Desde la tierra de la hormiga culona, la oblea, el cabro y la pepitoria, la agrupación Ikara Wayra viajó de Bucaramanga, Santander, a Muddenahalli, un pueblo situado a 7 kilómetros de Chikballapur, en el estado de Karnataka, India. Su nombre, tomado del quechua y de los ícaros chamánicos, significa “canto mágico del viento” y resume la esencia del proyecto: exaltar la herencia andina a través del folclor y los vientos étnicos. Allí fueron los únicos representantes de Colombia, a más de 14.000 kilómetros de distancia, en el Festival Cultural Mundial «Un Mundo, Una Familia» 2025, realizado en Sathya Sai Grama, Karnataka.
“Para llegar a India fueron tres vuelos larguísimos y luego otras horas por carretera. Fue cruzar medio mundo… y también medio país”, relató Irdanti Díaz, director del grupo. El 24 de octubre, la agrupación se presentó ante público hindú y cientos de músicos de todo el mundo con un repertorio de 50 minutos que reunió joropo llanero, cumbia del Caribe, vallenato, currulao del Pacífico, pasillo, bambuco y son sureño.
La agrupación santandereana está conformada por cuatro músicos que, más que compañeros, son una familia alrededor del folclor. Irdanti Díaz, director, compositor y fabricante de instrumentos andinos, lleva más de 27 años dedicado a las músicas indígenas de los Andes y es el corazón investigativo del grupo. A su lado está su hermana, Ana María Romero, percusionista desde los 13 años, formada entre tambores, baterías y ritmos tradicionales que la llevaron a encontrar en la percusión folclórica su territorio natural. Los acompaña Leonardo Anaya, guitarrista clásico que estudió con maestros como Gentil Montaña y que aporta la búsqueda constante de un sonido propio desde las cuerdas. El más joven es Julián Afanador, multiinstrumentista y tiplista, heredero de la tradición andina y representante de festivales nacionales, quien completa el ensamble. Juntos mezclan su experiencia para darle vida al “canto mágico del viento” que los ha llevado hasta la India.
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El mensaje que llegó desde Venezuela
En mayo del 2025, Irdanti recibió un mensaje desde Venezuela con la información de que estaba abierta la convocatoria para el Festival Cultural Mundial. Enviaron un video con su audición sin mayores expectativas y, días después, los contactó Dimitris Lambrianos, director griego-americano de la Sai Symphony. Él les dio la noticia: serían los únicos colombianos representando al país en India.
A partir de ese momento comenzó otra travesía: ¿cómo financiar un viaje de más de un mes al otro lado del mundo? “Gubernamentalmente no tuvimos apoyo de nadie. Autogestionamos todo”, cuenta Ana. Mientras ensayaban para dominar ritmos que no son propios de su región —como el currulao, el vallenato y el llanero— comenzaban también los viajes entre Bucaramanga y Bogotá para ensamblar junto a los vocalistas las piezas del repertorio. Al mismo tiempo, organizaban recitales en colegios y plazas de Floridablanca con el objetivo de recoger fondos para el viaje.
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Con el dinero suficiente, el repertorio listo y el tiple empacado, iniciaron la ruta: Bucaramanga–Bogotá, conexión en Ámsterdam, llegada a Nueva Delhi, luego a Bangalore y, finalmente, el trayecto por carretera hasta Muddenahalli.
Primeras impresiones
“Aquí desayunas y al lado hay gente tocando de México. Caminas un poco y estás tocando con Venezuela, Brasil o Senegal. Es una hermandad preciosa”, contó Fabián entre risas. “Me ha llenado el corazón hacer amigos de una millonésima de lugares distintos”, añadió Julián. La agrupación permaneció más de un mes en el pueblo del curry y los perfumes.
“Estar aquí ha sido un choque espiritual muy fuerte. La energía de este lugar intensifica todo: alegrías, tristezas, aprendizajes”, dice Julián. Desde que llegaron han podido conocer, probar y respirar la cultura hindú. Ana recuerda que, en los primeros días, se entusiasmaron con la gastronomía, llena de aromas desconocidos para ellos, que crecieron entre arepas amarillas y caldo con huevo santandereano. “Nunca había visto una organización que sirviera tanto a la gente: hospitales gratuitos, educación, comida, vestido. La gente solo se dedica a estudiar”.
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“Estar aquí fue un choque espiritual muy fuerte. La energía de este lugar intensifica todo: alegrías, tristezas, aprendizajes”, explicó Julián. Durante su estadía conocieron de cerca la cultura hindú. Ana recordó que en los primeros días se entusiasmaron con la gastronomía, llena de aromas desconocidos para ellos, acostumbrados a la arepa amarilla y al caldo santandereano. “Nunca había visto una organización que sirviera tanto a la gente: hospitales gratuitos, educación, comida, vestido. La gente solo se dedica a estudiar”. La experiencia también contrastó con la imagen que tenían antes del viaje: “En las redes sociales siempre han tildado mucho que aquí la comida no es saludable, que no es higiénica, que la gente se enferma, pero en nuestro caso fue todo lo contrario”, dijo Ana, quien además es vegetariana y aprovechó que gran parte de la alimentación responde a esas mismas creencias.
El concierto en homenaje a Colombia
“Queríamos que el público sintiera un viaje por Colombia. Elegimos canciones que hablaran por sí solas”, explicó Irdanti Díaz sobre la preparación del concierto. Las obras interpretadas el 24 de octubre fueron una travesía musical por las cinco regiones del país. Durante cincuenta minutos, Ikara Wayra llevó al público desde los tambores del Pacífico con Mi Buenaventura, del maestro Petronio, hasta la fuerza llanera de Ay, mi llanura, de Alfonso Briceño. Luego recorrieron el interior del país con pasillo y bambuco, y el corazón de los Andes con La guaneña, una de las piezas más antiguas del repertorio nacional. También interpretaron vallenato y ritmos de la Costa Atlántica, mostrando una diversidad que sorprendió y emocionó a miles de asistentes en el auditorio Preman.
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Cada elección fue pensada como un retrato esencial del país. “En India la gente quedó asombrada con la diversidad de nuestra música. No imaginaban que Colombia fuera tan variada y tan alegre”. De hecho, contaron que el director Dimitris Lambrianos quedó tan impresionado con los sonidos del tiple que le pidió insistentemente a Julián que se lo vendiera antes de regresar, pues no conocía este instrumento originario de los Andes colombianos.
Ikara Wayra en el Sri Sathya Sai Premamrutham Hall, Sathya Sai Grama, Muddenahalli. Foto:Cortesía Irdanti Díaz
El día histórico
Durante el cierre del festival, Ikara Wayra fue parte de un momento histórico: en su presentación en el estadio Sai Krishna Cricket se rompieron dos récords Guinness. El primero correspondió a los 100 días ininterrumpidos del Festival Cultural Mundial 2025, y el segundo se logró en escena cuando más de 66 países interpretaron música de manera simultánea durante más de 15 minutos junto a la Sai Symphony, tras semanas de ensayos.
En ese mismo escenario, la agrupación protagonizó un momento sin precedentes al interpretar Colombia Tierra Querida acompañados por 125 músicos y tres corales —de Senegal, Estados Unidos y el Vaticano— bajo la consigna One World, One Family.
“La música y la cultura son lo que convierte a los pueblos en una sola fuerza. Nos hacen encontrarnos con lo que somos como seres humanos, no importa dónde hayamos nacido”. Al regresar a Colombia, la agrupación coincidió en que la experiencia dejó una reflexión profunda. “Debemos apropiarnos más de nuestra identidad, acá lucen sus trajes con un orgullo impresionante. En Colombia eso casi no se ve”, señaló Ana.
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Ikara Wayra volvió al país con una transformación que va más allá de lo musical. La experiencia en India les dejó un aprendizaje espiritual profundo, una hermandad con artistas de decenas de países y una reflexión renovada sobre la identidad. “Encontré una nueva familia aquí… y eso me llevé también para Colombia”, dijo Julián. Haber vivido entre templos, colores y una energía que —como ellos mismos describen— “intensifica todo”, reafirmó para la agrupación la importancia de proteger y difundir el folclor colombiano. Ahora regresan con el propósito de multiplicar su música en casa. “Quiero regresar a Colombia a hacer más folklore. A llenar las redes de música tradicional”, afirmó Leonardo.
Sobre el Festival Cultural Mundial «Un Mundo, Una Familia»
El Festival Cultural Mundial «Un Mundo, Una Familia» 2025 se realiza en Sathya Sai Grama, Karnataka, con la meta de reunir 100 días, 100 naciones y un solo mensaje de armonía global. El evento, organizado por la misión One World One Family en colaboración con el Ministerio de Cultura, Gobierno de India y el Indira Gandhi National Centre for the Arts (IGNCA), busca trascender fronteras geográficas y culturales a través del arte, la tradición y el servicio comunitario.
Su objetivo central es demostrar que la música y la expresión cultural funcionan como un lenguaje universal capaz de unir a países con valores compartidos de generosidad, comprensión y colaboración.
MARÍA CAMILA MONSALVE MARTÍNEZ – ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO.

















