M. Otto, de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de Pensilvania, y su equipo evaluaron si el hemangiosarcoma tiene una “firma” olfativa específica, es decir, un patrón de compuestos orgánicos volátiles que los perros puedan detectar. Los resultados del estudio fueron publicados en The Veterinary Journal.
El olor del cáncer
Los compuestos orgánicos volátiles son las moléculas responsables de los olores. “En realidad, lo que olemos son compuestos orgánicos volátiles”, explica Clara Wilson, investigadora posdoctoral del Penn Vet Working Dog Center. “Los detectamos cada vez que olemos algo. Los perros tienen la capacidad de percibirlos en niveles mucho más bajos que nosotros”, señala. Según Wilson, estos compuestos “parecen ser la clave de cómo los perros pueden oler cosas como el cáncer”.
El hemangiosarcoma es un cáncer maligno de las células de los vasos sanguíneos. Foto:iStock
En el estudio participaron cinco perros de biodetección que ya habían sido entrenados para reconocer olores asociados a otras enfermedades, entre ellas la enfermedad debilitante crónica, el trastorno de estrés postraumático y distintos tipos de cáncer humano.
Los animales realizaron pruebas doble ciego con muestras de suero sanguíneo de perros con hemangiosarcoma confirmado, perros con otras enfermedades no cancerosas y perros sanos. Cada perro evaluó 12 conjuntos de muestras emparejadas a lo largo de siete ensayos por conjunto, y ninguna de las muestras había sido utilizada durante el entrenamiento inicial.
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Para las pruebas se emplearon olfatómetros de alta tecnología. “Son muy avanzados: tienen un pequeño rayo láser infrarrojo en la parte superior”, describe Wilson. “Cuando ese rayo se interrumpe, se registra que el perro está examinando la muestra. Si permanece allí el tiempo suficiente y es la muestra correcta, escucha un tono y sabe que debe ir por su premio”.
Resultados alentadores
En promedio, los perros identificaron correctamente las muestras de hemangiosarcoma el 70 % de las veces. Según Wilson, este porcentaje se encuentra dentro del rango observado en estudios sobre detección de cáncer humano mediante perros, un enfoque más consolidado. “Esto es muy alentador”, afirma. “Detectar el cáncer es increíblemente difícil: es un olor muy complejo”.
Los perros identificaron correctamente las muestras de hemangiosarcoma el 70 % de las veces. Foto:iStock
El objetivo principal de este estudio de prueba de concepto era determinar si el hemangiosarcoma tiene un perfil olfativo detectable. Los resultados indican que sí. “Ahora se podría invertir esfuerzo en desarrollar una máquina o una prueba que lo detecte”, señala Wilson. La detección temprana, subrayan las investigadoras, podría traducirse en mejores resultados para los perros afectados.
Wilson plantea que una prueba basada en el olor podría utilizarse como un examen de detección anual. “Podría señalar un problema potencial para que el propietario realice pruebas adicionales, como ecografías o tomografías”, explica. “Realmente podría ayudar a detectarlo a tiempo en perros en los que hoy lo encontramos demasiado tarde”.
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Detectado de manera precoz, añade Otto, “podríamos evitar que la enfermedad se propague, porque lo que resulta realmente devastador es la diseminación”. Esto permitiría, por ejemplo, considerar la extirpación del bazo antes de que se rompa o iniciar quimioterapia con mayor rapidez.
Además, una detección temprana facilitaría la evaluación de distintos tratamientos en ensayos clínicos. “Este es un primer núcleo de esperanza”, afirma Wilson. Las investigadoras señalan que futuras investigaciones podrían transformar estos hallazgos en una herramienta de detección útil, con beneficios tanto para la práctica veterinaria como para el desarrollo de nuevas terapias.
REDACCIÓN VIDA DE HOY

















