Hace tres semanas tomé la decisión de reencontrarme con una obra que había leído en mi juventud, cuando estudiaba en la universidad a finales de los años ochenta: Crimen y castigo, de Dostoyevski. Esta vez quise hacerlo de una manera completamente distinta, utilizando diversas herramientas de inteligencia artificial. Esto me permitiría no solo disfrutar nuevamente de la obra, sino también comparar la experiencia de lectura “tradicional”, a la que siempre he estado acostumbrado, con las nuevas posibilidades que hoy nos ofrece la tecnología.
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Comencé mi experiencia utilizando Speechify para abordar el libro, aprovechando sus distintas opciones de voz y velocidad. Al principio extrañé el placer de pasar las páginas del libro físico, pero me propuse experimentar diferentes formas de usar la herramienta: leer y escuchar al mismo tiempo, solo escuchar o leer únicamente en el computador. Después de varias noches de inmersión, descubrí que la combinación de lectura y audio resultaba ser la más enriquecedora. Escuchar una voz previamente seleccionada mientras seguía el texto me permitió alcanzar un nivel de concentración mayor y, algo aún más interesante, apreciar el vocabulario de una manera distinta, seguramente gracias a la activación simultánea de la vista y el oído.
Tras muchas horas de escucha, trabajé con la herramienta Miro para organizar visualmente mis ideas utilizando diversas plantillas. Añadí notas, enlaces entre conceptos y, con el apoyo de la IA, construí un mapa conceptual que surgió de la lluvia de ideas generada en la herramienta. Esto me permitió realizar un análisis pedagógico que nunca antes había intentado y visualizar los conceptos con una claridad completamente nueva.
La imaginación siempre ha sido una gran compañera al leer un libro. Sin embargo, quise llevarla aún más lejos. Utilizando Nano Banana, le pedí a la inteligencia artificial que me mostrara los rostros de algunos personajes —Raskólnikov, Sonia, Aliona, entre otros— y los escenarios de la época en San Petersburgo. El resultado fue sorprendente y me ofreció una interpretación distinta de la obra con una perspectiva propia de la época con un nivel de detalle que nunca habría podido imaginar.
Finalmente, recurrí a ChatGPT para explorar distintos desenlaces de la obra si los protagonistas hubieran tomado decisiones diferentes. El ejercicio arrojó 64 combinaciones posibles, que disfruté durante varias noches mientras las recreaba en mi mente. Eran alternativas, por supuesto no seleccionadas por el autor, pero que me permitieron comprenderlo aún más y profundizar en los dilemas complejos que presenta esta obra escrita entre 1865 y 1866.
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Estoy convencido de que la IA nunca reemplazará el placer de leer un libro físico; sin embargo, en mi caso deseo utilizarla de manera complementaria, pues tiene la capacidad de ofrecer nuevas perspectivas y enriquecer la comprensión. Ahora estoy explorando nuevas herramientas de inteligencia artificial para vivir una experiencia similar con el realismo mágico de nuestro premio Nobel.
Recomiendo a las personas mayores que deseen reencontrarse con esas obras que marcaron hitos importantes en sus vidas y aprovechar las herramientas de IA para maximizar el placer del contacto con los libros y hacer la experiencia aún más significativa.
Alejandro Cheyne – VOZ MAYOR

















