Más de cinco siglos después de su muerte, Leonardo da Vinci sigue siendo objeto de investigación científica. Sin descendencia directa y con una tumba destruida durante la Revolución Francesa, el artista italiano dejó pocas pistas físicas que permitan estudiar su biología.
Ante este vacío, un grupo internacional de investigadores ha optado por un camino alternativo: buscar ADN en los objetos que manipuló a lo largo de su vida.
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El Proyecto Leonardo da Vinci parte de una premisa clara: las pinturas, dibujos y cartas que el artista tocó podrían conservar fragmentos de material genético. Según los científicos, el papel y el lienzo son superficies capaces de absorber restos biológicos y, en algunos casos, preservarlos durante siglos.
El equipo tomó muestras de varias piezas vinculadas al entorno de Leonardo, entre ellas cartas escritas por un pariente lejano y un dibujo conocido como “Santo niño”, cuya autoría ha sido atribuida al maestro por el fallecido marchante de arte Fred Kline, aunque este punto sigue siendo debatido por especialistas. En los análisis se detectó abundante ADN ambiental (de bacterias, plantas, animales y hongos), así como una secuencia coincidente del cromosoma Y masculino en una carta y en el dibujo. Los resultados fueron publicados el 6 de enero en una versión preliminar de un estudio aún no revisado por pares.
En dibujos y cartas se halló ADN ambiental y un cromosoma Y coincidente preliminar hoy sin pares. Foto:Instituto J. Craig Venter
“Hay mucho material biológico proveniente del individuo que puede rastrearse en un trozo de papel o un lienzo que lo absorbe”, explicó el coautor del estudio, el Dr. Norberto González-Juarbe, profesor asistente de biología celular y genética molecular de la Universidad de Maryland, College Park. “Y si se cubre con pintura, actúa como una capa protectora”.
Aunque el estudio no afirma que el ADN encontrado pertenezca a Leonardo, los investigadores consideran que el método abre una vía para analizar otros objetos relacionados con el artista. Si la misma secuencia del cromosoma Y aparece de forma consistente en distintas piezas, podría servir como base para reconstruir parcialmente su genoma. El Dr. Charles Lee, profesor del Laboratorio Jackson de Medicina Genómica en Connecticut, señaló que rastrear ese ADN permitiría explorar si Leonardo poseía alguna ventaja biológica, como una agudeza visual superior a la media, sugerida por su obra.
El estudio preliminar fue publicado el 6 de enero y aún no ha sido revisado por pares. Foto:iStock
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En busca de un ADN con siglos de antigüedad
La obtención de muestras genéticas en obras de arte plantea un desafío adicional: evitar daños irreversibles. Tras probar perforaciones, aspiraciones y técnicas forenses, el equipo concluyó que los hisopos secos eran la opción menos invasiva y suficientemente eficaz. Este procedimiento permitió recuperar material genético sin alterar las piezas analizadas.
El ADN extraído del “Santo niño” también ofreció información sobre el entorno en el que la obra fue creada y conservada durante los últimos 500 años. Una vez descartados contaminantes modernos, los investigadores identificaron marcadores biológicos que apuntan a Italia como lugar de origen. Entre ellos apareció ADN de naranjo, que podría vincularse a los jardines de la familia Medici en la Toscana, y ADN de jabalí, animal cuyas cerdas se utilizaban comúnmente en pinceles del Renacimiento.
“¿Estamos 100 % seguros de que el ADN de cerdo proviene del pincel?”, planteó Lee. “No, pero coincide con lo que sabemos sobre la historia del arte”.
Expertos advierten que los hallazgos son iniciales y no prueban identidad genética definitiva. Foto:Marguerite Mangin
Para profundizar en el componente humano del análisis, el equipo de Lee examinó las secuencias del cromosoma Y sin conocer la procedencia de cada muestra, en un proceso realizado a ciegas. Tras comparar los datos con unos 90.000 marcadores conocidos, determinaron que la secuencia correspondía al haplogrupo E1b1. Este grupo genético representa hoy entre el 2 % y el 14 % de los hombres en la Toscana, una región coherente con el origen y la vida de Leonardo.
“Esto no es una prueba definitiva”, advirtió Lee. “Son observaciones iniciales. A partir de ahora, esta es la base sobre la que podemos recopilar más datos para probar o refutar, confirmar o desmentir los datos que hemos encontrado”.
El hallazgo podría tener implicaciones adicionales. Si el mismo cromosoma Y se identifica en otros objetos, ayudaría a evaluar la autenticidad de obras atribuidas a Leonardo, como el propio “Santo niño”. No obstante, expertos como Francesca Fiorani, historiadora del arte de la Universidad de Virginia, consideran que los materiales analizados no son los más adecuados y subrayan que documentos escritos por el padre del artista habrían ofrecido una conexión genética más directa.
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Otros especialistas, como S. Blair Hedges, de la Universidad de Temple, valoran la metodología empleada, aunque señalan que reconstruir el genoma de Leonardo probablemente requerirá comparar estos fragmentos con ADN de descendientes vivos o con restos óseos autenticados, si llegan a confirmarse.
El proyecto continúa con nuevas líneas de trabajo en Francia y con el análisis de descendientes del padre de Leonardo. Los investigadores confían en que la convergencia de estudios independientes permita avanzar hacia una identificación más sólida.
“En algún momento, me encantaría que se realizara un estudio en el que, si demostramos que el haplogrupo E1b1 aparece consistentemente en estas diversas vías de investigación de los artefactos de Leonardo da Vinci y los descendientes vivos de su padre, entonces se analicen esas muestras óseas”, explicó Lee. “Y si lo contienen, entonces llegaré a la conclusión de que Leonardo probablemente portaba el cromosoma Y E1b1 con alta probabilidad”.
Por ahora, el resultado final sigue siendo incierto. “Es como ver una película, ¿verdad? Si sabes cómo va a terminar, no hay satisfacción. Pero cuando te sorprende, cuando no sabes qué va a pasar, eso es lo que hace que todo el proceso sea más gratificante”, concluyó Lee.
*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgado a medios de comunicación. Además, contó con la revisión de la periodista y un editor.
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