La preservación de tejidos blandos en el registro fósil es un fenómeno raro. Células, vasos sanguíneos o piel suelen desaparecer poco después de la muerte de un organismo, devorados por procesos de descomposición que no dejan huella en la roca. Esa rareza se acentúa aún más en regiones de bajas latitudes, como Colombia, donde las condiciones ambientales suelen ser poco favorables para este tipo de conservación. Por eso, el reciente hallazgo de restos de piel alrededor del cráneo de un ictiosaurio que vivió hace unos 120 millones de años marca un hito para la paleontología colombiana.
LEA TAMBIÉN
El descubrimiento fue realizado por un equipo de paleontólogos colombianos y alemanes que estudiaron un fósil procedente de Villa de Leyva, una de las zonas más importantes del país para el estudio de reptiles marinos del Cretácico. En torno al cráneo del ictiosaurio, los investigadores identificaron restos de piel que, pese al paso de millones de años, conservan características sorprendentes.
Entre los fragmentos analizados se reconocieron pequeñas estructuras con forma de red, que se asemejan a fragmentos de capas internas de la epidermis. Además, se hallaron láminas delgadas parecidas a fragmentos de piel que aún se mantienen flexibles, una condición excepcional para un material fósil de esta antigüedad. Aunque el tejido encontrado es fragmentario, su estado de conservación permitió avanzar más allá de una simple descripción morfológica.
Señales químicas de un tejido antiguo
El análisis químico de los restos reveló señales que evidencian la preservación de componentes orgánicos. En particular, los investigadores detectaron indicios de restos de proteínas potencialmente originales de la composición de la piel. Este resultado sugiere que no se trata solo de una impresión o un reemplazo mineral, sino de un material que conserva parte de su naturaleza biológica.
Reconstrucción paleoartística del ictiosaurio. Foto:Edwin Cadena
El hallazgo también aporta información clave sobre el ambiente marino en el que estos reptiles se preservaron. Según el equipo, las condiciones debieron ser especiales: una baja presencia de oxígeno y la acción de ciertos microorganismos habrían favorecido la conservación excepcional de los restos. Estas características ambientales explican por qué en Villa de Leyva se han preservado de manera tan notable numerosos reptiles marinos.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores utilizaron diversas herramientas modernas. Emplearon microscopios ópticos y electrónicos, capaces de revelar detalles diminutos mediante luz o electrones y de generar imágenes de estructuras de fracciones de milímetro o incluso menores. Estas técnicas permitieron observar la microestructura de la piel fósil y mapear su composición elemental.
LEA TAMBIÉN

Asimismo, se aplicaron métodos que estudian cómo la luz interactúa con el material analizado. A través de estas técnicas fue posible determinar de qué está compuesto el tejido y establecer si su origen corresponde realmente a piel. Este enfoque también permitió diferenciar el material de otros posibles orígenes, como tapetes bacterianos, que pueden confundirse con tejidos blandos en el registro fósil.
Un aporte a la paleontología molecular
El descubrimiento se inscribe en un momento destacado para la paleontología colombiana, en particular para un campo en expansión conocido como paleontología molecular. Este enfoque busca comprender cómo pueden preservarse estructuras blandas a lo largo de millones de años, más allá de la imagen popular asociada a la ficción.
Como explica el Dr. Edwin Cadena, profesor del programa en Ciencias del Sistema Tierra de la Universidad del Rosario, la paleontología molecular “más que traer de vuelta especies extintas como en la película Parque Jurásico, busca entender cómo se pueden preservar células, vasos sanguíneos, piel y otras estructuras blandas en fósiles de millones de años”. En ese sentido, el hallazgo del ictiosaurio colombiano ofrece un caso de estudio excepcional.
Fragmento de piel después de ser removida del fósil por métodos químicos Foto:Manuel Martinez
Manuel Martínez, miembro del Grupo de Investigación en Paleontología Neotropical Tradicional y Molecular (PaleoNeo) de la Universidad del Rosario, subraya la relevancia del hallazgo. “Encontrar tejidos blandos, como músculos, algunos órganos y en este caso la piel, es poco común, pues estos tejidos, una vez el organismo ha muerto, se descomponen rápidamente”, señala. El investigador destaca además que en regiones tropicales existen muy pocos registros de este tipo de preservación.
LEA TAMBIÉN

Por ello, el descubrimiento adquiere un valor adicional: se trata de la primera caracterización de tejidos blandos en un reptil marino del Cretácico en el norte de Suramérica. Este avance, concluye Martínez, “mejora nuestro conocimiento sobre los mecanismos que llevan a la preservación excepcional de los fósiles en estas regiones” y abre nuevas preguntas sobre las condiciones que permiten que la piel, flexible y cargada de información química, llegue hasta el presente desde un pasado tan remoto.
REDACCIÓN CIENCIA

















