En Burladingen, una ciudad recóndita de Alemania, un niño de seis años le pidió a sus padres un violín después de ver un programa de música clásica para niños en televisión.
De la mano de ese instrumento, aquel niño, que nunca soñó con vivir de la música, terminó viajando por el mundo para interpretarla. En 2023 ganó el Premio Paganini y tuvo el honor de tocar el histórico violín de este compositor italiano con la Orquesta Sinfónica de Londres, una de las más prestigiosas del mundo, frente al rey Carlos III.
El Cartagena Festival de Música vivió un momento inesperado: el público se puso de pie en dos ocasiones, incluso antes de que terminara la obra, en una de las presentaciones más esperadas del evento cultural.
EL TIEMPO conversó con Simon Zhu después de sus presentaciones en la ciudad. En esta entrevista, el violinista alemán reflexiona sobre el camino que lo trajo hasta aquí, la disciplina, la emoción y el peso de la competencia. También sobre la experiencia de tocar por primera vez en Colombia y Sudamérica, e incluso sobre cuál ha sido su comida favorita durante la visita. Todo ello atravesado la certeza de que la música, antes que un triunfo, es un acto profundo de conexión humana.
¿Cómo comenzó su pasión por el violín?
Bueno, mis padres no son músicos. Muchos de mis colegas vienen de familias musicales, pero ese no es mi caso. Yo empecé a tocar el violín cuando tenía seis años. Fue porque crecí en un pueblo muy pequeño de Alemania, donde viven unas 3.000 personas. Se llama Burladingen. Es muy alemán, muy, muy pequeño. De hecho, ni siquiera muchos alemanes lo conocen.
Un día vi en televisión un programa infantil sobre Mozart, y él tocaba el violín. Me gustó tanto que le dije a mi mamá que quería tocar el violín. Esa fue mi primera impresión del instrumento y así fue como empecé a tocar.
Cuando empezó, ¿soñó con dedicarse a esto?
Al comienzo decía que quería ser un “profesor famoso”. No sabía que un profesor tenía que enseñar, simplemente pensaba que la palabra sonaba muy grande, muy importante.
No hubo un momento en el que dijera: “sueño con ser violinista”. Pero cuando empecé a practicar, a aprender y a amar el violín, llegó un punto en el que se volvió algo natural para mí. Entonces decidí que quería que fuera mi profesión. Creo que soy muy afortunado, porque es mi pasión y al mismo tiempo mi trabajo.
Ganó el Premio Paganini en 2023, uno de los concursos de violín más importantes del mundo. ¿Cómo cambió ese reconocimiento su vida como músico y como persona?
Como persona, espero seguir siendo amable. Como músico, me dio la oportunidad de tocar muchos conciertos después de la competencia. Claro, hubo un premio económico y todo eso, pero lo más importante fue que más personas conocieron mi nombre gracias al concurso y que recibí muchas invitaciones para tocar. Eso me permitió crear conexiones que ayudaron muchísimo a mi carrera.
¿Cree que un premio así es el punto culminante de una carrera?
No, no lo creo. Honestamente, pienso que la música es una forma de arte, y el arte no está hecho para ser una competencia. No se trata de comparar a dos o tres violinistas para ver quién es mejor. Se trata de expresar emociones y de transmitir la música. Lo más importante es poder provocar emociones en el público.
Aquí en Cartagena, por ejemplo, fue una experiencia muy profunda. El público fue increíblemente cálido, muy cercano, muy amable.
Esa experiencia con el público se suma a otros hitos importantes de su trayectoria. ¿Cómo fue tocar el violín histórico de Paganini?
Fue algo increíble. Toqué ese violín con la Orquesta Sinfónica de Londres, que es una de las mejores orquestas del mundo, y además estaba presente el rey Carlos de Inglaterra.
Definitivamente ha sido uno de los momentos más importantes de mi carrera hasta ahora. Ese violín es hermoso. No tuve mucho tiempo para probarlo, porque solo me lo entregaron 30 minutos antes del ensayo. Creo que el valor del seguro del instrumento es de unos 50 millones de euros.
Me siento muy afortunado de haberlo tocado y muy honrado de poder tocar el violín que Paganini sostuvo en sus manos y con el que interpretó su música.
¿Paganini es su músico favorito?
Es difícil decirlo. Amo a Paganini, por supuesto, pero también amo a otros compositores como Beethoven y Bach. Todo depende del momento. Es como tener una lista de reproducción: hay cosas que te gustan en ciertos momentos y otras que no.
En su tiempo libre, ¿Qué otra música escucha?
Escucho pop, escucho jazz, incluso un poco de pop latino. Conozco a Bad Bunny, por ejemplo.
¿Y le gusta?
Sí, creo que no está mal. Es interesante para mí. El pop latino siempre transmite esa vibra de verano, de playa, algo muy alegre y estimulante. Es música que levanta el ánimo.
¿Hay algún artista, fuera de la música clásica, que escuche especialmente?
Es una respuesta bastante estándar, pero el año pasado fui a un concierto de Coldplay y lo disfruté muchísimo. Fue una experiencia muy divertida para mí.
Más allá de los géneros que escucha, hay algo que el público suele destacar en su forma de tocar. Muchos le consideran un virtuoso por su técnica, pero sus interpretaciones también conmueven emocionalmente. ¿Cómo equilibra la técnica con la emoción?
Al final, el objetivo de un músico es mover a las personas. Pero al comienzo necesitas cierto nivel técnico, porque si tu técnica no es buena, no puedes expresar lo que quieres.
Es como cocinar: primero tienes que aprender a cortar carne o pescado. Eso ni siquiera es cocinar todavía, es solo la preparación. Esa es la parte técnica.
La técnica es muy importante, pero si solo haces eso y no sientes la música, no conmueves a nadie.
Creo que lo más importante es mover al público. Espero poder hacerlo a veces; no creo que en todos los conciertos todo el mundo se conmueva, pero si al menos una persona se emociona, yo ya soy muy feliz.
Primero tienes que conmoverte tú mismo. Si tú no amas la música, ¿cómo puedes convencer a otros de que la amen?
La música clásica exige mucha disciplina y perfección. ¿Cómo maneja esa presión? ¿Ha sentido el síndrome del impostor?
Muchas personas han experimentado el síndrome del impostor. Yo no diría que lo he vivido de forma muy fuerte, pero sí existe una tendencia al perfeccionismo.
Hoy en día, con las redes sociales, todo parece perfecto. Puedes grabar algo 500 veces y publicar solo la toma perfecta. Los discos también funcionan así: se editan fragmentos hasta que todo queda impecable.
Un concierto en vivo es diferente. Siempre hay imperfecciones. Nadie es perfecto, no somos máquinas ni inteligencia artificial.
En casa practico para que la obra sea lo más perfecta posible, pero en el escenario tengo una filosofía distinta: soltar. No pienso que todo tenga que ser perfecto.
Lo más importante es mover al público. Demasiada perfección también puede resultar aburrida.
Esa exigencia constante también define la relación que tiene con su instrumento. ¿Alguna vez sintió una obsesión con el violín?
Paso mucho tiempo con el violín, así que se podría llamar obsesión o pasión. Es una parte muy grande de mi vida, pero no es toda mi vida.
También disfruto salir con amigos, tomar algo, ir a comer, jugar videojuegos, leer, nadar o hacer deporte.
Creo que el equilibrio es fundamental. Necesitas vivir experiencias para luego poder llevarlas a tu música.
Empezó a tocar muy joven. ¿Hubo momentos en los que dudó de este camino?
Nunca hubo un momento en el que quisiera dejar el violín, pero sí hubo momentos decepcionantes.
En las biografías siempre se muestran solo los logros, pero todos hemos vivido rechazos y fracasos, en competencias o en otros contextos.
Mis padres y mis maestros siempre me apoyaron. Hubo decepciones, conmigo mismo o con otras personas, pero nunca quise abandonar la música.
Ha aprendido de grandes maestros. ¿Qué lección, más humana que técnica, lo marcó más?
Aprender a convencer a las personas a través de la música, a mostrarles mi amor por ella. Compartir emociones con el público es lo más importante. Eso es algo que un maestro realmente puede enseñar.
¿Hay una obra que sienta especialmente cercana cuando la interpreta?
Amo interpretar el Concierto de Paganini, con el que gané el concurso. También amo el Concierto para violín de Beethoven. Beethoven es uno de mis compositores favoritos. Soy alemán y su música es muy especial para mí. Su concierto es puro, noble, casi como un ángel cantando.
Si no fuera violinista, ¿qué otra profesión tendría?
Últimamente me gusta mucho cocinar, así que quizás sería chef, aunque es un trabajo muy estresante. También podría haber sido abogado. Era bueno en la escuela y quizás habría sido un camino lógico, algo que mis padres habrían querido. Pero no me imagino realmente haciendo otra cosa.
Ya que menciona la comida, ¿Cuál es su favorita?
Nací en Alemania, pero mis padres son chinos, así que amo la comida china.
Mi plato favorito es el huí guō ròu, cerdo dos veces cocinado. Es un plato graso, picante, hecho con panceta de cerdo, chile y muchas verduras. Es muy pesado, pero delicioso.
¿Y aquí en Colombia, qué ha probado? ¿Es su primera vez acá?
Sí, es mi primera vez en Sudamérica. Me encanta el clima, la comida y el país. Probé la arepa con huevo, la carne asada y el patacón, me gustó muchísimo. Ojalá pudiera quedarme más tiempo.
¿Qué expectativas tenía antes de tocar en Colombia?
No sabía cómo reaccionaría el público. Sé que el Cartagena Festival de Música es algo grande aquí en Colombia, pero también sé que la música clásica no es tan central aquí como en Europa, así que tenía curiosidad. Tenía miedo de que la gente lo odiara, que en cualquier momento el público dijera “¡Buuu!”, pero el público fue increíblemente cálido. Me sentí muy bien recibido, como si fuera parte de ellos.
¿Cómo se sintió cuando el público se puso de pie incluso antes de que terminara?
Fue la primera vez que me pasó en mi carrera. Sentí pura felicidad. Pude sentir la emoción del público, fue un honor enorme.
Para cerrar, ¿qué mensaje le daría a los niños y jóvenes que sueñan con tocar un instrumento?
Que sigan su pasión y su corazón. Aunque no se dediquen profesionalmente, la música siempre les dejará algo valioso. Sigan lo que aman. Apoyo a todos los que quieren intentarlo.
Carol Tatiana Gómez Suarez – Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO

















